No se necesitan superpoderes para llamar la atención del mundo entero, a veces basta con un comportamiento inesperado y una buena historia. Así lo demostró Opie, un pitbull que conquista las redes sociales, especialmente TikTok, con su sorprendente manera de comportarse como un gato.
En un video que acumula más de 30 millones de visualizaciones y cerca de 7 millones de “me gusta”, el carismático Opie aparece acurrucado como un panecillo, metiéndose en diminutas camas para gatos y desplegando un lenguaje corporal que, según los usuarios, no tiene nada que envidiarle a un Maine Coon, un tipo de gato doméstico gigante.
“¿Quieres ver cómo es un pitbull criado por gatos?”, pregunta un letrero en el clip, compartido bajo el usuario @justopiethings. Lo que sigue es una secuencia de un canino tan adorable como desconcertante que deja a miles preguntándose si es posible que un perro realmente adopte los modales de un gato.
Un perro que aprendió a ser gato

Opie no es cualquier pitbull. Desde cachorro fue criado por una familia de gatos, y eso marcó profundamente su forma de relacionarse con el mundo. En el video viral, publicado el pasado 31 de mayo, se muestra el perro de pelaje marrón con posturas felinas, acurrucándose en espacios diminutos y lanzando miradas que muchos califican como “genuinamente gatunas”.
En más de un video se le ve acostado de forma compacta como lo haría un gato, o intentando acicalarse. El video causó tal sensación que obtuvo más ha generado más de 19 mil comentarios.
“La forma en que sus expresiones faciales muestran cuánto te está juzgando, como un gato, es absolutamente perfecta”, escribió la usuaria Mariahargrove5. Otro comentario popular dice: “Mis animales favoritos son los gatos criados por perros o los perros criados por gatos, y si no estás de acuerdo, estás equivocado”.
El vínculo entre perros y gatos es posible, aunque no siempre sencillo. Según la organización benéfica Dog Trust, hay factores clave que determinan si estas especies pueden convivir en armonía como lo son el carácter de ambos animales, el proceso de presentación y, sobre todo, el ambiente en que crecen. Las interacciones deben ser supervisadas y progresivas, comenzando con el intercambio de olores y manteniendo barreras físicas hasta que ambos se sientan cómodos.
Algunas razas, tanto de perros como de gatos, tienden a ser más sociables y adaptables. Por ejemplo, los golden retrievers, labradores y beagles suelen llevarse bien con gatos, mientras que los Maine Coons, siameses y ragdolls tienden a aceptar a los perros con mayor facilidad. Aunque en este caso, la química entre Opie y sus hermanos felinos fue inmediata, según cuentan sus padres humanos.
En el caso de Opie, su crianza rodeado de gatos le permitió adoptar no solo posturas y rituales, sino también preferencias típicamente felinas, como dormir en espacios reducidos o usar camas diminutas.
¿Pueden los perros comportarse como gatos?

Los perros pueden imitar a los gatos, o a alguna especie con la que estén mucho tiempo juntos, especialmente si conviven desde temprana edad. Y es que por naturaleza, los canes son animales sociales y observadores. Esto significa que pueden aprender comportamientos ajenos si los consideran útiles o si forman parte de la dinámica de su entorno. Este fenómeno no es exclusivo de una raza. Sin embargo, algunas son más propensas a adaptarse a nuevos comportamientos por su carácter amigable.
De acuerdo con un artículo de National Geographic titulado “¿Por qué los perros criados con gatos a veces se comportan como ellos?”, existen razones evolutivas detrás de este comportamiento imitativo. Los perros tienen un periodo de socialización más largo y flexible que el de los gatos, lo que les permite adaptarse mejor a distintos entornos y aprender de quienes los rodean. Además, su estructura social les impulsa a observar y replicar conductas, incluso si estas provienen de una especie distinta.
Uno de los aspectos donde más se nota esta imitación es el lenguaje corporal. Algunos perros que conviven con gatos llegan incluso a intentar “ronronear” como una forma de llamar la atención de sus dueños. También pueden desarrollar preferencias por lugares cerrados y adoptar posturas corporales propias de sus compañeros felinos. A pesar de estos comportamientos, un perro no “cree” que es un gato, aunque a veces lo parezca. Simplemente se adapta a lo que conoce y replica lo que observa.
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