De la huella invisible al linaje familiar: la revolución de la genealogía genética en la lucha contra los crímenes sin resolver

Parece magia, pero es ciencia. El rastreo de ADN familiares ha logrado resolver viejos casos policiales. Es la herramienta que mejor apunta a los criminales y, vivos o muertos, los identifica sin errores

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Una máquina puede revelar si el ADN de un individuo coincide con la evidencia genética recolectada en una escena del crimen (Mark Makela/The New York Times)
Una máquina puede revelar si el ADN de un individuo coincide con la evidencia genética recolectada en una escena del crimen (Mark Makela/The New York Times)

Bastan unas pocas células que no se ven a simple vista para llegar al culpable de un crimen. Porque cuando un asesino mata, viola y ejerce violencia, es imposible que no deje alguna “huella biológica”. En la víctima, en un papel, pegadas a un picaporte o en el borde de un vaso, ínfimas partes de sí se desprenden en medio del horror. Ese mínimo trozo de ADN revelará bajo el microscopio la identidad del monstruo. Aunque para eso tengan que revisarse generaciones enteras.

La genealogía genética vino a revolucionar el mundo de los casos policiales porque alcanza con que un primo lejano brinde esas huellas de la escena criminal haya dejado su perfil en una base de datos, para que la muestra obtenida por los peritos se convierta en la brújula que señalará al culpable con precisión incuestionable.

Este método vino a sacudir el polvo de todos los “cold cases” (casos fríos) que no habían encontrado solución durante décadas. Sin más pistas que algunos rastros NN durmiendo en cajas, sobres y a la temperatura necesaria de una heladera forense, esperando el instante que algo los reflotara para darles voz. Ese momento llegó y un antiguo hisopado bien preservado, o incluso algo degradado, puede gritar un nombre.

Hoy los detectives del planeta saben que cuentan con la mejor herramienta para identificar homicidas. El caso más antiguo resuelto con esta técnica genealógica fue un doble homicidio y violación, de Duane Bogle (18) y Patricia Kalitzke (16), ocurrido en Montana en enero de 1956. En 2019, sesenta y tres años después, con una sola célula espermática y rastreando lazos familiares, llegaron al culpable que había fallecido en 2007.

Hablemos ahora sobre cómo se llegó a desarrollar la implacable genealogía genética y cómo su lupa resuelve hasta lo que Sherlock Holmes no pudo.

Las pruebas de ADN avanzadas pueden establecer vínculos decisivos en casos judiciales complejos
Las pruebas de ADN avanzadas pueden establecer vínculos decisivos en casos judiciales complejos

Nace la genealogía genética

El ADN (la molécula que tiene la información genética de los seres vivos y que funciona como un manual de instrucciones) comenzó a utilizarse en todas las ciencias antes de que estuviera totalmente decodificado la totalidad del genoma humano. El pionero en el mundo forense fue el genetista británico Alec Jeffreys quien desarrolló, con secciones repetitivas de ADN, un patrón único al que denominó “huella genética”. Esta técnica (que luego habilitaría a la genealogía genética) la aplicó por primera vez en 1986 en el caso de dos adolescentes, violadas y estranguladas en el Reino Unido. Consiguió con esto dos hitos históricos: exoneró a un hombre que había realizado una falsa confesión e identificó, mediante un rastreo masivo, al verdadero autor, Colin Pitchfork. Nunca antes se había usado el ADN para identificar criminales.

En los años que siguieron se empezó a aplicar para confirmar o descartar sospechosos de homicidios y violaciones y, también, para poner nombre y apellido a los restos NN de seres humanos.

En el año 2001, se publicó el primer borrador del genoma humano y en 2003 se anunció que se había completado, aunque la versión verdaderamente íntegra data de 2022. A partir de esta plataforma de lanzamiento, la ciencia despegó de manera exponencial. Lo que antes eran eslabones sueltos de una red biológica ahora eran parte de una cadena sólida: los genes estaban ubicados en lugar y contexto. Se volvió más fácil, por ejemplo, ubicar enfermedades que no dependen de un solo gen como el Alzheimer, el cáncer o afecciones cardíacas. Se pudieron hacer estudios a gran escala y resultó sumamente innovador en oncología para crear terapias dirigidas al perfil genético de determinados tumores. Y, en la ciencia forense, dio vuelta el tablero: ayudó a estandarizar estudios, reducir tiempos y márgenes de error.

