
La noche del 30 de diciembre de 2000, una familia de cuatro integrantes fue asesinada en su vivienda ubicada en Kamisoshigaya, en el distrito de Setagaya, una zona residencial de Tokio que por entonces atravesaba un proceso de transformación urbana debido a la ampliación de un parque metropolitano.
Las víctimas fueron Mikio Miyazawa, de 44 años; su esposa, Yasuko, de 41; y sus hijos Niina, de 8 años, y Rei, de 6. Sus cuerpos fueron descubiertos durante la mañana del 31 de diciembre por una familiar que, al no obtener respuesta al intentar comunicarse con ellos, ingresó a la vivienda con una copia de la llave y dio aviso a la policía.
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Desde entonces, el denominado caso Setagaya se convirtió en una de las investigaciones criminales más extensas y complejas de la historia de Japón. A pesar de que el atacante dejó una cantidad inusual de evidencias físicas, nunca fue posible establecer su identidad.
Un crimen reconstruido casi paso a paso
De acuerdo con la Policía Metropolitana de Tokio, la reconstrucción de los hechos permitió establecer buena parte de lo ocurrido aquella madrugada. Los investigadores consideran que el agresor ingresó a la vivienda por una pequeña ventana del baño del primer piso.
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Mikio Miyazawa habría sido la primera víctima al encontrarse con el intruso. Durante el forcejeo, el cuchillo tipo yanagiba, utilizado habitualmente para cortar pescado para sashimi, llegó incluso a romperse.
Posteriormente fueron asesinados Yasuko y su hija Niina en la planta superior de la vivienda, mientras que el pequeño Rei murió por estrangulamiento en su habitación. Uno de los aspectos que más sorprendió a los investigadores fue que el homicida no abandonó inmediatamente la escena del crimen.
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Según la investigación oficial, permaneció durante varias horas dentro de la casa. Durante ese tiempo utilizó el baño, consumió alimentos y bebidas de la cocina, entre ellos helado y té de cebada, empleó el botiquín familiar para atender una lesión sufrida durante el ataque e incluso encendió la computadora de Mikio Miyazawa para acceder a una página web relacionada con un teatro local.

Antes de marcharse dejó numerosas pertenencias personales, entre ellas ropa, una riñonera, un gorro, una bufanda de cuadros, guantes y unas zapatillas deportivas talle 43 fabricadas en el mercado surcoreano, además de múltiples rastros biológicos.
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La enorme cantidad de evidencia que dejó el atacante
La cantidad de pruebas recuperadas llevó inicialmente a los investigadores a pensar que el caso podría resolverse en poco tiempo. Según la autoridades japonesas, el agresor dejó ADN, huellas dactilares, sangre, prendas de vestir, huellas de calzado y diversos objetos personales, además de muestras biológicas que permitieron realizar detallados análisis forenses.
La policía informó que únicamente 10 unidades de ese modelo de camiseta de manga larga fueron comercializadas en Tokio, por lo que las autoridades continúan solicitando información sobre las personas que pudieron haberlas adquirido.
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Los análisis genéticos permitieron establecer determinadas características del sospechoso. De acuerdo con la policía, el perfil de ADN presentaba marcadores compatibles con poblaciones del este asiático por línea paterna y ascendencia mediterránea por vía materna. Sin embargo, los investigadores señalaron que esos resultados no permiten determinar una nacionalidad específica.
A pesar de revisar millones de huellas dactilares y comparar perfiles genéticos dentro y fuera de Japón, ninguna coincidencia permitió identificar al responsable.
Las teorías que surgieron durante la investigación
La ausencia de un sospechoso identificado dio lugar, con el paso del tiempo, a múltiples hipótesis, aunque ninguna fue confirmada por los agentes encargados de la investigación.
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Entre ellas, se analizó la posible vinculación con jóvenes que frecuentaban el parque y la pista de skate detrás de la vivienda, una línea que cobró fuerza tras hallarse restos de material abrasivo asociado al lijado de tablas en una de las pertenencias del agresor, sin que se lograran pruebas concluyentes.

Otra hipótesis apuntó al contexto urbano del barrio, donde varias viviendas estaban siendo adquiridas para la ampliación de un parque metropolitano. La familia Miyazawa se encontraba entre los últimos residentes de la zona, lo que llevó a algunas especulaciones sobre un posible móvil económico vinculado a las expropiaciones, aunque esa línea nunca fue respaldada por la investigación oficial.
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En 2015, el periodista Fumiya Ichihashi publicó un libro en el que planteó la hipótesis de un exmilitar surcoreano como responsable, pero esas afirmaciones no fueron confirmadas por las autoridades y permanecen en el terreno especulativo.
Un misterio que permanece abierto más de dos décadas después
Más de 25 años después de los asesinatos, el caso continúa oficialmente sin resolver. La Policía Metropolitana de Tokio mantiene abierta la investigación y continúa difundiendo información sobre las prendas y objetos abandonados por el agresor con la esperanza de que nuevos testimonios permitan reconstruir sus movimientos antes y después del crimen.
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Asimismo, las autoridades mantienen vigente una recompensa de hasta USD 124.000 para quienes aporten información que conduzca a la identificación del responsable.

El monto está integrado por USD 18.600 correspondientes al Sistema Especial de Recompensas de la Policía y USD 105.400 ofrecidos por una asociación creada para colaborar con la investigación.
Pese a los avances de la genética forense y a una de las escenas del crimen con mayor cantidad de evidencia biológica documentadas en Japón, el hombre que pasó horas dentro de la vivienda después de asesinar a toda una familia sigue siendo, más de dos décadas después, uno de los criminales más buscados del país.
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