
Hay libros que son capaces de influir decisivamente en la historia, como La Biblia y El Manifiesto Comunista, por citar los dos más famosos. En una lista un poco más amplia no puede faltar La Cabaña del Tío Tom, la novela que Harriet Beecher Stowe publicó primero por entregas en el periódico abolicionista The National Era y finalmente en forma de libro el 20 de marzo de 1852. Fue un suceso editorial sin precedentes, que vendió 300.000 ejemplares en un solo año, una cifra que solo había sido superada hasta entonces por La Biblia, pero si pasó a la historia y todavía hoy se sigue leyendo con interés se debe al papel que jugó en la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos.
Nacida en 1811, Beecher era hija de un pastor antiesclavista de Boston y La Cabaña del Tío Tom fue su primera novela, escrita cuando tenía 40 años, con la intención de promover la causa abolicionista en los años previos a la Guerra Civil, mostrando con crudeza las penurias de familias rotas y destruidas por el tráfico de esclavos, las separaciones arbitrarias de sus integrantes y la crueldad de muchos de los propietarios de esclavos del sur estadounidense. Lo logró de tal manera que en 1862, diez años después de la publicación de la novela y en pleno desarrollo de la Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln quiso conocerla. “De manera que es usted la pequeña mujer que escribió el libro que provocó esta gran guerra”, le dijo cuando se la presentaron.
La obra tiene la esclavitud como tema central y narra principalmente la historia del tío Tom, esclavo que trabaja hace años en la propiedad de los Shelby, donde vive junto con su familia, y es vendido a un traficante de esclavos. A la par de las peripecias de Tom, que después de ser vendido cae en manos de diferentes esclavistas violentos, se narra la historia de Eliza, que escapa de la propiedad de los Shelby después de que su pequeño hijo Harry también fuera vendido, como Tom; y también la de Georges Harris, el esposo de Eliza, que también se rebela y huye de sus dueños. El personaje del Tío Tom es totalmente imaginario, pero no el de su antagonista, el rebelde George Harris, inspirado en un esclavo de carne y hueso llamado Josiah Henson, que huyó de sus dueños, se convirtió en un hombre libre y también en ministro metodista y luchador abolicionista, con un intenso activismo que lo llevó a recorrer no solo Estados Unidos y Canadá sino también a cruzar el Atlántico y recalar en Londres con el objetivo de recaudar fondos para la causa.

Un padre azotado y un hijo rebelde
El recuerdo más potente que el negro Josiah Henson tenía de su infancia era el de ver azotar a su padre por haber golpeado a un hombre blanco. “Se fijó el día de la ejecución de la pena. Se convocó a los negros de las plantaciones vecinas, para su mejoramiento moral, para que presenciaran la escena. Un poderoso herrero llamado Hewes colocó las rayas. Se dieron cincuenta, durante las cuales los gritos de mi padre se oían a una milla de distancia, y luego se produjo una pausa. Cierto, había golpeado a un hombre blanco, pero como propiedad valiosa, no debía ser dañado. Hombres juiciosos le tomaron el pulso. ¡Oh! Podía soportarlo todo. Una y otra vez la correa cayó sobre su espalda lacerada. Sus gritos se hicieron cada vez más débiles, hasta que un débil gemido fue la única respuesta a los golpes finales. Entonces le empujaron la cabeza contra el poste, y le sujetaron la oreja derecha con una tachuela; un rápido golpe de cuchillo, y el miembro sangrante quedó pegado al lugar. Entonces se oyó un hurra de la multitud degradada, y la exclamación: ‘¡Eso es lo que tiene por golpear a un hombre blanco!’. Algunos dijeron: ‘¡Es una lástima!’; pero la mayoría lo consideró un merecido homenaje a su majestad ofendida”, escribió en su autobiografía La vida de Josiah Henson, antiguamente esclavo, ahora habitante de Canadá, narrada por él mismo.

Después del brutal castigo, el padre de Henson fue vendido a un terrateniente de Alabama y el chico nunca lo volvió a ver. Más tarde, en distintas subastas, a Josiah lo separaron también de su madre, de sus hermanas y de sus hermanos. En cuanto a él, pasó por diferentes amos que también dejaron marcas en su cuerpo: brazos fracturados y una lesión en la espalda que lo acompañó toda la vida. Lo que no pudieron quitarle fueron sus ansias de libertad.