Además, con el fenotipado forense del genoma se pudo empezar a inferir el color de ojos y de pelo del atacante, su piel, tendencia a pecas o calvicie y su origen biogeográfico aproximado. Cuando no hay sospechosos, estos datos se vuelven cruciales.

Fue entonces que apareció la genealogía genética que, gracias al desarrollo de las bases de datos, permite reconstruir un árbol familiar completo y se puede así llegar hasta el dueño de una huella genética. Las bases de datos existen de tres tipos: están las policiales que suelen ser cerradas, las comerciales como AncestryDNA, MyHeritage y 23andMe (para ser usadas requieren orden judicial) y las semi abiertas como GEDmatch y FamilyTreeDNA.

Al mismo tiempo se crearon máquinas más eficientes y automatizadas por lo que los procesos que antes podían demorar meses, en la actualidad se pueden llevar a cabo en días o, incluso, en horas.

Por otro lado, al conocerse el genoma con precisión, hoy pueden estudiarse muestras muy pequeñas o degradadas. Una comparación entre millones de perfiles genéticos puede realizarse automáticamente y sin la posibilidad del error humano. Lo que antes costaba millones de dólares ahora se volvió accesible para los equipos de homicidios y sumamente alentador.

Vayamos a los casos más emblemáticos de esta nueva era policial.

Mató a 13 personas y violó a más de 50: la historia del asesino de Golden State, el ex policía que fue capturado casi 50 años después
Durante el juicio, realizado en 2020, pudieron probar 13 asesinatos y 50 violaciones, ocurridas entre 1974 y 1986 (FBI, FBI/Sacramento Sheriff's Office)

Un nombre para el asesino del Golden State

El caso más famoso y el puntapié inicial de la aplicación de la genealogía genética en el mundo policial fue el del Asesino del Golden State.

Entre comienzos de los años 70 y principios de los 80, el estado de California enfrentó una ola de homicidios y violaciones, mayormente contra parejas, que mantenía aterrada a la población.

No tenían pistas ni sospechosos, solo los restos biológicos de las violaciones. Con esas muestras habían logrado establecer que, en muchos casos, el agresor era el mismo. No pudieron avanzar más.

Fue recién en el año 2018 que los investigadores decidieron usar la genealogía genética para ver cómo resolver estos homicidios. Desempolvaron las múltiples muestras biológicas que tenían de aquellos crímenes y eligieron una bien conservada y con suficiente ADN del atacante. Subieron ese perfil a la base de datos de GEDmatch (los usuarios suben su ADN a la plataforma de manera voluntaria y pueden elegir si permiten o no que se use para investigaciones policiales).

La experta Barbara Rae-Venter se abocó a la tarea encomendada por los investigadores y encontró en la base de datos a primos terceros y cuartos de ese asesino y violador sin nombre. Eran parientes lejanos porque compartían solamente un bajo porcentaje del ADN, pero tenían un ancestro en común que había que encontrar. Se dedicó entonces a reconstruir un árbol genealógico que se remontó hasta los tatarabuelos en el 1800, armando un rompecabezas con actas de nacimiento y de defunción, usando censos históricos y registros parroquiales. Una vez hallados los tatarabuelos en común, con infinita paciencia, fue bajando por las distintas ramas del árbol. Generación por generación, hasta la actualidad. Armó una lista de varones, buscó una edad probable para cuando se cometieron los crímenes y que esa persona hubiera vivido en California en la década del 70. El listado se fue acortando con cada filtro hasta que quedó un solo nombre posible: Joseph James DeAngelo. (Qué curioso, permitan esta digresión, que su apellido remita a los ángeles -en italiano vendría a ser “hijo de Ángel”- siendo un demonio).

La policía empezó a vigilarlo. Hasta que un día lograron recoger un pañuelo de papel que el sospechoso descartó en la basura. Ese pañuelo fue recogido con todo cuidado y enviado al laboratorio para ser analizado.

El ADN de las células de ese trozo de papel resultó ser el mismo que el hallado en muchas de las víctimas.

Habían encontrado a El Asesino del Golden State. DeAngelo ya tenía 72 años y lo detuvieron el 18 de abril de 2018.

