
El padre de Kristina Joksimovic entró a la casa en la noche del 13 de febrero de 2024. Sus nietas dormían en la habitación contigua. Él abrió la puerta del lavadero y encontró la cabeza de su hija dentro de una bolsa de plástico. Salió a la calle dando gritos. Le pidió a un transeúnte que llamara a la policía.
Kristina Joksimovic nació el 16 de abril de 1985 en Binningen, el mismo municipio residencial en las afueras de Basilea donde moriría 38 años después. Hija de padres de origen serbio, creció en uno de los barrios más tranquilos de la ciudad, donde las calles están flanqueadas de mansiones y casas modernas con vistas al valle del Rin.
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Su carrera comenzó en los certámenes de belleza. En 2003 ganó el título de Miss Noroeste de Suiza y en 2008 llegó a la final del concurso Miss Suiza. Ese mismo año, con la misma energía con la que había recorrido pasarelas, fundó Catwalk Coach, una agencia de consultoría y entrenamiento dirigida a mujeres que buscaban proyectarse con mayor confianza, ya fuera en el mundo del modelaje o en el entorno corporativo. Su perfil de Instagram la describía como “experta en tacos altos, motivadora, emprendedora y mamá”.
El alcance de su trabajo fue concreto y documentado. Kristina entrenó a Dominique Rinderknecht, quien ganó la corona de Miss Suiza en 2013 y representó al país en el concurso Miss Universo. Fue también reclutadora en el sector tecnológico. Trabajó en Google y luego en la firma de tecnología ERNI entre 2013 y 2017, año en que se casó con Marc Rieben.
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Quienes conocían a Kristina, la describían como amorosa y protectora con sus hijas. En sus redes sociales aparecía sonriente, activa y presente. Nada de eso era incompatible con lo que ocurría puertas adentro con su marido.
La violencia que nadie vio: el matrimonio con Marc Rieben
Kristina y Marc Rieben se casaron el 25 de agosto de 2017 y se instalaron en una casa de amplias dimensiones en Binningen, con vistas al valle. Desde fuera, eran la familia que muchos querían ser. “Para mí, eran la pareja ideal”, declaró un amigo de la familia a medios suizos.
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Los registros policiales, revelaron que las autoridades habían intervenido previamente en el domicilio por denuncias de violencia doméstica. Esos episodios nunca trascendieron públicamente. Kristina, según fuentes cercanas a la familia, postergó durante meses la decisión de divorciarse por una razón concreta. Rieben la amenazaba con quitarle a sus hijas. Temía perder la custodia. Un mes antes del crimen, la mujer formalizó la solicitud de divorcio.
El 13 de febrero de 2024, la pareja almorzó junta y discutió los términos de la separación. Rieben exigía la custodia exclusiva de las niñas y se negaba a pagar ninguna manutención. La discusión escaló. Rieben tomó a Kristina del cuello, la empujó contra una pared y la estranguló con un dispositivo “en forma de cinta”, mientras la golpeaba con puños y patadas. La fiscalía describió su muerte como una agonía.
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Esa tarde, la guardería avisó a los padres de Kristina que nadie había ido a buscar a las niñas. Cuando llegaron a la casa, Rieben les dijo que no sabía dónde estaba su esposa y que “a veces se iba de repente”. Durante horas, preparó la cena, acostó a sus hijas y conversó con sus suegros. Fue el padre de Kristina quien, antes de marcharse, volvió al lavadero y descubrió el horror.

