
Bao Li y Qing Bao, dos pandas de tres años de edad salieron la noche del lunes de la base de investigación de pandas gigantes, ubicada en Dujiangyan, China, con rumbo al Zoológico Nacional de Washington, en Estados Unidos.
Llegaron a territorio estadounidense la mañana del 15 de octubre luego de viajar a bordo de un Boeing 777 apodado “Panda Express” en el que veterinarios procuran su bienestar y cuentan con pan de maíz, bambú, zanahorias, agua y medicamentos, sin embargo, existe una realidad oscura detrás de los préstamos de pandas.
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Una investigación realizada por el periódico estadounidense The New York Times reveló algunos de los problemas que existen detrás de esta iniciativa. Una de las dificultades principales es que estos animales son muy caprichosos a la hora de reproducirse en cautiverio.
Los problemas de la crianza en cautiverio

Este factor hizo que los especialistas recurrieran a la crianza artificial, lo que, según el periódico, mató a por lo menos un ejemplar, quemó el recto de otro y provocó heridas en algunos más.
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Kati Loeffler, veterinaria que trabajó en un centro de cría de pandas en Chengdu, dijo durante una entrevista con el medio que se dio cuenta de que su labor consistía en “transformar el bienestar y la conservación de los pandas en ganancias financieras”.
Kimberly Terrel, directora de conservación en el Zoológico de Memphis hasta 2017, detalló que todo el tiempo estaban presionados con la premisa de que “los cachorros traerían dinero”.
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La especialista explicó que aquellas personas que “trabajaban día a día” con los pandas, es decir, quienes mejor los entendían, se oponían a procedimientos como inseminar a su panda hembra que envejecía cada año.
Heather Bacon, veterinaria en la Universidad de Central Lancashire (Inglaterra), aseguró que los humanos son quienes eligen “cómo se reproducen” los pandas, incluso cuando ellos no quieren hacerlo. “Y la justificación para eso siempre es, entre comillas, conservación. ¿Es esa una justificación genuina?”, añadió.
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“Porque todo lo que estamos haciendo es producir más pandas para vivir en cautiverio y tener esas mismas experiencias una y otra vez”, declaró Bacon.
La investigación del New York Times reveló cómo es que los científicos plantearon el programa de cría de pandas de hoy en día.
A finales de la década de 1990, expertos de diversas instituciones zoológicas viajaron a la provincia de Sichuan para estudiar la crianza de pandas. Gracias a fotografías a las que el periódico estadounidense tuvo acceso, descubrieron que se le disparaban dardos tranquilizantes a los pandas y después se los colocaba en camillas.
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La técnica de la “electroeyaculación”

Una vez dentro de habitaciones se recolectaba el semen con ayuda de sondas electrificadas introducidas dentro de sus rectos, una técnica bautizada como “electroeyaculación”.
A algunos de los osos se les administraba ketamina pura, un sedante que normalmente se combina con otro químico y que puede dejar graves secuelas o permitir que estén “ligeros”, es decir, despiertos durante el procedimiento.
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JoGayle Howard, una científica del Zoológico Nacional, registró en un diario en 1999 sobre cómo un panda “casi se salió de la mesa en un momento”, que “usaron voltajes peligrosamente altos y demasiadas estimulaciones en el macho Ping Ping”, quien tuvo “heces sanguinolentas y sueltas, además de no tener apetito durante meses”.
Thomas Hildebrandt, experto en cría artificial de animales en el Instituto Leibniz de Investigación en Zoológicos y Vida Silvestre en Berlín, declaró que “se puede hacer mucho daño” a los animales cuando son sometidos al procedimiento de electroeyaculación.
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La investigación del New York Times descubrió que las técnicas más peligrosas tuvieron lugar en las etapas más tempranas del programa, sin embargo, aseguran que algunas prácticas agresivas continuaron en diferentes instituciones a lo largo de los años.
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