El expolicía Joseph James DeAngelo Jr. asiste a la audiencia sobre los crímenes atribuidos al "asesino del Golden State" en el tribunal del condado de Sacramento, en Sacramento, California, EEUU, el 29 de junio de 2020 (REUTERS/Fred Greaves)
El expolicía Joseph James DeAngelo Jr. asiste a la audiencia sobre los crímenes atribuidos al "asesino del Golden State" en el tribunal del condado de Sacramento, en Sacramento, California, EEUU, el 29 de junio de 2020 (REUTERS/Fred Greaves)

Durante el juicio, realizado en 2020, pudieron probar 13 asesinatos y 50 violaciones, ocurridas entre 1974 y 1986.

Sus víctimas comprobadas, sucumbieron en este orden:

-Claude Snelling (45, periodista y profesor universitario): murió de un balazo, en septiembre de 1975, cuando DeAngelo intentó secuestrar a su hija adolescente dentro de su propia casa en Visalia.

-Katie (20) y Brian Maggiore (21) fueron atacados cerca de Sacramento, cuando paseaban a su perro en febrero de 1978. No hubo abuso, solo muerte.

-El 30 de diciembre de 1979, Robert Offenmann (44) y Debra Manning (35) fueron hallados asesinados a tiros dentro de su casa en Santa Bárbara. Debra había sido agredida sexualmente y ambos habían sido atados y ultimados a tiros.

-Charlene (33) y Lyman Smith (43) también fueron asesinados en su casa en marzo de 1980. Charlene fue abusada. Esta vez el agresor evitó los disparos, temía ser descubierto: eligió unos troncos de madera con los que los golpeó hasta que dejaron de respirar.

-El 19 de agosto de 1980 le tocó el turno a la pareja conformada por Keith (28) y Patrice (24) Harrington. Fueron víctimas de un ataque salvaje en su casa de Dana Point. Ella fue violada y ambos fallecieron por los golpes.

-Manuela Witthuhn (28) fue violada y asesinada dentro de su vivienda la noche del 6 de febrero de 1981. Su marido se salvó, estaba hospitalizado.

-Cheri Domingo (35) y Gregory Sánchez (27) cayeron en sus manos, en julio de 1981, en Goleta. Cheri fue violada y recibió diez golpes en la cabeza; él fue impactado 24 veces con el mismo leño de la chimenea y, además, recibió un tiro final.

-El 5 de mayo de 1986 fue el turno de Janelle Cruz (18), en Irvine. La violó y la golpeó con un tubo de acero en la cara y en la cabeza.

El sadismo del homicida era patente: disfrutaba del horror y la humillación que generaba cuando abusaba de las mujeres frente a su pareja. Un dato curioso en su perverso accionar: solía atar al hombre en el piso para luego colocarle sobre la espalda una serie de platos y objetos. Entonces lo amenazaba diciendo que si se movía y algo caía los mataría a ambos. Algo que ejecutaba de todas formas, aunque no se moviese.

Jay Cook y Tanya Van Cuylenborg posando sonrientes frente a una furgoneta dorada. Ella viste camisa a cuadros, él una chaqueta oscura. Hay hojas caídas en el suelo
Los cuerpos de Jay Cook y Tanya Van Cuylenborg aparecieron a más de 100 kilómetros uno del otro

Un vaso de café en la basura

Si el anterior fue el primer caso en usar este método del árbol familiar para llegar al asesino, el primero en llegar a juicio y lograr una condena fue otro unos meses antes: el de una pareja canadiense asesinada en 1987 en Washington.

Los cuerpos de Jay Cook y Tanya Van Cuylenborg aparecieron a más de 100 kilómetros uno del otro: ella fue violada y ejecutada de un tiro en la nuca; él estrangulado, golpeado y tenía un paquete de cigarrillos introducido en su garganta.

El doble homicidio estuvo 31 años sin pistas. Hasta que la genealogista CeCe Moore decidió utilizar la plataforma de GEDmatch. De esta manera llegó a dos primos segundos del asesino que no se conocían entre sí. Descubrió que esos dos primos compartían ancestros y al investigar a los descendientes halló que solamente una rama de la familia tenía un hijo varón de 24 años viviendo en la zona del crimen en 1987. Ese hombre se llamaba William Earl Talbott II. Parece muy fácil dicho así, pero Moore se dejó los ojos en la búsqueda. Le pasó el dato al equipo y se dispuso que ese sujeto fuera seguido de cerca. Consiguieron un vaso de café que el sospechoso arrojó a un cesto de residuos. Ahí estaba estampado el ADN que confirmó que era el culpable tan buscado. Corría el mes de mayo de 2018.

