
Con solo 20 centímetros de estatura y poco más de dos kilos de peso, Smoky tuvo una participación activa en la Segunda Guerra Mundial. Esta pequeña Yorkshire Terrier, sin aspecto amenazante ni formación militar, demostró que el heroísmo puede presentarse en las formas más inesperadas.
La historia de Smoky comenzó en 1944, en la selva de Papúa Nueva Guinea, cuando fue encontrada dentro de una trinchera por un soldado estadounidense. Sin hogar, desnutrida y con el pelaje maltratado, este perro fue vendido por unas pocas libras australianas a William “Bill” Wynne, quien era cabo del cuerpo aéreo del ejército de Estados Unidos y fotógrafo de reconocimiento. Desde ese momento, iniciaron una travesía extraordinaria entre el soldado y su inseparable compañera de cuatro patas.
Además de acciones heroicas en el frente de batalla, Smoky se convirtió en un símbolo de esperanza y alegría gracias a los trucos que le enseñó Wynne, por lo que es es considerada el primer perro de terapia documentado en la historia.
El primer perro de terapia

Smoky no formaba parte oficialmente del ejército ya que no recibió entrenamiento militar ni beneficios por su labor. Ella dependía enteramente de los cuidados de Wynne, quien compartía con ella sus raciones de comida y le ofrecía cobijo en su tienda de campaña. A pesar de las duras condiciones, la perrita se adaptó rápidamente a la vida en el frente, acompañando a su dueño en al menos 12 misiones aéreas y sobreviviendo junto a él a más de 150 ataques aéreos, además de un tifón en Okinawa.
Cuando Wynne cayó enfermo de dengue y fue internado en el hospital de campaña 233rd Station, Smoky permaneció a su lado, y su presencia pronto comenzó a llamar la atención del personal médico y de los demás soldados. Su energía, carisma y simpatía aliviaban la tristeza y el dolor de los heridos, quienes esperaban su visita como un “rayo de sol en medio de la oscuridad de la guerra”.
Las enfermeras comenzaron a llevarla cada mañana a recorrer las camas de los internados, donde realizaba trucos que Wynne le había enseñado como caminar en dos patas, fingir estar muerta al oír un disparo simulado, montar un monopatín o equilibrarse sobre una cuerda. Su espectáculo improvisado era una fuente inagotable de sonrisas y distracción. Como reconocería años después el propio Wynne, “ella fue el primer perro de terapia. Todos los programas actuales de este tipo se remontan a ella. Era una animadora nata”.
La misión que salvó 250 vidas

Además de su legado emocional, el momento más heroico de Smoky tuvo lugar en enero de 1945, en la isla filipina de Luzón, durante la campaña de recuperación del aeródromo de Lingayen. Las tropas estadounidenses necesitaban restablecer rápidamente las líneas de comunicación para coordinar sus operaciones, pero eso implicaba tender cables de señalización a través de una pista de aterrizaje en constante peligro de bombardeo japonés.
Cavar una zanja habría demorado varios días y expuesto a los soldados a un riesgo mortal, por lo que la única alternativa era utilizar un estrecho tubo de desagüe de 21 metros de largo y apenas 20 centímetros de diámetro que cruzaba bajo la pista. Fue entonces cuando un oficial propuso una idea inusual pero brillante: enviar a Smoky a través del tubo con un hilo atado a su collar, el cual iría arrastrando los cables detrás de ella.
Wynne preparó a su perrita y se dirigió al extremo opuesto del ducto, desde donde la llamó insistentemente. Durante unos segundos que le parecieron eternos, esperó hasta ver los ojos de Smoky, que salió triunfante y sin daño alguno.
Esta acción no solo permitió restablecer las comunicaciones en tiempo récord, sino que también salvó la vida de aproximadamente 250 soldados que, de otra forma, habrían estado expuestos durante las tareas de excavación. Además, permitió que unos 40 aviones continuaran operando y brindaran apoyo aéreo esencial para las operaciones militares en la región. El acto valiente de Smoky fue ampliamente reconocido por los altos mandos y cimentó su reputación como una verdadera heroína de guerra.
Al final del conflicto, Wynne regresó a Estados Unidos con Smoky en noviembre de 1945. Allí, la perrita se convirtió en una figura pública, participando en programas de televisión y espectáculos, siempre demostrando sus habilidades y cautivando a las audiencias. A pesar de su popularidad, nunca dejó de ser la fiel compañera de su dueño.
Smoky falleció a causa de la vejez el 21 de febrero de 1957, a los 14 años de edad. Fue enterrada en una caja de municiones de la Segunda Guerra Mundial en la reserva Rocky River de Cleveland, Ohio. Décadas después, en reconocimiento a su valentía, carisma y aportes al bienestar emocional de los soldados, se erigieron monumentos en su memoria tanto en Estados Unidos como en Australia. En muchos de ellos, se la representa sentada dentro del casco de su dueño, atenta y alerta, símbolo eterno del vínculo entre un soldado y su leal compañera.
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