
Un año después de que una banda desvalijara la Galería Apolo del Museo del Louvre, las joyas de la Corona francesa, valuadas en 88 millones de euros (unos 100 millones de dólares), continúan sin aparecer. El domingo 19 de octubre de 2025 una banda ingresó a la galería mediante un montacargas de mobiliario, cortó una ventana con una amoladora y robó ocho joyas de la Corona francesa en apenas siete minutos. El hecho derivó en la renuncia de la entonces directora del museo y en una investigación judicial que, un año después, sigue sin resolverse del todo.

El entonces ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, calificó a la banda de “claramente profesional”, según consignó la BBC. Los ladrones estacionaron un camión con una escalera extensible sobre la calle, subieron hasta el primer piso y forzaron el acceso con una herramienta de corte, frente a la galería donde se exhiben las joyas reales que sobrevivieron a la Revolución de 1789.
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Según un comunicado del Ministerio de Cultura francés, las alarmas sonaron correctamente y cinco empleados que se encontraban en la zona siguieron el protocolo: avisaron a las fuerzas de seguridad y protegieron a los visitantes. Los ladrones intentaron además prender fuego a su vehículo al salir, pero un trabajador del museo lo impidió.
Entre las piezas robadas hay un collar de diamantes y esmeraldas que Napoleón había obsequiado a la emperatriz María Luisa, además de alhajas vinculadas a la reina Hortensia de Holanda y a la reina María Amelia, esposa de Luis Felipe, último rey de Francia. También se llevaron la tiara de perlas y diamantes de la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, cuya corona terminó abandonada y dañada cerca del museo durante la huida.
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Antes de este episodio, el Ministerio de Cultura francés ya venía aplicando de manera gradual un plan de seguridad en todos los museos del país, impulsado tras una seguidilla de robos en instituciones culturales galas. El golpe al Louvre terminó por confirmar, de la peor manera, las alertas que habían recibido las autoridades.
Los sospechosos detenidos fueron identificados como Abdoulaye N. y Ghelamallah A., según el diario británico The Guardian. Ambos declararon ante los jueces de instrucción que recibieron la orden de entrar a la galería por encargo de un cliente cuya identidad no revelaron, por temor a represalias contra sus familias.
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Las transcripciones de esos interrogatorios, citadas por el diario francés Le Monde, muestran que los dos hombres fueron reclutados apenas dos o tres días antes del golpe. Un video grabado dentro de la Galería Apolo del Museo del Louvre, con las vitrinas de las joyas napoleónicas, les sirvió de guía para preparar la operación.
Abdoulaye N. relató ante los jueces que “romper las ventanas y tomar las joyas del interior de las vitrinas” fue la consigna que recibió. Agregó: “Cuando entramos, no había nadie, estaba oscuro, solo las luces de las vitrinas estaban encendidas”. A la distancia notó a un guardia de seguridad, lo que los obligó a apurar la maniobra.
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El propio acusado describió ante Le Monde la presión del reloj durante el asalto: “Teníamos que llevarnos todas las joyas que pudiéramos. Si tardábamos más de tres minutos, sabíamos que había que irse, si no nos iban a denunciar. Para mí, lo que hicimos ya llevaba demasiado tiempo”. Ghelamallah A., en cambio, aseguró que desconocía por completo el verdadero objetivo de la maniobra.
Abdoulaye N., en contraste, admitió ante los investigadores que “sabía que iba a robar el Louvre”, mientras que su cómplice insistió en que el encargo le había sido presentado como “una joyería donde fabrican joyas en París” y no como el museo más visitado del mundo. “Jamás habría puesto un pie ahí si lo hubiera sabido”, declaró.
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En la huida, Abdoulaye N. dejó caer la corona de la emperatriz Eugenia. “Sí, fui yo, se me cayó de la bolsa. Lo que hicimos no estuvo bien, es muy grave”, confesó ante los jueces cuando le mostraron una fotografía de la pieza dañada.
Abdoulaye N., un exinfluencer de redes sociales con problemas financieros, dijo haber aceptado participar a cambio de una cifra de entre 15.000 y 20.000 euros, con la posibilidad de cobrar más según el valor del botín. Ghelamallah A., por su parte, había pactado una cifra de entre 20.000 y 25.000 euros.

