
En el siglo XIX, mientras la humanidad apenas asimilaba los cambios de la Revolución Industrial, Julio Verne concibió mundos en los que la tecnología visionaria superó los límites de su tiempo. Submarinos impulsados eléctricamente, viajes espaciales y comunicación audiovisual a distancia ya habitaban sus relatos, adelantándose décadas a la realidad.
Nacido el 8 de febrero de 1828 en Nantes, el escritor francés creció entre historias marítimas y una profunda curiosidad por la ciencia. Aunque inició estudios de Derecho en París, pronto los abandonó para dedicarse a la literatura, motivado por su pasión por la geografía, la astronomía y los avances técnicos.
Lejos de limitarse al entretenimiento, Verne aplicó un método riguroso para construir sus novelas. Consultó revistas científicas, mapas y manuales técnicos. Esta disciplina dotó a sus relatos de una verosimilitud científica, al combinar rigor, inquietud intelectual y espíritu explorador.
Entre sus anticipaciones más notables se destaca el Nautilus, el submarino eléctrico ideado por el Capitán Nemo en Veinte mil leguas de viaje submarino. Décadas antes de su invención real, Verne imaginó la propulsión eléctrica y la exploración oceánica autónoma. Dentro de la obra, Nemo reflexiona sobre la posibilidad de establecer una ciudad submarina autosuficiente, esbozando la idea de comunidades humanas bajo el océano, fuera del alcance de la superficie.

En De la Tierra a la Luna, describió cómo un grupo de artilleros planeó lanzar un proyectil tripulado al espacio. Analizó trayectorias, la ingravidez y rutinas de supervivencia fuera del planeta, anticipando aspectos clave de la exploración espacial cuando apenas se soñaba con abandonar la atmósfera.
Robur, personaje principal de Robur el Conquistador, presentó el Albatros, una nave voladora propulsada por hélices eléctricas. Sus capacidades de despegue vertical y maniobrabilidad adelantaron el concepto de helicóptero y, en una comparación moderna, de drones.
En La esfinge de los hielos, Verne introdujo un barco polar reforzado para soportar travesías por zonas congeladas, idea que resultó crucial para el desarrollo posterior de embarcaciones aptas para exploraciones en regiones polares.

En Las tribulaciones de un chino en China, aparecieron trenes capaces de alcanzar velocidades superiores a las conocidas en su época, anticipando el surgimiento de los trenes de alta velocidad que recorren el mundo hoy.
El cuento La jornada de un periodista americano en 2889 llevó al lector a un futuro donde existían vehículos impulsados por aire comprimido, planteados como una opción ecológica e innovadora para el transporte automatizado.
Otra visión avanzada se percibe en París en el siglo XX, donde Verne planteó un sistema de comunicación audiovisual capaz de conectar a personas en distintos puntos del mundo y modificar las relaciones sociales y laborales.

En El eterno Adán, introdujo el uso de la energía solar como fuente energética principal en una civilización futura. Esta apuesta por la sostenibilidad energética solo cobró fuerza real un siglo más tarde.
Por último, en La casa de vapor, un grupo de viajeros atravesó India a bordo de una máquina-vivienda móvil dotada de las comodidades necesarias para residir durante el viaje. Esta autonomía tecnológica anticipó el concepto de las casas rodantes modernas.
La influencia de Verne trascendió la literatura. Muchos ingenieros, científicos y exploradores reconocieron que sus novelas estimularon vocaciones y alimentaron sueños de progreso. No solo anticipó futuros posibles, sino que contribuyó a transformar la forma en que la humanidad imagina su destino.

Hoy, las obras de Verne mantienen su vigencia como ejemplo de la unión entre imaginación literaria y exploración científica. En cada lectura de sus Viajes extraordinarios, se confirma cómo la creatividad narrativa puede alimentar la innovación y el avance tecnológico incluso en el siglo XXI.
Julio Verne se convirtió en uno de los autores más traducidos del mundo, superando a figuras como Agatha Christie y William Shakespeare. Su prolífica carrera abarcó más de sesenta novelas, relatos cortos y ensayos, que inspiraron a generaciones de lectores y creadores de ciencia ficción.
Entre los científicos e inventores que reconocieron la influencia de Verne figuran Konstantín Tsiolkovski, pionero de la astronáutica rusa, y el explorador Jacques Cousteau, quien afirmó que su fascinación por el océano comenzó tras leer Veinte mil leguas de viaje submarino. La visión de Verne no solo se reflejó en los avances técnicos, sino también en el desarrollo de una mentalidad global orientada a la exploración y la innovación.
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