El calvario de Kari Swenson, la atleta olímpica que fue secuestrada para convertirla en la “novia” de un joven ermitaño

La deportista entrenaba para un biatlón cuando fue secuestrada por dos hombres armados. Don y Dan Nichols eran padre e hijo. Vivían juntos aislados de la sociedad en las montañas

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"Abducción" se hizo apenas conocido el caso del secuestro de Kari Swenson

Los atletas entrenan en terrenos escarpados. Con frío glacial o con calor agobiante. Si se quiere ganar una medalla olímpica hay que ejercitarse sin peros.

Eso hacía Kari Swenson, de 22 años, por las montañas de Montana, Estados Unidos, un día de sol del mes de julio de 1984. Miembro del equipo de biatlón de los Estados Unidos, trotaba con energía pensando en las próximas olimpíadas de Noruega. Punto. El entrenamiento ahí se detiene.

Lo que sigue parece extraído de la ficción, de un policial o una novela negra. Algo que se podría calificar como irreal o un producto exagerado surgido de la mente tortuosa de un guionista.

De un momento a otro, dos hombres armados la raptaron de ese remoto sendero y la atleta olímpica se convirtió en una mujer cautiva para un matrimonio forzado.

El caso del secuestro de
El caso del secuestro de la atleta fue cubierto por los medios de Estados Unidos

Dos ermitaños peligrosos

Donald “Don” Boone Nichols nació en 1931, en una zona rural del estado norteamericano de Montana. A los 20 años se alistó en la Marina de los Estados Unidos. Trabajó algún tiempo como maquinista. Se casó con Verdina Frisbie y con ella, en varias oportunidades, tuvieron que trasladarse. Terminaron viviendo cada vez más aislados y en él se fue despertando el deseo de alejarse de las leyes y de las normas sociales. Los percibía opresoras y su deseo era pasar sus días dentro de la naturaleza en estado puro. Su hijo Danniel “Dan” Nichols nació en 1964 y como él adoró desde muy chico la existencia al aire libre.

Desde los seis años Don comenzó a llevar a Dan a sus largas excursiones por áreas desoladas. En esos períodos comían lo que cazaban, pescaban o recolectaban. Una verdadera aventura.

Previsiblemente la pareja terminó separándose. Dan abandonó la escuela para poder vivir dentro de la locura de su padre. Ambos se alejaron de la sociedad y Don buscó refugio con su hijo en la inhóspita cadena montañosa Madison Range (parte de las Montañas Rocosas), más concretamente cerca del cañón Beartrap que daba sobre el río Madison.

Estaban medianamente cerca del pueblo turístico Big Sky, a unos 18 kilómetros. Ellos pasaban sus noches en cabañas, cuevas o campamentos improvisados. Se manejaban como hábiles hombres de la época de las cavernas con lo mínimo indispensable. Por elección cada vez más lejos del mundo moderno. Padre e hijo parecían compartir esa filosofía ermitaña al margen de las reglas de la sociedad. Porque, algunas veces, su supervivencia implicó delitos. Saquearon alguna granja o robaron pertenencias a algún poblador.

Así las cosas pasaron muchos años. Sin embargo, en algún momento, Don percibió que Dan se estaba cansando de esa vida aislada, sin una mujer a su lado. Era evidente que el joven terminaría por abandonarlo. Fue entonces que comenzó a pergeñar un secuestro: encontrarían una mujer y se la apropiarían. Como un objeto más para la subsistencia. Para saciar la soledad de su hijo.

Con esos planes en mente andaban esa tarde de verano cuando vieron a la joven de 22 años trotando.

Kari se había cruzado en el camino de la dupla salvaje que creía que las personas y las cosas solo se toman. Que la voluntad es suficiente para materializar los deseos.

Kari Swenson se preparaba para
Kari Swenson se preparaba para participar de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1986 en Oslo, Noruega

Kari, la atleta exitosa

La familia Swenson era de Filadelfia, pero se había trasladado a vivir a la ciudad de Bozeman, en Montana, donde el padre de Kari, Robert Swenson, fue nombrado jefe del departamento de física de la Universidad Estatal de Montana. Para el momento de su llegada a la ciudad, Kari tenía ya 9 años, una hermana mayor llamada Johanna y un hermano menor, Paul.

Fue con Paul con quien comenzó a compartir su pasión por el biatlón. Ambos lo empezaron a practicar.