Primer plano de William Earl Talbot II con camisa azul y barba rubia, mirando hacia abajo, con parte de un oficial de policía visible a la izquierda
William Earl Talbot II, acusado de los asesinatos de Jay Cook y Tanya Van Cuylenborg, comparece ante el tribunal durante su juicio (AP)

Al momento de su detención Talbott II tenía 55 años, estaba conviviendo con su pareja, no tenía hijos y era conductor de camiones. Sus amigos declararon estar shockeados con la terrible noticia.

Durante el juicio no pudo negar que había tenido sexo con Tanya, pero aseguró que había sido consensuado. Alegó para defenderse que otra persona podría haberlos asesinado.

La policía de homicidios creyó, por su accionar metódico y frío, que no sería nada raro que hubiera cometido más crímenes. Pero no pudo relacionarlo con otros homicidios sin resolver de la zona.

Fue condenado a perpetua.

El hisopo del padre del criminólogo homicida

Uno de los casos más sangrientos y perturbadores de los últimos tiempos fue el crimen de cuatro jóvenes estudiantes de la Universidad de Idaho, en la casa que compartían en Moscow, en noviembre de 2022.

El intruso había ingresado en medio de la noche y a cuchilladas, con un puñal Ka-Bar de combate, había apuñalado hasta matar a tres chicas y un varón de los seis estudiantes que estaban esa noche en la vivienda. Una de las que se salvó lo vio salir: observó sus cejas peludas por encima de una máscara. El agresor había entrado con guantes y bien cubierto para no dejar rastros biológicos. Cometió un error en su raid de violencia. Se le cayó la funda de cuero del cuchillo donde los peritos forenses encontraron un mini trozo de ADN. Suficiente para comenzar a buscarlo.

Esa huella se comparó con las bases de datos de la policía, pero no hubo coincidencias. No era alguien que hubiese delinquido antes.

El caso era tan impactante para la sociedad que se movieron con rapidez. Crearon con esa huella genética un perfil que se subió a las bases de datos genéticos y se comparó con miles de perfiles que había subido la gente voluntariamente. De esa manera acotaron un árbol genealógico que incluía a la familia Kohberger. Por otro lado, la policía ya tenía en la mira a un joven llamado Bryan Kohberger, un estudiante graduado en criminología, que vivía a minutos de la escena y había conducido un Hyundai Elantra blanco cerca de la escena del crimen aquella noche. Había que conectar los puntos.

Bryan Kohberger durante su audiencia de sentencia en el tribunal del condado de Ada, el miércoles 23 de julio de 2025, en Boise, Idaho (AP Foto/Kyle Green, Pool)
Bryan Kohberger durante su audiencia de sentencia en el tribunal del condado de Ada, el miércoles 23 de julio de 2025, en Boise, Idaho (AP Foto/Kyle Green, Pool)

Un equipo fue hasta la casa del padre de ese joven en Pensilvania donde, luego de una guardia activa en la casa de los Kohberger, recolectaron una bolsa con basura que procedieron a examinar. Hallaron un hisopo que mandaron a analizar. El ADN del palillo era el padre del ADN de la funda en la escena del crimen.

Arrestaron a Bryan Kohberger en la casa de sus padres el 30 de diciembre de 2022. Se tomó saliva de la boca del sospechoso para confirmar lo que ya sabían: era el brutal asesino.

Kohberger no fue a juicio. En el estado de Idaho existe la pena de muerte así que, para evitarla, siguió el consejo de sus abogados de declararse culpable.

El 23 de julio de 2025 fue sentenciado a cuatro cadenas perpetuas y consecutivas, sin posibilidad de libertad bajo palabra.

