
Durante décadas, el asesinato de Alys Eberhardt permaneció sin una respuesta. La joven, de 18 años, estudiaba enfermería en Nueva Jersey y se dirigía al funeral de una familiar cuando fue seguida hasta su vivienda.
Más de seis décadas después, Richard Cottingham, condenado por cinco homicidios y señalado en numerosos casos sin resolver, admitió haber sido responsable de su muerte. La confesión constituye la más reciente dentro de una serie de declaraciones realizadas por el hombre conocido como el “asesino del torso”.
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Según informó A&E, esta admisión elevó a 20 el número de homicidios que Cottingham confesó de manera específica. El caso de Eberhardt también permitió esclarecer uno de los crímenes que permanecían abiertos desde la década de 1960.
El asesinato de Alys Eberhardt
Eberhardt había comenzado a asistir a la Escuela de Enfermería del Hospital Hackensack y había sido elegida delegada de su curso. El 24 de septiembre de 1965 salió del campus para asistir al funeral de su tía y condujo hasta su casa, ubicada en Fair Lawn, Nueva Jersey.
Cottingham la observó en el estacionamiento de la institución y la siguió. Al llegar a la vivienda, se presentó como policía y mostró una placa falsa.
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Según la investigación citada por el medio estadounidense, aseguró que necesitaba hablar con los padres de la joven. Como ellos no estaban allí, pidió un papel para anotar un número telefónico.
Cuando Eberhardt se retiró para buscarlo, el asesino ingresó en la vivienda y cerró la puerta con llave. De acuerdo con el relato que posteriormente entregó a las autoridades, la joven se resistió a sus intenciones.
El sargento de Fair Lawn Eric Eleshewich explicó que Cottingham le contó que Eberhardt “frustró sus planes porque se mostró muy agresiva y se resistió, algo que él no esperaba”.
El agresor la golpeó en la cabeza y después la atacó con un cuchillo. La intención, de acuerdo con su confesión, era realizar 52 cortes sobre el cuerpo para desorientar a los investigadores, aunque terminó provocando 62.
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Ross Eberhardt, padre de la víctima, llegó más tarde y encontró el cuerpo de su hija en el suelo de la sala. Un gran cuchillo de cocina estaba clavado en su garganta. El criminal todavía permanecía dentro de la propiedad y escapó por la puerta trasera.
Una vida familiar detrás de los crímenes
La muerte de Eberhardt figura como el primer asesinato documentado atribuido a Cottingham. Con el paso de los años, el hombre llevó una existencia que ocultaba sus actividades criminales. En mayo de 1970 se casó con Janet y tuvo tres hijos. Durante el día trabajaba como operador de computadoras; fuera de ese ámbito buscaba víctimas.
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A finales de la década de 1970, más de una docena de mujeres y niñas habían muerto en circunstancias relacionadas con sus ataques. Las edades de las víctimas iban desde los 13 hasta los 33 años, mientras que los métodos utilizados variaban entre apuñalamientos, ahogamientos, estrangulamientos y mutilaciones.

Esa diversidad dificultó que las autoridades conectaran los expedientes. Cottingham fue detenido finalmente el 22 de mayo de 1980, después de registrarse en un motel de Hasbrouck Heights junto a Leslie O’Dell, una trabajadora sexual a quien sometió a abusos y torturas. Los gritos de la mujer alertaron al personal del establecimiento, que llamó a la policía.
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Tras su arresto, Cottingham fue vinculado con otros homicidios y recibió condenas por cinco asesinatos, además de varias cadenas perpetuas.
El detective que buscó respuestas
En el año 2000, el detective de la fiscalía del condado de Bergen Robert Anzilotti comenzó a trabajar sobre distintos casos sin resolver. Entre ellos estaba el asesinato de Nancy Vogel, una madre de dos hijos que fue atacada sexualmente y estrangulada en 1967.
Tres años después, Anzilotti comenzó a reunirse con Cottingham. El investigador utilizó conversaciones informales y encuentros prolongados para conseguir información. Tras aproximadamente seis años de insistencia, el condenado confesó el asesinato de Vogel. Para 2021, también había detallado otros cinco homicidios.
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La psicóloga forense Katherine Ramsland describió a Cottingham como un manipulador y sostuvo ante A&E que incluso desde prisión buscaba conservar una cuota de control sobre las personas que investigaban sus crímenes.
Cottingham también explicó durante el documental de A&E Las confesiones del asesino del torso cómo describía su comportamiento durante los ataques.
Según la producción, afirmó: “Cuando hacía estas cosas, era casi como si lo hiciera otra persona” y señaló que entraba en lo que denominaba “la zona”.
Más de 20 confesiones
El escritor Peter Vronsky, autor de American Serial Killers: The Epidemic Years, 1950-2000, también mantuvo contacto con Cottingham y colaboró con investigadores. Según declaró a A&E, participó junto con la policía y la fiscalía en las últimas 11 confesiones realizadas entre 2021 y 2025.
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La confesión sobre Eberhardt llegó más de 60 años después del crimen. Michael Smith, sobrino de la víctima, señaló que la familia esperaba conocer la verdad desde 1965 y que recibir la noticia permitió comunicarle finalmente la respuesta a la hermana de Alys.
Cottingham, mientras cumple sus condenas, continúa aportando información sobre expedientes antiguos. Vronsky indicó al medio estadounidense que su relación con el condenado y las investigaciones de casos sin resolver “aún no han concluido”.
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