Este deporte olímpico de invierno combina la resistencia del esquí de fondo -en estilo libre- con la precisión del tiro con carabina (calibre .22). El origen de esta disciplina deportiva se remonta al entrenamiento militar escandinavo para la infantería de montaña. Los concursantes deben correr por una pista de esquí de fondo llevando rifles. A lo largo del camino encontrarán tramos donde deberán detenerse para disparar contra objetivos ubicados a unos 50 metros de distancia. El desafío es lograr una transición veloz entre la alta frecuencia cardíaca que provoca el esfuerzo de esquiar y la calma indispensable que se requiere para disparar con precisión. Kari Swenson ya era reconocida por su expertise porque en el Campeonato Mundial de Biatlón femenino de 1984, realizado en Chamonix, Francia, había ganado como parte del equipo norteamericano la medalla de bronce en la prueba de relevos.

Poco después de ese gran logro decidió mudarse a Big Sky, un pequeño pueblo turístico ubicado a una hora de Bozeman, donde podía entrenar durante todo el año. Se acercaban los Juegos Olímpicos de Invierno de 1986 que tendrían lugar en Oslo, Noruega. Kari iba por más y quería otra medalla.

En Big Sky consiguió trabajo como moza en un restaurante llamado Lone Mountain Ranch, un rancho familiar ubicado muy cerca de la entrada norte del Parque Nacional Yellowstone.

Kari aprovechaba todo su tiempo libre para entrenar. Enseguida se hizo amiga de Alan Goldstein, un hombre que cuidaba los caballos en los establos del mismo rancho.

Esa amistad costaría una vida.

El día en que Kari desapareció fue Alan quien notó su ausencia y se unió a los voluntarios para encontrarla.

Tras el secuestro, Kari siguió
Tras el secuestro, Kari siguió con su carrera deportiva

Secuestro en la montaña

El 15 de julio de 1984, por la mañana, el propietario del restaurante le advirtió a Kari que unos excursionistas habían visto varios osos grizzly (grises) cerca de Jack Creek Trail y le pidió que tuviera cuidado en sus entrenamientos cotidianos.

Esa misma tarde Kari salió a entrenar como todos los días, pero hizo todo lo contrario a lo que su jefe le había aconsejado: fue directo al lugar que le había mencionado porque deseaba ver osos grises. No les temía. En realidad, era una chica que no le temía a nada y se llevaba al mundo puesto.

El problema no serían las bestias animales.

En medio de su sendero solitario entre la vegetación se sorprendió al ver a dos hombres extraños (eran Don Nichols, 53, y su hijo Dan,19).

Inmediatamente Kari tuvo sensación de incomodidad. Uno de ellos tendría su edad; el otro hombre era mucho mayor. No le gustó cómo la miraron. En cuestión de segundos aceleró su trote para pasarlos a más velocidad. Pero justo en el instante en que los sobrepasaba el mayor hizo un movimiento rápido, se paró frente a ella y la agarró por las muñecas. Kari sorprendida empezó a tironear desesperada.

“No, no queremos dejarte ir”, dijo ese hombre grande.

“¿Qué quieres?”, preguntó tan enojada como temerosa.

“No conocemos muchas mujeres hermosas en las montañas y solo queremos hablar contigo un rato”, siguió diciendo Don.

Los dos delirantes que sobrevivían fuera de la civilización desde hacía más de una década iban armados con rifles.

Kari Swenson estuvo cautiva durante
Kari Swenson estuvo cautiva durante 18 horas

Kari intentó negarse, pero ellos no le dieron opción. La llevarían con ellos quisiera o no, necesitaban una mujer para que viviera con ellos.

Kari se asustó. Pensó que la violarían y, luego, la matarían para deshacerse de ella. Le suplicó a Don ser liberada e intentó luchar, pero elhombre era extremadamente fuerte. Se dio vuelta y le preguntó al hombre más joven: “Bueno, Danny, ¿qué piensas? ¿Nos quedamos con ella?”. A lo que él respondió: “Sí. Ella es bonita. Conservémosla”.

Durante la noche la obligaron a seguir moviéndose a través de distintos sitios por la montaña. Kari continuó con su estrategia para convencerlos de que no era una buena idea lo que hacían. Les dijo que estaba casada y que su marido iría a buscarla. Don señaló el dedo de Kari y le preguntó dónde estaba su anillo de casamiento. Ella respondió que no usaba anillo porque trabajaba en la cocina de un restaurante y le resultaba incómodo. Dan, el joven que necesitaba una esposa, le soltó enojado a su padre: “Ella está mintiendo.Todas las mujeres son unas mentirosas”. “Está bien”, gritó el mayor, “trae la cuerda para atarla”.