Un romance clandestino y un intrincado árbol genético

El brutal asesinato de Yara Gambirasio de 13 años en 2010, comenzó el día en que la italiana Ester Arzuffi cedió a la pasión y, a espaldas de su marido, mantuvo relaciones sexuales con un amante ocasional. Esa tarde quedó embarazada de gemelos. Cuando se enteró, optó por no preguntarse de quién eran, le adjudicó la gestación a su esposo. Un secreto que jamás pensaba revelar. Décadas después, un terrible asesinato sacó a relucir aquella infidelidad y la genética tuvo la última palabra.

El 26 de noviembre de 2010 Yara salió del centro deportivo hacia su casa en Brembate di Sopra, Italia. Nunca llegó. Su cuerpo fue encontrado tres meses después totalmente descompuesto en un campo.

Yara Gambirasio
El 26 de noviembre de 2010 Yara salió del centro deportivo hacia su casa en Brembate di Sopra, Italia. Nunca llegó. Su cuerpo fue encontrado tres meses después totalmente descompuesto en un campo (Photo by IPA/IPA/Sipa USA) Grosby

Los expertos consiguieron de entre sus restos 294 muestras, 52 provenían de su ropa interior. En 16 de ellas se detectó un perfil genético masculino, al que los peritos forenses bautizaron Desconocido 1.

Tenían al culpable pero sin cara, ni nombre. Un rostro al que la ciencia aplicada del fenotipo le adjudicó ojos claros.

Hubo sospechosos descartados y se empezaron cientos de testeos genéticos. Un día de esos, el laboratorio de la policía a cargo del caso, dio con algo interesante: uno de los jóvenes que concurrían habitualmente a un local nocturno, cercano a donde fue hallado el cuerpo de Yara, tenía algún grado de parentesco con Desconocido 1. El joven se llamaba Damiano Guerinoni. El foco policial se puso en esa familia.

Con la ayuda de la genealogía genética y ese dato fueron armando el árbol familiar de Desconocido 1.

El padre de Damiano tenía un hermano llamado Giuseppe Guerinoni (un conductor de colectivos que había muerto en 1999, antes del crimen de Yara) quien tenía a su vez dos hijos que eran primos de ese joven. Rastreando a la familia de Giuseppe, los sabuesos llegaron a una región llamada Villa de Gorno, de solamente 1600 habitantes. Querían ver quiénes eran sus hijos. Era una población pequeña, manejable para la ciencia. Procedieron a analizar cada familia y, sobre todo, a la que coincidía con la muestra: los Guerinoni.

Los viejos compañeros de trabajo de Giuseppe lo recordaban como un verdadero Casanova. Su viuda se llamaba Laura Poli y, en el 2011, fue de las primeras entrevistadas en ese lugar. Laura les proporcionó lo que necesitaban para corroborar el ADN: dos estampillas lamidas por su esposo ya fallecido. Obtuvieron resultados, pero necesitaban cotejar con precisión las muestras del asesino con ese perfil genético. Para eso terminaron pidiendo la exhumación del cuerpo de Yara en marzo de 2013. El resultado esta vez fue claro: Giuseppe era el padre de Desconocido 1, del despiadado asesino de Yara. Inmediatamente los observados fueron sus dos hijos varones con Laura, Pierpaolo y Diego. Pero los estudios demostraron que si bien tenían mayor compatibilidad genética que su primo Damiano con el ADN de Desconocido 1, no tenían una coincidencia perfecta. No eran ellos.

¿Entonces de quién era ese ADN? El equipo de investigación comenzó a preguntarse si Giuseppe no tendría por ahí algún hijo no reconocido, fruto de alguna relación extraconyugal. Ya sabían que había sido un mujeriego incorregible. ¿Cómo encontrar a ese hijo si es que existía? Además, ese hombre que buscaban seguramente no llevara el apellido Guerinoni.

Yara Gambirasio
La fiscal investigadora de Bérgamo, Letizia Ruggeri, mandó a analizar unas 3000 muestras voluntarias de mujeres que, por la edad y por su lugar de residencia, podrían haber tenido un romance con Giuseppe Guerinoni (Photo by Massimo Alberico/IPA/IPA/Sipa USA) Grosby

Durante meses interrogaron a amigos, conocidos y personas que solían tomar el ómnibus que conducía Giuseppe Guerinoni. Se realizaron miles de exámenes de ADN a mujeres casadas, a madres solteras, a hombres que hubiesen sido abandonados por sus madres y a niños que en su momento no hubiesen sido reconocidos. Nada de nada.

