
La amenaza que representa el fenómeno climático El Niño para Honduras ha despertado alarma entre el sector académico y las autoridades sanitarias del país, pues la proyección de expertos indica que el número de personas hondureñas en condición de inseguridad alimentaria podría escalar de 1.8 a 2.2 millones en el transcurso de este año.
El impacto de las “sequías prolongadas” en la producción agrícola se consolida como un factor clave en la agravación de la crisis alimentaria nacional, según advirtió este viernes María Luisa García, directora del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
El monitoreo más reciente, elaborado por el mencionado observatorio en coordinación con la Unidad Técnica de Seguridad Alimentaria de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, genera un dato especialmente preocupante: el incremento de 100 mil personas afectadas por inseguridad alimentaria, solo respecto al último año.
La evaluación técnica identifica un estado de emergencia alimentaria en diez de los dieciocho departamentos del país, poniendo el foco sobre regiones estructuralmente vulnerables.

El departamento de Gracias a Dios destaca con el porcentaje de población más alto en condición de “extrema vulnerabilidad alimentaria”: 48 %, producto de su aislamiento geográfico y la falta de alternativas económicas.
Junto a esta zona, el llamado Corredor Seco, que aglutina los departamentos de La Paz, Intibucá y Lempira, enfrenta una situación igualmente grave por su exposición histórica a sequías recurrentes y pobreza sostenida.
La experta de la UNAH puntualizó: “Tenemos un mapeo de diez de los dieciocho departamentos que ya están viviendo en crisis alimentaria. El más vulnerable es Gracias a Dios, seguido por el Corredor Seco”.
Lo anterior ha profundizado la vulnerabilidad de los pequeños productores agrícolas, quienes sufren tanto la falta de ingresos como la pérdida de cosechas. Las principales carencias detectadas son la ausencia de sistemas de riego eficientes, la escasa difusión de semillas tolerantes a la sequía y la limitada penetración de nuevas tecnologías en el sector rural, detalló el Observatorio.
La característica principal del evento El Niño, el calentamiento anómalo del Océano Pacífico, ha reducido la humedad del suelo y restringido notablemente las precipitaciones en amplias regiones de Centroamérica. En Honduras este fenómeno ya ha provocado un descenso sustancial en la producción de maíz y frijol, alimentos nodales de la dieta nacional.

García señaló: “La situación es preocupante porque no existen suficientes iniciativas que permitan a los productores adaptarse a estas condiciones. Las sequías van a impactar directamente la disponibilidad de alimentos y los ingresos de las familias rurales”.
Si bien la caída en la producción agrícola es un factor innegable, la directora del Observatorio enfatizó que la carencia de suficientes alimentos en el país es secundaria frente a un problema central: la imposibilidad de acceso por falta de ingresos familiares.
“En Honduras no es la disponibilidad de alimentos lo que provoca la crisis, sino la falta de ingresos que tienen las familias para poder comprarlos”, explicó García.
El deterioro económico de las zonas rurales, junto al aumento del desempleo, los bajos salarios y la elevada informalidad, obstaculiza la adquisición de alimentos incluso en momentos de relativa abundancia en los mercados. En situaciones de crisis climática, esta ecuación empeora drásticamente ante la disminución de ingresos rurales y el encarecimiento de la canasta básica, según el análisis del Observatorio.
Si no se implementan medidas urgentes, el Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional proyecta que 2.2 millones de hondureños podrían encontrarse en estado de inseguridad alimentaria durante los próximos meses. Este dato anticipa un proceso de deterioro con repercusiones sanitarias y sociales de gran magnitud.
La inseguridad alimentaria, precisa que implica no solo la insuficiencia de alimentos, sino también la imposibilidad de mantener una dieta saludable. Este fenómeno conlleva incremento en la desnutrición, abandono escolar y migración forzada, especialmente en las zonas rurales.
García demandó una respuesta multidimensional: “Urge que se tomen medidas, ya sea con sistemas de riego para los productores, con semillas resilientes a la sequía, pero sobre todo con la creación de fuentes de empleo”.
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