Al escucharlo Kari hizo un último esfuerzo por escapar y lo empujó con todas sus fuerzas. No lo consiguió. Dan llegó hasta ellos con una cuerda blanca. Don antes de atarla y soltarle las muñecas por un segundo, le dio una trompada en medio de la cara. Kari cayó al suelo desorientada. Ahora Don la amenazó directamente: “Si sigues gritando, te daremos una paliza”. Mientras continuó con la explicación de que no había mujeres en las montañas así que la llevarían con ellos y le aseguró que una vez que le tomara el gusto a vivir en un lugar así nunca más querría volver a la civilización.

Las manos de Kari ahora estaban atadas y el otro extremo de la cuerda estaba anudado a Dan Nichols. Intentó otra vez protestar diciendo que la gente que trabajaba con ella iría a buscarla.

“No nos importa si la gente te está buscando. De todos modos te llevaremos a las montañas”, insistió Don. Sería la esposa de Dan y punto, tenía que aceptarlo.

Llegaron a un lago pantanoso y le ordenaron que bebiera. Kari se negó porque temía que le hiciera mal, sabía que hay unos parásitos que suelen vivir en lagos y arroyos. Don harto de sus negativas, se lo exigió y le recomendó que dejara de discutir. Kari insistió en hervir el agua. Don pensó que estaba loca: “¿Hervir el agua? ¿Con qué propósito?”. Ella quería hacer tiempo, y él quería moverse rápido. La tuvo que tomar. No podría hacer mucho más. Don se había dado cuenta de sus maniobras dilatorias.

Mientras Kari caminaba clavando sus talones en el suelo húmedo intentando dejar muchas huellas. Don era delirante, pero no tonto. Se dio cuenta y le pegó un culatazo con su arma para después empezar a destruir las huellas dejadas en el barro. La amenazó otra vez: si alguien la encontraba, mataría a los rescatadores. Para que le creyera le mostró su Ruger mini-14, un rifle semiautomático que lleva cargadores con veinte balas.

Estaba aterrada pero igual intentó seguir dejando pistas. Se quitó disimuladamente el pañuelo rojo que llevaba y lo dejó caer. Don no lo pasó por alto y lo recogió. Luego intentó dejar caer su reloj, pero el sujeto la vio. Se daba cuenta de todo, era un águila rapaz.

La noche parecía eterna.

Don Nichols fue condenado a
Don Nichols fue condenado a 85 años de prisión

Un short demasiado llamativo

Al final, padre e hijo decidieron pasar la noche en un sitio y dejar a Kari atada a un árbol con una pesada cadena asegurada con un candado, enrollada alrededor de su cintura.

Kari no pegó un ojo. Escuchaba, a lo lejos, voces que gritaban su nombre. La estaban buscando. Le dio ánimos. Quería gritar y llamarlos, pero Don y Dan estaban atentos a las voces y cargaron sus rifles.

Le dijo, mirándola fijo una vez más: cuando alguien entrara al campamento comenzaría a disparar.

Eso la mantuvo en silencio. En un momento escuchó también un avión sobrevolando el lugar.

Don estaba alterado. Le preocupaban los shorts rojos de Kari. Eran demasiado llamativos. Le pidió que se los quitara. Ella lo acusó de querer violarla y no quiso sacárselos. Don le gritó: “No, no, no, no, no, eso no es lo que quiero en absoluto. ¡Solo dame los pantalones cortos de una vez!“.

Por primera vez desde que había sido capturada, Kari lloró, pero se los quitó y se los entregó a Don. Él usó carbón de la fogata para pintarlos y oscurecerlos. Una vez que consiguió apagar el color, se los devolvió. Ella le dijo a Dan en medio de su llanto: “Amo a mi esposo y no quiero estar contigo. En cualquier oportunidad que tenga, me iré”. Dan la calló. Don la trató como si fuese una paranoica y le sugirió: “Solo piensa en las maravillosas historias que tendrás para contarles a tus nietos. Esta es una verdadera aventura.”

Estaba por amanecer cuando de pronto escucharon un crujido y voces muy cerca. Don y Dan empuñaron sus armas al momento en que Alan Goldstein y su amigo Jim Schwalbe aparecieron en el claro del bosque. Con la ayuda de un farol la llegaron a ver encadenada a un árbol.