Ocurrió un segundo golpe de suerte: los científicos especificaron que en el ADN de Desconocido 1 había un gen mutado que Giuseppe no tenía. Esa mutación solamente podría proceder de la madre del asesino. Sería clave para identificar a la progenitora del homicida, si es que la encontraban.

La fiscal investigadora de Bérgamo, Letizia Ruggeri, mandó a analizar unas 3000 muestras voluntarias de mujeres que, por la edad y por su lugar de residencia, podrían haber tenido un romance con Giuseppe Guerinoni. Los pueblos suelen ser pasto para los chismes y eso fue lo que terminó por colocar a los detectives en el camino correcto. Las habladurías contaban acerca de una mujer que vivía en Clusone, en las afueras de Bérgamo, que había sido amante de Giuseppe Guerinoni. El que terminó poniendo el nombre y el apellido al rumor fue un viejo compañero del colectivero, Antonio Negroni. Reveló que su amigo había tenido, en los años 70, un romance con una tal Ester Arzuffi.

Fueron a buscarla. Era junio de 2014 y aquella amante clandestina tenía ahora 70 años.

Ester Arzuffi se había casado en 1966, con 23 años, con Giovanni Bossetti con quien tuvo tres hijos. Los dos mayores eran gemelos: un varón y una mujer.

Los investigadores llegaban a entrevistarla más de cuatro décadas después para hablarle de aquel revolcón pasional. Horrorizada ante esta inquisición negó todo lo que pudo, pero la ciencia no tiene piedad, solo certezas. Ella era el eslabón perdido del caso que conmocionaba a Italia. No pudo negarse al pedido judicial. En su sangre estaba presente esa rarísima mutación que poseía Desconocido 1. Era la madre.

Yara Gambirasio
Su ADN coincidió en un 99,99 % con el hallado en la ropa de Yara. Massimo Giuseppe Bossetti (43) era Desconocido 1, el asesino (Photo by FOTOGRAMMA/IPA/Sipa USA) Grosby

Los gemelos habían nacido en 1970, justo por la misma época del desliz no confesado. Ester en su romance clandestino había quedado embarazada de gemelos. Al varón lo bautizó en un acto de audacia: Massimo Giuseppe, el segundo nombre era el de su amante. A la mujer gemela, la llamó Letizia Laura (el segundo nombre también significativo porque es el de la mujer de su amante).

Los resultados genéticos fueron un verdadero terremoto para los Bossetti. Giovanni, el marido de Ester, estaba luchando contra un cáncer terminal cuando recibió la noticia en su cama: los gemelos que había criado como propios no lo eran. El menor de los hijos también tuvo que enfrentar la terrible realidad sobre sus hermanos. Massimo Giuseppe Bossetti era entonces el horroroso criminal que buscaba todo Italia. Era albañil y carpintero, padre de tres hijos pequeños en ese entonces (un varón de 12 años y dos mujeres de 9 y 7 años) y estaba casado, desde 1999, con una bella mujer llamada Marita Comi. Un hombre sin antecedentes, respetado por sus vecinos, que vivía en Mapello, la localidad donde el celular de Yara se había conectado por última vez. Además tenía unos maravillosos ojos azules, tal como había spoileado la ciencia del fenotipo.

A los detectives les faltaba una ficha: conseguir su ADN para compararlo con el perfil hallado en el cadáver de Yara. Montaron en las cercanías de su casa un falso control de alcoholemia, lo pararon y le hicieron la prueba.

Su ADN coincidió en un 99,99 % con el hallado en la ropa de Yara. Massimo Giuseppe Bossetti (43) era Desconocido 1, el asesino.

Fue detenido el 16 de junio de 2014.

Sus búsquedas en la web resultaron más que incriminadoras: “sexo sadomasoquista”, “cómo conseguir una chica en el gimnasio”, “chicas de 13 años para tener sexo”, “vírgenes pelirrojas”, “sexo con animales”, “pequeñas pelirrojas con vaginas depiladas”, “rubia sumisa en sexo grupal”, “chica desnuda con arnés”. También había en su historial películas pornográficas protagonizadas por menores de edad. No solo eso: las partículas de cal y metales encontradas en las vías respiratorias de Yara también se hallaron en la camioneta de Bossetti. Quedó sepultado bajo una montaña de pruebas.