Los dos acusados entregaron el botín al presunto organizador, quien se mostró disconforme con el resultado. “Pensaba que podríamos habernos llevado más”, relató Abdoulaye N. a los investigadores. Ghelamallah A., por su parte, advirtió sobre quienes estaban detrás del encargo: “No son unos angelitos”.
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Ninguno de los dos quiso aportar pistas sobre posibles cómplices. Abdoulaye N. contó que, mientras estaba detenido, recibió llamados desde el exterior en los que le pidieron guardar silencio. El diario francés no pudo confirmar, según sus propias fuentes, que los ladrones hubieran actuado efectivamente por encargo de un tercero.
Ocho meses después del robo, la causa sumó una derivación internacional. El análisis de los teléfonos de varios sospechosos de origen de Europa del Este, distintos de los dos hombres detenidos en Francia y señalados por su especialización en el robo de mercancías, reveló comunicaciones y conexiones con Bélgica, según informó el diario Le Parisien.
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Las fotografías halladas en los celulares, varias de ellas tomadas dentro de la Galería Apolo del Museo del Louvre, los desplazamientos registrados y ciertos contactos identificados llevaron a los investigadores franceses a viajar hasta ese país. El hallazgo reforzó la hipótesis de un comando que habría actuado por encargo de patrocinadores internacionales adinerados o de una red criminal especializada en el tráfico de bienes de lujo.
Las autoridades francesas, en paralelo, continuaron sus investigaciones en territorio nacional con el objetivo de identificar al conjunto de los integrantes de la red y reconstruir la organización global de la operación. Para entonces, ninguna de las ocho piezas había sido recuperada.
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Las autoridades francesas detuvieron a cuatro sospechosos y extendieron intercambios con las policías de Bélgica e Italia, aunque la identidad del autor intelectual del golpe permanece sin ser esclarecida.
Según las últimas versiones periodísticas se esperaba una nueva declaración de los sospechosos franceses, algunos de los cuales estarían dispuestos a revelar el paradero de las joyas a cambio de una reducción de condena.
La entonces presidenta del Louvre, Laurence des Cars, renunció tras conocerse los “fallos sistémicos” de seguridad que expuso el robo, según informó el diario The Guardian.
Christophe Leribault, nombrado al frente del museo en febrero de 2026, impulsó un plan de seguridad de 83 millones de euros cuya puesta en marcha fue criticada por sus demoras iniciales. El funcionario señaló que el despliegue “avanza a grandes pasos”, con cámaras nuevas en los puntos más críticos y accesos reforzados.
El funcionario insistió, no obstante, en la complejidad de ejecutar las obras “manteniendo al mismo tiempo el museo abierto a sus millones de visitantes anuales”. Al robo le siguieron otros problemas: huelgas sucesivas del personal y una seguidilla de averías, entre ellas escapes de agua y fallas en la venta de entradas, que sumieron a la institución en una crisis sin precedentes.
El Louvre recibe cerca de nueve millones de visitantes al año, en su mayoría extranjeros, y permanece abierto mientras avanzan los trabajos de seguridad en el edificio histórico y en su infraestructura.
El de octubre de 2025 fue el robo más espectacular del Louvre desde la desaparición de la Mona Lisa en 1911. En aquel episodio, un hombre se escondió toda la noche en un placard del museo y, a la mañana siguiente, retiró el cuadro de su marco, lo envolvió en su propia ropa y salió caminando por la puerta principal.
Se trataba de un nacionalista italiano que buscaba devolver la obra a su país de origen. La pintura de Leonardo da Vinci fue hallada en Italia en 1914 y regresó al museo parisino.
Otro episodio sin resolver es el de 1998, cuando el paisaje Le Chemin de Sèvres, del pintor Camille Corot, fue retirado de una pared sin que nadie lo advirtiera. La obra nunca volvió a aparecer según la BBC, que remarcó que en sus 230 años de historia el museo registró relativamente pocos robos gracias a sus estrictas medidas de seguridad.
El episodio de 2025 también se enmarcó en una serie de golpes contra museos franceses. En septiembre de ese año, ladrones se llevaron oro en estado mineral del Museo de Historia Natural de París, valuado en 600.000 euros y porcelana por 6 millones de euros de un museo de Limoges. “Somos muy conscientes de que los museos franceses son vulnerables”, admitió el ministro Nuñez antes del golpe que terminaría por confirmar su advertencia.
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