
En el muelle de San José El Hueyate, una pequeña comunidad pesquera del sur de México, Óscar Hernández recorre cada rincón con la esperanza de encontrar alguna pista sobre su hermano desaparecido. Viajó desde Honduras impulsado por la angustia y la incertidumbre que comparte con decenas de familias más, todas unidas por una misma situación: la desaparición de sus seres queridos en la peligrosa ruta migratoria marítima que conecta Centroamérica con México y Estados Unidos, según reportó la agencia AP.
El hermano de Óscar, Ricardo Antonio Hernández Barahona, de treinta y tres años, había decidido dejar Honduras tras siete años como repartidor en una empresa de alimentos. El cierre de la compañía, provocado por la extorsión del crimen organizado, lo dejó sin empleo y sin alternativas para mantener a su esposa y sus dos hijos. Como tantos otros migrantes centroamericanos, Ricardo apostó por la travesía hacia el norte con la esperanza de hallar una vida mejor. Esa decisión marcó su última comunicación con su familia.
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A fines de 2024, Ricardo y otros treinta y nueve migrantes —provenientes de Honduras, Guatemala, Cuba y Ecuador— desaparecieron después de abordar una lancha en San José El Hueyate. “Como familiares vivimos un tormento, una angustia y deseamos encontrarles”, relata Óscar Hernández. Junto a otros padres, madres y hermanos, ha recorrido muelles, albergues y hospitales en la frontera sur de México, preguntando a pescadores, comerciantes y autoridades, sin obtener respuestas, indica AP.

La ruta marítima de los migrantes centroamericanos
La ruta marítima utilizada por los migrantes es considerada una de las más peligrosas del continente. Según la Organización Internacional para las Migraciones, agencia de la ONU, los traficantes embarcan a los migrantes en lanchas con doble motor desde Puerto de Ocós en Guatemala, realizan paradas de abastecimiento en puertos chiapanecos como Puerto Madero y Barra de Zacapulco, y continúan hacia Salina Cruz o Huatulco, en Oaxaca. Desde allí, el trayecto sigue por tierra rumbo al norte.
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Las desapariciones no solo afectan a familias hondureñas. Desde Guatemala, también llegan testimonios de familias que han visto partir a sus hijos y hermanos por la misma ruta, empujados por la violencia, la falta de empleo y las presiones del crimen organizado. Muchos migrantes atraviesan primero Honduras y Guatemala antes de cruzar a México, donde se exponen a nuevos peligros, extorsiones y al acecho de redes de tráfico de personas, según testimonios recogidos por AP.
La historia se repite para migrantes de Nicaragua. Jóvenes y adultos arriesgan todo en un viaje que implica largas caminatas, cruces clandestinos y finalmente la travesía marítima, donde el control lo ejercen grupos criminales. La Organización Internacional para las Migraciones, agencia de la ONU, reporta que, desde 2014, se ha registrado la desaparición o muerte de 11,475 migrantes en la ruta hacia Estados Unidos; la mayoría de los casos se concentra en territorio mexicano.
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Consecuencias colectivas y búsqueda organizada
En diciembre de 2024, la cubana Elianis Caridad Morejón Pérez llamó a su madre por última vez antes de abordar una lancha en Chiapas. Su desaparición, junto con la de otros migrantes, motivó a familias de Cuba, Ecuador, Honduras y Guatemala a organizarse con el apoyo de la Red Regional de Familias Migrantes, una alianza civil dedicada a la búsqueda, para buscar pistas en los puertos y comunidades del sur de México.
El endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses a partir de 2025 —que supuso un incremento en las detenciones y deportaciones inmediatas en frontera, así como mayores controles marítimos y terrestres— redujo visiblemente el flujo de migrantes por esta ruta, según datos de autoridades mexicanas citadas por la agencia de noticias AP. No obstante, la persistente necesidad de huir de la pobreza y la violencia mantiene la búsqueda activa de los familiares centroamericanos, que no dejan de buscar a sus desaparecidos.
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Entre julio y noviembre de 2025, la Secretaría de Marina rescató a veintidós migrantes en la costa chiapaneca, aunque la cifra de desaparecidos sigue en aumento. La vigilancia en alta mar se ha reforzado con operaciones conjuntas entre México y Guatemala, pero los traficantes continúan explotando la necesidad de quienes buscan llegar a Estados Unidos.
Óscar Hernández y otros familiares siguen su búsqueda, impulsados por el dolor y la esperanza. “No queremos venganza, solo saber qué pasó.” Las historias de los migrantes desaparecidos exponen la realidad cotidiana de miles de centroamericanos que arriesgan todo en la ruta hacia el norte.
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