Kari al notar que era Alan le gritó desesperada: “¡Fuera de aquí que van a disparar. ¡Tienen armas! ¡No entres! ¡Cuidado! Te matarán”.

Don le dijo a Dan que la callara. Dan desenfundó su pistola calibre 22 y fue directo hacia Kari, colocó una bala en el arma y le disparó.

Kari sintió el impacto, pero no dolor.

Don Nichols pasó 32 años
Don Nichols pasó 32 años preso hasta salir en libertad ocndicional

Alan intentó superar la situación sacudiendo un farol y diciendo que el campamento estaba rodeado por cien guardias nacionales. Don no le creyó. Apuntó y disparó su rifle. Un certero balazo en medio de la cabeza bajó a Alan Goldstein (36), quien murió instantáneamente. Jim Schwalbe escapó corriendo bajo una lluvia de disparos que no lo alcanzó.

Don y Dan ya lo sabían: estaban tras ellos. Empacaron sus cosas, soltaron la cadena del árbol porque la necesitaban y dejaron tirada a Kari que se estaba desangrando. Pensaron que moriría allí.

Kari pensaba lo mismo que ellos. Iba a morir en ese sitio. Notó que había una mochila gris que los Nichols habían olvidado. Se arrastró hasta ella con la esperanza de encontrar algo que le sirviera para ser rescatada cuanto antes. Solo había una bolsa de dormir. Notó que el forro era colorado, como había sido su short. La dio vuelta y siguió arrastrándose para colocarla en un sitio donde le diera el sol y pudieran verla desde el aire.

Tuvo razón: el saco de dormir rojo en ese claro fue visto desde uno de los helicópteros de búsqueda. Poco después del avistaje, un grupo de seis hombres bajó muy cerca de donde ella había quedado herida.

El equipo estaba liderado por el sheriff del condado de Madison, Johnny France. No sabían con qué se iban a encontrar. Jim les había dicho que había visto a dos hombres armados, pero podría haber más. También podrían tener otros rehenes. Entraron al campamento con mucha precaución, con lentitud, midiendo sus pasos y movimientos. Fue entonces que escucharon una voz muy débil: “ayúdenme, por favor…”

A pesar del pedido pensaron que podrían estar usando a la joven de carnada y que fuera una emboscada letal. Siguieron despacio. Al final, Johnny France observó que la camisa azul de Kari estaba manchada con sangre. Estaba herida. Entonces sí apuraron el rescate.

Cuatro horas después de haber recibido un balazo Kari fue trasladada en un helicóptero a un sitio seguro. No fue fácil izarla desde el bosque porque el claro era demasiado pequeño y, al subir la camilla, esta se enredó entre las ramas. Al final, lo lograron.

Habían sido 18 horas de una búsqueda frenética.

El sheriff Johnny France (a
El sheriff Johnny France (a la derecha en la foto) durante la búsqueda de la joven atleta

La cacería de los Nichols

La búsqueda de los delincuentes estuvo dirigida por Johnny France, el mismo sheriff que había organizado la búsqueda de Kari Swenson.

Encontrarlos no fue una tarea fácil porque ellos conocían mejor que nadie el terreno. Estaban acostumbrados a vivir fuera del radar.

Se decidió enviar entonces a un equipo SWAT del FBI compuesto por 21 hombres para ayudar con la búsqueda. Este team tenía mejores armas y mayor entrenamiento que los Nichols, pero poco sabían de los escondrijos de esas montañas.

Dos semanas después de iniciada la cacería de los delincuentes, la familia de Alan Goldstein contrató a un experto en supervivencia en la naturaleza para ayudarlos. Ese hombre ofició de rastreador. Johnny France se alegró, el equipo precisaba ayuda en la naturaleza, pero temía que no fuera realmente un experto. Había muchos locos desequilibrados que se habían ofrecido para salir a “liquidar” a los Nichols. Tenía precauciones porque los familiares de Goldstein podrían haber sido engañados por alguno de esos personajes. El rastreador propuesto parecía demasiado joven para haber hecho todo lo que decía haber acometido. Se dedicó a hojear los libros que había publicado y cuanto menos eran estrafalarios: en ellos hablaba de universos paralelos y de reencarnación. Ese tipo no podía ser parte de esto. Lo sacaron del medio.

Siguieron recorriendo el desierto y la montaña como mejor pudieron con su propio personal.