El juicio comenzó el 3 de julio de 2015 y un año después fue condenado a perpetua. Apeló, pero su condena terminó confirmada en 2018.

15 células para atrapar a un asesino

Hay infinitos casos más, pero este que sigue es el que ostenta un récord en genealogía genética con la muestra más pequeña jamás utilizada para armar el árbol. Fueron solo 15 células las que permitieron hallar al asesino de Stephanie Isaacson de 14 años. La adolescente desapareció el 1 de junio de 1989 cuando iba al colegio en Las Vegas. El padre denunció su desaparición y fue encontrada violada y estrangulada al día siguiente.

En julio del 2020, el filántropo Justin Woo realizó una donación a la policía metropolitana de Las Vegas para que pudieran resolver casos estancados con toda la nueva tecnología disponible. El 19 de enero de 2021 escogieron el de Stephanie. Otros laboratorios habían fallado por lo ínfimo de la muestra, pero el laboratorio Othram aceptó el desafío. Consiguió descifrar el ADN del sujeto con 0,12 nanogramos de ADN (un equivalente a 15 células) y establecieron un récord mundial.

Una joven de piel clara con cabello castaño corto y peinado hacia atrás, sonriendo ligeramente a la cámara, vestida con una camiseta roja sobre un fondo gris claro
Retrato de Stephanie Isaacson, la joven víctima de un asesinato que permaneció sin resolver durante tres décadas hasta la identificación de Darren Marchand como su asesino (Las Vegas Metropolitan Police Department)

Con ese perfil obtenido bucearon en las bases de datos públicas y lograron identificar a un primo del perfil. Siguiendo al árbol genealógico llegaron a Darren Roy Marchand quien se había suicidado en 1995. Descubrieron que por un error policial no habían detectado que con ese ADN de Marchand se había cometido otro asalto sexual en 1986.

Era julio de 2021 cuando conocieron el nombre del homicida. El padre de la víctima ya había muerto, pero su madre Sharon Zoppi fue quien recibió la noticia. Sostuvo experimentar sentimientos encontrados porque si bien le otorgó algo de alivio saberlo siente que “no hubo justicia” porque Marchand nunca enfrentó un juicio ni pagó por sus actos.

El respetado arquitecto neoyorquino

Cuando el asesino serial de Gilgo Beach fue detenido el 13 de julio de 2023, todos se quedaron con la boca abierta. El asesino serial era un hombre casado desde hacía 27 años, tenía una hija y un hijastro y, además era un exitoso arquitecto, dueño de un estudio en Manhattan llamado RH Architecture Design. Incluso había sido entrevistado en varias ocasiones. Salvo algunos deslices fiscales, parecía llevar una vida más que normal.

Fue detenido e imputado por siete crímenes cometidos entre 1993 y 2010. Su víctima más antigua fue Sandra Costilla (28), la mató en 1993; en 2000, fue Valerie Mack (24); en 2003, Jessica Taylor (20); Maureen Brainard Barnes (25), en 2007; Melissa Barthelemy (24), en 2009; Megan Waterman (22), en 2010 y Amber Lynn Costello (27), ese mismo año. Aunque se sospecha que atacó varias veces más y calculan que las asesinadas por él serían once.

Cómo fue que llegaron a él es la pregunta.

Se logró identificarlo mediante una combinación de investigación policial clásica con una tecnología de ADN distinta y muy avanzada. El primer hilo fue gracias a un dato del año 2010 cuando un testigo identificó en una escena una camioneta Chevrolet Avalanche que terminaron descubriendo que estaba a su nombre. Comenzaron a vigilarlo. A esto se sumó la geolocalización: los teléfonos desechables con que contactaba a las víctimas se habían conectado a antenas muy cercanas a su oficina en Manhattan y a su casa en Massapequa Park.

Por otro lado, en lugar de buscar parientes en las bases de datos con muestras muy degradadas (como cabellos sin raíz que se encontraron en las víctimas), recurrieron a una técnica llamada Whole Genome Sequencing (Secuencia de genoma completo) que permite obtener un perfil completo de huellas que no son óptimas. Una vez obtenido ese ADN lo compararon directamente con el perfil del sospechoso, claro que sin avisarle. Tomaron restos del borde de una pizza que Heuermann había arrojado a la basura. Match total. Para completar la identificación se utilizó también el estudio de ADN mitocondrial, para vincular vellos hallados en los cadáveres con la esposa e hija de Heuermann. Eso demostró que las víctimas habían estado en contacto con elementos que provenían del mismo hogar. También fue una novedad el uso de esta técnica porque fue la primera vez que la justicia de Nueva York admitió la tecnología de genoma nuclear en un juicio por asesinato.

