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De un taller mecánico en Ohio al banquillo: la historia del hombre acusado de ser uno de los verdugos más crueles del Holocausto

Durante cuarenta años, John Demjanjuk llevó una vida tranquila en Estados Unidos. Pero en 1987 fue extraditado a Israel y juzgado por las atrocidades cometidas en Treblinka extermination camp, en uno de los procesos más complejos del siglo XX. Murió el 17 de marzo de 2012 en libertad

Fotografía en blanco y negro de un hombre calvo con gafas, John Demjanjuk, vestido con traje oscuro y camisa blanca, flanqueado por dos guardias uniformados
"No soy Iván El terrible" aseguraba John Demjanjuk durante su juicio
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En febrero de 1987, Israel se convirtió en escenario de uno de los procesos judiciales más impactantes y controvertidos del siglo XX. En el banquillo de los acusados estaba John Demjanjuk, un inmigrante ucraniano de 66 años que había pasado casi cuatro décadas viviendo tranquilamente en Estados Unidos.

Para sus vecinos de Cleveland era un hombre común: trabajaba como mecánico en una planta de Ford, asistía regularmente a misa y llevaba una vida familiar discreta. Pero la fiscalía israelí sostenía algo muy distinto: afirmaba que aquel hombre era en realidad “Iván el Terrible”, uno de los guardias más sádicos del campo de exterminio de Treblinka extermination camp, responsable de torturas y asesinatos en las cámaras de gas. Demjanjuk llevaba años negándolo. No sólo juraba no ser Iván sino que desmentía haber estado en Treblinka, Sobibor o algún otro lugar como guardia. Él aseguraba haber sido alistado en el Ejército Rojo y en 1942 internado en un campo de prisioneros por los nazis hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Argumentaba que estaba siendo víctima de una confusión. Se mostraba sorprendido y también enojado.

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Las dudas sobre su identidad se prolongaron durante más de veinte años.

Un vecino de Cleveland acusado de atrocidades

La investigación sobre Demjanjuk había comenzado años antes, en 1975, cuando agencias estadounidenses que rastreaban a antiguos colaboradores nazis encontraron su nombre en documentos vinculados a guardias de campos de exterminio.

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Para entonces, Demjanjuk llevaba décadas instalado en Ohio. Había emigrado a Estados Unidos después de la guerra, obtuvo la ciudadanía estadounidense y construyó una vida bajo una fachada aparentemente normal.

Cuando las acusaciones se hicieron públicas, el caso provocó una fuerte reacción en la comunidad ucraniana de América del Norte. Organizaciones y particulares reunieron cerca de dos millones de dólares para financiar su defensa, convencidos de que era víctima de una acusación errónea.

Tras una larga batalla legal, Estados Unidos aprobó su extradición a Israel. Allí sería juzgado por crímenes contra la humanidad.

El proceso comenzó en Jerusalén en 1987 y rápidamente se convirtió en un acontecimiento nacional. Cada audiencia era transmitida por televisión y seguida por millones de israelíes. Para muchos, el juicio tenía una dimensión histórica y moral comparable al proceso contra Adolf Eichmann en 1961.

Treblinka, una maquinaria de muerte

El centro de las acusaciones era el campo de Treblinka extermination camp, uno de los principales engranajes del sistema de exterminio nazi en Polonia.

Entre 1942 y 1943, cerca de 900.000 judíos fueron asesinados allí. La estructura del campo estaba diseñada para matar con eficiencia industrial.

Se llegó a calcular que la tasa de supervivencia en Treblinka no superó el 1%. De cada cien que llegaban, sobrevivió uno. A diferencia de Auschwitz, ocupaba un terreno de escasas dimensiones y funcionaba con unas pocos soldados y oficiales nazis, cuyo trabajo era dar órdenes y disciplinar a través del terror. Los Sonderkommandos, eran los prisioneros judíos que debían ocuparse de horrorosa tarea de manipular los cadáveres y mantener limpias las cámaras de gas. Tenían una mayor sobrevida, aunque eran finalmente asesinados.

Los deportados descendían de los trenes en lo que parecía una estación ferroviaria común. Incluso el reloj del andén era falso. Todo formaba parte de un elaborado engaño destinado a evitar el pánico mientras las víctimas eran conducidas hacia las cámaras de gas.