El 13 de diciembre de 1984 France iba en su moto de nieve cuando divisó un precario campamento cerca de la pequeña población de Norris, dentro de Montana. Se alejó y buscó un lugar para detener su vehículo. Estaba a varios kilómetros. Buscaría sorprenderlos. Se enfundó en ropa blanca para camuflarse en la nieve, se cruzó un rifle Ruger a la espalda y llevaba también su pistola calibre .45. Caminó hundiéndose durante unos seis kilómetros hasta que alcanzó el sitio donde los halló cocinando.

Sacó su pistola y apuntó, pero no tuvo que disparar ni un solo tiro. No se resistieron. El invierno los había agotado. Estaban armados, pero listos para rendirse.

Ya no eran ni tan salvajes ni tan intimidantes. El clima había templado los ánimos y vencido.

France usó su radio para informar al equipo que los tenía.

Cárcel y daños colaterales

La madre de Dan hacía 13 años que no sabía nada de ellos y se había vuelto a casar. La noticia del secuestro no la sorprendió del todo.

La ley de homicidio de Montana sostiene que cualquier muerte resultante de un secuestro equivale a asesinato, incluso si la muerte es causada por un cómplice. Si alguna persona muere durante el rapto, todos los participantes voluntarios son culpables. Esto significaba que Dan podía ser acusado de asesinato por la muerte de Alan Goldstein, independientemente de que hubiera sido Don quien lo mató.

Dan fue acusado entonces de asesinato, secuestro y agresión. Dan declaró que dispararle a Kari no había sido intencional y que había sido un accidente cuando la quiso callar. Solamente había pretendido intimidarla.

Sin embargo, Dan terminó siendo absuelto por el jurado por el asesinato de Goldstein. Se cree que los miembros del jurado creyeron que Dan había sido manipulado por un padre loco y perturbado.

Pero sí que fue considerado culpable por el secuestro y la agresión lo que le significó una sentencia acumulada de veinte años y medio.

Dan pasó seis años de prisión efectiva y salió en 1991 en libertad condicional. Dan había mencionado que quería vender su historia para entregar el dinero a la familia Swenson y Goldstein. Eso no gustó así que la libertad se la dieron con la condición de no lucrar con libros ni películas sobre el caso. Luego de salir de la cárcel estudió en la universidad, se graduó en 1994 con buen promedio y trabajó como cuidador de adultos con discapacidad. En 1996 se casó con Liz, una mujer de Montana con quien compartía una filosofía de vida natural. Más adelante enfrentó nuevos problemas con la ley: en enero de 2013 fue sentenciado a 48 meses de cárcel por temas de drogas. Ya fue liberado.

Don, por su parte, fue declarado culpable del asesinato de Alan Goldstein y la sentencia fue a 85 años de cárcel. Pasó 32 en prisión y en agosto de 2017 se le concedió la libertad condicional. Le exigieron que jamás intentara comunicarse con nadie de la familia Swenson ni quisiera regresar al condado de Madison o al condado de Gallatin porque volvería tras las rejas. Aseguró arrepentirse de todo: “Estuvo mal y no sé qué más decir. Y me siento mal por eso”. Murió el 17 de junio de 2023.

Johnny France por su acto heroico se volvió por un tiempo una celebridad local luego del arresto. Un editor le pagó 100.000 dólares por los derechos de un libro sobre el secuestro que se publicó en 1986 con el nombre Incidente en Big Sky. También fue invitado en 1985 a la Casa Blanca donde estuvo con el presidente Ronald Reagan.

Kari Swenson siguió con su vida y clasificó para los Juegos Olímpicos de 1986 en Oslo, donde quedó en cuarto lugar. Luego se retiró de los biatlones y se enfocó en su carrera como veterinaria en el estado de Colorado. Eligió no hablar demasiado de lo que le pasó, solo otorgó un par de entrevistas donde se refirió al impacto que había tenido en su vida el secuestro y a las secuelas del balazo que le dejó herida. También declaró que siente terror si está en territorios desolados y naturales y que la prensa no fue oportuna en los relatos que hizo de la historia. Muchos medios romantizaban el papel de los secuestradores cuando los llamaban los “hombres de montaña” mientras que contaban que ellos buscaban una compañera sexual o matrimonial. La pintaban como una historia exótica. Nada más lejos de la verdad, y eso la enojó mucho: eran secuestradores violentos, asesinos y punto. Tampoco eran hombres que se las rebuscaran con un medio de vida digno en la naturaleza porque dependían de sus robos para subsistir.

Al fin de cuentas lo que para ellos era una arriesgada “aventura”, para ella resultó un trauma que hasta el día de hoy le cuesta superar.

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