Estafado por su propio dueño
Josiah Henson nació en la esclavitud el 15 de junio de 1789 cerca de Port Tobacco, Maryland. Tras la venta de su padre y el desmembramiento de su familia, Josiah fue vendido a un traficante de niños, pero no resultó negocio porque poco después se enfermó y nadie quería comprarlo. Eso hizo que el traficante se lo ofreciera al hombre que había comprado a la madre del chico, un herrero llamado Isaac Riley en un extraño acuerdo: no le cobraría nada si Josiah moría; en cambio, si sobrevivía, el nuevo dueño debía arreglarse sin cargo las herraduras de sus caballos.

Riley también tenía campos, a los que envió a trabajar a Josiah. El chico creció y se convirtió en un colaborador indispensable para su dueño, que lo hizo capataz de sus campos y también comenzó a encomendarle la venta de sus productos en la ciudad. Esos viajes marcaron a fuego a Josiah, porque además de cumplir con las misiones que le encomendaba su amo, en la ciudad conoció a abogados abolicionistas y pastores metodistas, uno de los cuales le enseñó a predicar y lo ayudó a recaudar fondos para comprar su libertad.
Después de muchos esfuerzos, pudo reunir 350 dólares y se los ofreció a Riley como anticipo por su liberación por un precio total de 450. Por los cien faltantes firmó un pagaré, pero Riley le agregó un cero más al documento para que la cifra fuera inalcanzable. Además de estafarlo, lo envió a Kentucky, donde tenía campos su hermano Amos, para que lo vendiera. La operación no se concretó porque, el sobrino de Riley, enfermó de gravedad y Henson le salvó la vida embarcándose con él en un barco para regresar al norte, donde había mejores médicos para atenderlo.
Ni esa decisión que salvó la vida de un familiar muy querido hizo que Riley reconociera su engaño y lo liberara. Consciente de que nunca obtendría la libertad por las buenas, comenzó a preparar un plan para escapar. Pero no podía hacerlo solo: para entonces se había casado y tenía cuatro hijos, dos de ellos tan pequeños que hacía poco habían comenzado a caminar.
Un escape épico
Henson decidió jugarse el todo por el todo. En secreto, su esposa cosió una mochila lo suficientemente grande como para que Josiah pudiera cargar a sus dos hijos más pequeños en la espalda; los dos mayores deberían caminar. Le costó convencer a su mujer: “Le comuniqué mi intención a mi esposa. Estaba abrumada por el terror. Con instinto de mujer, se aferró a su hogar. Desconocía por completo el vasto mundo que nos rodeaba, y su imaginación lo poblaba de horrores invisibles. Moriríamos en el desierto, nos perseguirían con sabuesos, nos traerían de vuelta y nos azotarían hasta la muerte. Con lágrimas y súplicas, me rogó que me quedara en casa, contento. En vano le expliqué nuestra posibilidad de ser destrozados en cualquier momento; los horrores de la esclavitud que había presenciado recientemente; la felicidad que disfrutaríamos juntos en una tierra de libertad, a salvo de todo mal que nos acechara”, cuenta en su autobiografía.
Huyeron aprovechando la oscuridad una noche sin luna y atravesaron bosques caminando desde el ocaso hasta el amanecer y durmiendo ocultos durante el día. Así cruzaron la frontera de Kentucky con Indiana y luego llegaron a Cincinatti, donde una familia de cuáqueros los alojó durante unos días para recuperaran fuerzas. En Ohio, cuando ya no tenían qué comer, tuvieron la suerte de toparse con un grupo de indígenas que los albergaron.
Siempre viajando de noche y durmiendo de día, recorrieron 965 kilómetros hasta la frontera con Canadá. Al llegar al río Niágara se toparon con una nueva dificultad, no tenían dinero para pagar el cruce. Tuvieron la suerte de encontrarse con el capitán Burnham, un escocés que accedió a llevarlos. El marino solo le preguntó si sería una buena persona al obtener su libertad en una nueva tierra. “Sí, haré buen uso de mi libertad”, le respondió Josiah sin dudar.
