
En la película Tiempos modernos hay una escena que sintetiza el mensaje y espíritu del filme: una máquina diseñada para evitar pausas en el trabajo alimenta a los empleados que mientras comen deben seguir cumpliendo con sus tareas. Esa película, escrita, protagonizada y dirigida por el gran Charles Chaplin, estrenada el 5 de febrero de 1936, mostró cómo la automatización y la deshumanización transformaron el mundo laboral y la vida cotidiana.
El relato comienza con una multitud desplazándose hacia su lugar de trabajo. Un reloj marca el comienzo de la jornada mientras hombres y mujeres, semejantes a las ovejas que se ven en la primera escena, caminan por la ciudad y entran a la fábrica, donde el humo y el ruido dominan el ambiente.

El presidente de la empresa Electro Steel Corp observa todo desde una gran pantalla que simboliza la vigilancia panóptica y exige a los operarios que aumenten la producción. Esa enorme pantalla desde la que el CEO de la compañía controla cada sector ilustra la pérdida de privacidad y libertad de los trabajadores. Las órdenes se transmiten por altavoces y el ritmo de la productividad se acelera sin descanso.
En el centro de la línea de montaje aparece Charlot, el vagabundo al que le dio vida Charles Chaplin. Armado con dos tenazas, intenta ensamblar piezas que se mueven a un ritmo inalcanzable. El trabajo lo supera, tropieza y frena la cadena de producción causando molestias al patrón, que reacciona con más presión y velocidad.
El protagonista de la película, sometido a la rutina mecánica, no puede seguir el ritmo y termina absorbido por la máquina, en una secuencia que combina humor y desesperación. La imagen del operario devorado por el mecanismo atroz es una de las más recordadas del filme.
En Tiempos modernos el humor físico y los gags característicos de Chaplin conviven con escenas que exponen las consecuencias de la industrialización voraz. El personaje principal, al repetir movimientos mecánicos, se convierte en parte del engranaje y pierde su individualidad.
El filme se estrenó pocos años después de la caída de la bolsa de Wall Street y de la Gran Depresión, en un contexto donde el hambre y la miseria se expandieron. Chaplin, que nació en la pobreza, conoció esas privaciones desde niño. Su padre, alcohólico, abandonó a la familia y su madre, actriz, terminó internada en una institución psiquiátrica. Él y sus hermanos crecieron en hogares y orfanatos, lo que marcó su mirada aguda sobre la desigualdad, la precariedad y la explotación. La lucha de Charlot por un pedazo de pan en Tiempos modernos remite a la infancia del director, quien nunca olvidó sus orígenes y las carencias que sufrió.
Convertido en una celebridad Chaplin tuvo la oportunidad de conversar con figuras relevantes del siglo XX como el británico Winston Churchill o el indo Mahatma Gandhi, quien influyó en su visión sobre el avance tecnológico.
Su experiencia personal, sus relaciones con líderes políticos y su recorrida por un mundo con mucha pobreza, cimentaron la gestación de Tiempos modernos, una obra que abordó la temática de la desocupación y el impacto de la tecnología sobre el mundo del trabajo. En 1931 Chaplin había dicho que: “El desempleo es la cuestión vital. La maquinaria debería beneficiar a la humanidad. No debería significar una tragedia y dejar sin trabajo”.

Otra invención de la fábrica donde reina la crueldad es el aparato —mencionado al inicio de esta nota— que pretende alimentar a los empleados mientras trabajan, eliminando el tiempo de descanso. La máquina, fuera de control, gira un choclo dentro de la boca de Charlot a toda velocidad, provocando el caos y la risa en una escena emblemática y también repleta de significado.
La crítica de Chaplin a la mecanización de la vida cotidiana sigue presente en cada secuencia del filme. El mundo que retrata está poblado por personajes que intentan conservar su humanidad en medio de la rutina y la presión constantes.
Aunque el cine sonoro ya se había impuesto, Chaplin decidió que su célebre vagabundo se despidiera sin pronunciar palabras, salvo en una escena final. En ese momento, canta una melodía cuya letra carece de sentido, ya que el actor inventó las palabras sobre la marcha. Así, el personaje habla sin decir nada, logrando que el mensaje de la película supere cualquier barrera idiomática.
La compañera de ruta y aventuras de Charlot en Tiempos modernos es Gamin, interpretada por Paulette Goddard. Ella, una joven huérfana tras la muerte de su padre en una manifestación, sobrevive robando bananas para alimentar a sus hermanos y a otros niños. Ambos personajes se apoyan mutuamente para subsistir en un entorno hostil y mecanizado. La solidaridad entre ellos contrasta con la indiferencia del resto de la sociedad.
La actriz, que conoció a Chaplin en 1931, se convirtió en su esposa entre 1936 y 1942. La personalidad de Gamin se inspiró en los rasgos de Goddard.
Chaplin describió a ambos personajes como “los dos únicos espíritus vivos en un mundo de autómatas. Somos niños sin sentido de la responsabilidad, mientras que el resto de la humanidad está agobiado por el deber. Somos espiritualmente libres”.
El filme enfrentó la censura en la Alemania de Adolfo Hitler, la Italia de Benito Mussolini, donde fue prohibido por considerarlo comunista. El célebre actor explicó: “Los dictadores parece que creen que el filme es comunista. Es absolutamente falso. En vista de los acontecimientos recientes, no me sorprende la prohibición. Pero nuestro único propósito era divertir. Se trata sólo de mi viejo personaje, en las circunstancias de 1936. Como actor no tengo objetivos políticos. El filme parte de una idea abstracta; de un impulso para decir algo sobre la forma en que la vida es manipulada y canalizada, y en la que los hombres se transforman en máquinas...”.
Años después, durante la Guerra Fría y la caza de brujas del macartismo, en Estados Unidos el propio Chaplin fue señalado como comunista. Tuvo que comparecer ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas para responder sobre su supuesto activismo. La incomodidad con la recepción de sus películas y la presión política lo llevaron a dejar Estados Unidos y regresar a Europa.
La crítica social en su cine nunca fue bien recibida por todos. Sin embargo, el impacto de sus creaciones lo llevó a recibir un Oscar honorífico en 1972, ocasión en la que fue ovacionado durante 12 minutos, una especie de reconocimiento tardío de su influencia y de la vigencia de sus películas.
Además de ser un filme con un mensaje político profundo, Tiempos modernos fue la despedida del personaje Charlot, esa maravillosa creación de Chaplin de bastón, sombreo y bigote que ha quedado en el recuerdo de generaciones.
La temática abordada por la película Tiempos modernos sorprende por su atemporalidad. Esa es la esencia de una gran historia. La premisa de ese filme de 1936 es un mundo dominado por máquinas que provoca el desplazamiento masivo de personas. Una problemática que —cumplido el primer cuarto del siglo XXI— perdura debido a los mismos temores y amenazas de una sociedad tecnológica en rápida evolución. Temores y amenazas que se sienten en todo el mundo a medida que la inteligencia artificial, los chatbots y los coches autónomos se integran cada vez más en la vida cotidiana.
La historia de Tiempos modernos sigue siendo una referencia para quienes buscan entender el impacto de la industrialización y el avance de la tecnología en la vida de las personas, sin que haga falta añadir nada más a las imágenes y los hechos que Chaplin eligió mostrar hace 90 años.
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