En ese entorno surgió la figura que obsesionó a los sobrevivientes durante décadas: “Iván el Terrible”.

Según los testimonios presentados ante el tribunal, el guardia controlaba los motores que alimentaban las cámaras de gas y ejercía una violencia brutal contra los prisioneros.

Era quien hacía ingresar a los prisioneros a sus dependencias. Se burlaba de sus víctimas, las maltrataba. Cortaba orejas, narices, perforaba pezones, tajeaba órganos sexuales. Torturaba por placer y como muestra de poderío. Utilizaba su bayoneta para divertirse. Dejaba una carnicería humana en el ingreso a las cámaras de gas y el piso bañado en sangre. Sin que nadie se lo pidiera.

Treblinka fue uno de los lugares más atroces del siglo XX. E Iván el Terrible demostró tener una crueldad sin límites.

Retrato en blanco y negro de un hombre con el pelo rapado y un uniforme oscuro con una insignia rectangular clara en el pecho
Demjanjuk durante su juventud

El peso de los testimonios

Uno de los momentos más estremecedores del juicio fueron los relatos de sobrevivientes, hombres muy mayores, que afirmaron reconocer a Demjanjuk como el temido guardia.

Muchos de ellos describieron ante el tribunal episodios de violencia extrema. Algunos aseguraron recordar su cara con claridad, incluso más de cuarenta años después de los hechos.

Sus testimonios generaron un enorme impacto emocional en la opinión pública israelí.

Pero también plantearon un dilema jurídico complejo: ¿hasta qué punto podía confiarse en identificaciones realizadas después de tantos años, en un contexto marcado por el trauma y la memoria fragmentaria?

La condena y el giro inesperado

En 1988, tras dieciocho meses de audiencias, el tribunal declaró culpable a Demjanjuk y lo condenó a muerte.

La sentencia parecía cerrar uno de los casos más importantes relacionados con el Holocausto. Sin embargo, el proceso aún no había terminado.

Durante la apelación aparecieron nuevas pruebas, documentos procedentes de archivos soviéticos que cambiaron radicalmente el panorama. Esos materiales sugerían que el verdadero “Iván el Terrible” era otro guardia: Ivan Marchenko. Y se sumaron pruebas casi incontrastables de la presencia de Demjanjuk en Sobibor, otro campo.

Ante esas nuevas evidencias, la Corte Suprema de Israel decidió en 1993 anular la condena por falta de certeza sobre la identidad del acusado. Como no podía ser juzgado dos veces por los mismos hechos y cómo no había sido acusado por actuar en Sobibor, sino por los crímenes de Iván el Terrible en Treblinka fue finalmente sobreseído. Esa misma noche, el ex guardia ucraniano volvió a Estados Unidos tras permanecer siete años detenido en Israel.

El acusado John Demjanjuk se persigna al escuchar el dictamen de su pena de muerte. Jerusalén, Israel, 25 de abril de 1988.
John Demjanjuk argumentaba ser víctima de un error, una confusión

Un caso que sigue generando preguntas

El caso siguió generando controversias durante décadas y volvió a captar atención mundial con la serie documental The Devil Next Door, que reconstruyó la historia del juicio.

En 1999, Estados Unidos volvió sobre sus pasos, a investigarlo formalmente. El proceso de quita de la ciudadanía se puso en marcha en 2002. En 2009 Alemania pidió su extradición y fue deportado. Allí fue juzgado. Tenía 90 años, llegaba a las audiencias en silla de ruedas, dormitando. Fue acusado por las 27.900 muertes de Sobibor. Lo hallaron culpable y recibió una pena de cinco años de prisión. Fue el primer condenado por su participación en el funcionamiento de un campo de exterminio, sin que se le atribuyera un asesinato específico. Se lo consideró culpable por haber estado allí. Se lo responsabilizó por cada muerte en Sobibor.

Los jueces le permitieron esperar el resultado de la apelación en libertad. Murió el 17 de marzo de 2012, a los 91 años. En libertad. Sin ser declarado culpable ya que la condena estaba sujeta a revisión.

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