Poco después de su detención su esposa solicitó el divorcio. El juicio todavía no tiene fecha de realización.

La madre de la conductora de televisión Savannah Guthrie, Nancy Guthrie de 84 años, fue secuestrada de su propia casa en Tucson, Arizona, el 1 de febrero de 2026 (Facebook: Madres Buscadoras de Sonora)
La madre de la conductora de televisión Savannah Guthrie, Nancy Guthrie de 84 años, fue secuestrada de su propia casa en Tucson, Arizona, el 1 de febrero de 2026 (Facebook: Madres Buscadoras de Sonora)

El secuestro de Nancy y lo que sigue

Por estos días tiene lugar otro caso donde la tecnología y la IA podrían hacer la diferencia. La madre de la conductora de televisión Savannah Guthrie, Nancy Guthrie de 84 años, fue secuestrada de su propia casa en Tucson, Arizona, el 1 de febrero de 2026. El FBI trabaja sin descanso en el caso para intentar localizarla viva o muerta.

Si bien Nancy no tenía una suscripción activa para almacenar en la nube los videos que grababa la cámara de seguridad instalada en la puerta de su casa, las autoridades usando sofisticados sistemas con datos residuales de servidores y con la colaboración de la empresa, pudieron recuperar imágenes. En ellas se consigue ver a un sujeto enmascarado, armado y con guantes intrusando su casa. Eso sumado a un guante con ADN masculino hallado en las cercanías de la propiedad constituyen las dos pistas más valiosas hasta hoy. Apoyados en la IA, los expertos en tecnología intentaron ponerle cara al secuestrador. Por ahora, compás de espera.

El uso de la genealogía genética y de las bases de datos en casos criminales puso sobre la mesa el debate sobre la privacidad. ¿Cuánto nos pertenece nuestro ADN? ¿Puede ser usado en contra de nuestros familiares? ¿Quién es o será el dueño de nuestra herencia biológica? ¿Hasta dónde llega el derecho de cada uno sobre esas muestras otorgadas voluntariamente? El consentimiento de un familiar lejano, ¿puede utilizarse legalmente en contra de un acusado? Una cascada de preguntas que a la hora de un juicio levantan polvareda. Si la información señala a un culpable, es difícil que el jurado tenga tantos pruritos. La privacidad quedaría para discutir mañana.

El mapeo de millones de variantes genéticas y generar bases gigantescas de ADN ya es un hecho que empuja la realidad. Por esto, en el mundo de los investigadores policiales, se habla hoy de “convergencia tecnológica” a la hora de la resolución de casos: la genealogía genética y el ADN se suman a la geolocalización, al análisis digital, a las cámaras de reconocimiento de patrones, a los algoritmos precisos, a la proyección del fenotipo. Las mentiras se derrumban gracias a una antena que captó un celular o caen rendidas ante la evidencia de un par de células que parecían invisibles. Un hecho criminal puede reconstruirse hoy como si fuese una película.

Víctimas seguirán habiendo, pero para los asesinos salir impunes será cada vez más complejo. Porque aunque en el escenario haya estado solos con su víctima, testigos tecnológicos hay miles. Y algo más: el ADN no olvida jamás a su dueño.

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La foto acertijo: ¿Quién es este niño colombiano que creció escuchando cumbias, tangos y heavy metal?

Nació en un pequeño pueblo de Antioquia, creció en Medellín en tiempos difíciles y encontró en la guitarra su refugio. Antes de convertirse en una estrella internacional, dio sus primeros pasos tocando en reuniones familiares y soñando con la música

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Pan duro, queso y vino: la sorprendente dieta detrás de la energía inagotable de los soldados de Roma

Estudios sobre la logística imperial revelan cómo la alimentación diseñada para los legionarios equilibraba sabor, nutrición y practicidad, permitiendo a los ejércitos adaptarse a distintos territorios y superar grandes desafíos

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