El informe de autopsia determinó que Kristina murió por estrangulamiento. El cuerpo presentaba además signos de trauma contundente previo. Lo que ocurrió después en ese lavadero quedó reconstruido por la fiscalía a partir de las herramientas encontradas y los restos hallados. Los investigadores hallaron una sierra de calar, tijeras de podar, un cuchillo y unos diez litros de desinfectante.
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Rieben usó también la batidora de la familia para triturar partes del cuerpo. El tribunal conoció un detalle adicional. Durante el proceso de desmembramiento, Rieben extirpó el útero de su esposa. Ese acto derivó en un cargo separado por profanación de cadáver.
Los investigadores establecieron que Rieben no actuó por impulso ciego. Antes del crimen, había buscado en internet métodos para deshacerse de un cadáver y había visto videos sobre anatomía humana. La fiscalía sostuvo ante el tribunal que el acusado “actuó de manera sistemática y con un plan” y que “su comportamiento demostró la plena magnitud de su odio hacia su esposa”. Un experto que declaró durante el juicio diagnosticó en Rieben rasgos narcisistas y trastorno obsesivo-compulsivo.
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Rieben fue arrestado al día siguiente del hallazgo. Su apelación para obtener la libertad fue rechazada por el Tribunal Federal de Suiza. Reconoció haber matado a Kristina, pero alegó defensa propia. Dijo que ella lo había atacado con un cuchillo y que él actuó “en pánico”. Los informes forenses no encontraron ningún indicio de un ataque previo de Kristina hacia su marido.
El juicio en Muttenz: diez días de testimonios a puerta cerrada
El proceso se celebró ante el Tribunal Penal de Basilea-Campiña, en Muttenz, entre el 4 y el 13 de mayo de 2026. Las condiciones fueron excepcionales. Los detalles del caso se consideraron tan graves que el público quedó excluido de la sala. Los periodistas siguieron las audiencias desde una sala contigua mediante videoconexión. Solo los jueces, fiscales, abogados defensores, el acusado y los familiares de la víctima estuvieron presentes en el recinto.
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El primer día, Rieben compareció con traje oscuro y camisa blanca. Abrió su declaración con un discurso en el que admitió que Kristina murió “a mis manos”, aunque describió los hechos como “un accidente” y alegó defensa propia.
“Amé a mi esposa con todo el corazón y creí en un futuro juntos. Me persigue día y noche. Lo que hice es absolutamente imperdonable y asumo toda la responsabilidad. Me arrepiento profundamente y pido disculpas”, declaró ante el tribunal, según The Mirror.
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Rieben también reconoció ante el tribunal que, antes del crimen, las discusiones “eran el foco principal” de la relación, aunque pidió que no se olvidara que entre ellos “había pasión”. Dijo que admiraba el “éxito empresarial y las ambiciones” de Kristina.
Durante el juicio reveló además que había transferido dinero a sus dos hijas y a los padres de Kristina, por un total superior a las 94.000 libras esterlinas (aproximadamente USD 120.000).

La estrategia de la defensa y los argumentos de la fiscalía
Los abogados defensores Christian Von Wartburg y Sina Selman construyeron la imagen de un padre atento y un “marido ideal”. Sostuvieron que lo ocurrido fue consecuencia de una “defensa propia excesiva” y que, en el peor de los casos, Rieben merecía una condena máxima de tres años.
El escrito de acusación del Ministerio Público del cantón de Basilea describió a Rieben como alguien que actuó “a sabiendas e intencionalmente, con plena conciencia y desde una actitud egoísta, caracterizada por una necesidad de control, resentimiento, venganza e ira desmedida”.
La abogada de los padres de Kristina, Anina Hofer, leyó ante el tribunal una declaración de la madre de la víctima.
“Hoy estoy aquí como una madre que ha perdido a su hija. Cuyos hijos extrañan a su mamá cada día. Ella era amorosa, protectora con sus hijos, y les daba todo. Solo un mes después de intentar forjarse un nuevo camino para ella y sus hijas, le arrancaron la vida brutalmente. Ningún veredicto puede devolvernos a nuestra hija. Pero puede demostrar que su vida importa”, sostuvo la mujer ante el Tribunal.

El padre de Kristina, que había descubierto los restos aquella noche de febrero de 2024, estuvo presente cuando se leyó la sentencia. Lloraba.
El veredicto
El 13 de mayo de 2026, el juez Daniel Schmid declaró a Marc Rieben culpable de asesinato y profanación de cadáver, y lo condenó a cadena perpetua.
“Hay casos que hacen que la ficción se convierta en realidad. Este caso ha cambiado nuestra realidad. Ningún fallo judicial puede llenar el vacío que deja la pérdida de un ser querido. Como tribunal, tampoco nosotros olvidaremos nunca a Kristina, y la llevaremos en el corazón”, afirmó el magistrado. Cuando el veredicto se conoció fuera del edificio, la multitud aplaudió.

Las dos hijas de Kristina y Marc Rieben tienen cinco y seis años. La noche del crimen, mientras su madre moría en el lavadero, dormían en su habitación. Su abuelo materno las recogió esa misma noche y, según los registros del caso, fueron los abuelos maternos quienes asumieron su cuidado desde entonces.
El tribunal reconoció su condición de víctimas directas al ordenar las indemnizaciones económicas a su nombre. Rieben cumplirá cadena perpetua.
La madre de Kristina lo dijo ante el tribunal con precisión. “Sus hijas extrañan a su mamá todos los días”.
Kristina Joksimovic nació en Binningen. Murió en Binningen. Tenía 38 años y había pedido el divorcio un mes antes de morir asesinada por su marido.
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