Por esos tiempos el Alto Canadá se había convertido en un refugio para los esclavos que escapaban de Estados Unidos desde 1793, cuando el teniente gobernador John Graves Simcoe aprobó la “Ley para prevenir la introducción de esclavos y limitar la duración de los contratos de servidumbre en esta provincia”. La legislación no abolió de inmediato la esclavitud en la colonia, pero sí impidió la importación de esclavos, por lo que cualquier esclavo estadounidense que llegara se convertiría en Ontario inmediatamente en un hombre libre. El 28 de octubre de 1830, la familia Henson pisó territorio canadiense y logró la tan ansiada libertad. El primer gesto de Josiah fue arrojarse al suelo y besar la tierra.
Un luchador incansable
Convertido en un hombre libre, Josiah trabajó primero como jornalero en granjas, hasta que en 1834 se trasladó con su familia y otros antiguos esclavos a Colchester para establecer un asentamiento negro en tierras arrendadas. Envió a su hijo mayor, Tom, a la escuela, y aprendió a leer gracias al aprendizaje que iba haciendo el chico. El hecho de saber leer y escribir y su elocuencia como predicador lo llevaron naturalmente a ser uno de los líderes de la creciente comunidad de esclavos fugitivos en Canadá. Además, fue un avanzado en la producción cooperativa al hacer de la comunidad de Dawn, compuesta por unas quinientas personas, un centro de producción y exportación de madera de nogal negro a Estados Unidos y Gran Bretaña.

Aunque pudo haber tenido desde entonces una vida acomodada y apacible, no cejó en su activismo contra la esclavitud. “El tema central de la historia de Henson es la gestión de la libertad. En lugar de usar sus prodigiosas habilidades empresariales y oratorias para simplemente construirse una vida cómoda, abogó por la igualdad de oportunidades, puso a salvo a amigos y familiares, fundó iglesias y se defendió del encarcelamiento tras apoyar a familias que enviaron a sus hijos a luchar en la guerra civil. Se embarcó en una gira de casi cien escalas por Gran Bretaña para recaudar fondos para la causa. Con la ayuda de simpatizantes estadounidenses y filántropos cristianos británicos, construyó un asentamiento para refugiados afroamericanos, recaudó fondos para empresas sociales para la comunidad negra, incluyendo un aserradero y una fábrica de ladrillos, e incluso construyó una escuela desegregada, casi un siglo antes del fin de las leyes de Jim Crow en la década de 1960”, escribió uno de sus biógrafos, Jared Brock.
Viajó también varias veces a territorio estadounidense para ayudar a otros esclavos a escapar. “La condición degradada y desesperanzada de un esclavo jamás podrá ser comprendida por él mientras permanezca en tal posición. Tras haber saboreado las bendiciones de la libertad, mi mente se posó en aquellos que sabía que gemían en cautiverio, e inmediatamente procedí a tomar medidas para liberar a todos los que pudiera. Pensé que, con esfuerzo, muchos podrían escapar como yo, si contaban con algún consejo práctico sobre cómo proceder”, relató en sus memorias.
Josiah Henson murió el 5 de mayo de 1883, a los 93 años, en Canadá. Una crónica de la época lo describe como “un anciano jovial, bastante activo considerando su edad”. Hacía años que se lo conocía como “el verdadero Tío Tom”, después de que Harriet Beecher Stowe reconociera: “Un último ejemplo de paralelismo con el del tío Tom se encuentra en las memorias publicadas del venerable Josiah Henson... ahora pastor del asentamiento misionero de Dawn, en Canadá”.
La historia de Henson y la novela de Stowe jugaron un papel decisivo en la elección presidencial de Abraham Lincoln, cuando el Partido Republicano distribuyó cien mil ejemplares del libro durante la campaña de 1860 para fomentar el apoyo antiesclavista. Es posible que, sin la prensa abolicionista y la repercusión de la novela, Lincoln no hubiese ganado las elecciones. “Si no hubiera existido La Cabaña del Tío Tom, no habría habido Lincoln en la Casa Blanca”, afirmó, contundente, el senador Charles Summer, uno de los hombres más cercanos al presidente número 16 de Estados Unidos.
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