
La noche del 28 de enero de 1985 transformó un estudio de Hollywood en el epicentro de uno de los eventos musicales más recordados del siglo XX. Cuarenta y cinco artistas de diferentes géneros y generaciones se reunieron en A&M Studios para grabar We Are the World. El objetivo era claro: recaudar fondos de emergencia para Etiopía, país africano asolado por la hambruna.
La convocatoria se programó estratégicamente para coincidir con los American Music Awards. Varios de los participantes ya se encontraban en Los Ángeles y pudieron dirigirse al estudio tras finalizar la ceremonia. La logística fue cuidada hasta el último detalle. En la entrada del estudio, un cartel puesto por el productor invitaba a las estrellas a bañarse de humildad: “Dejá tu ego en la puerta”. La consigna buscaba evitar rivalidades y enfocar la energía colectiva en la grabación.

Quincy Jones asumió la producción y dirección musical. Su experiencia resultó decisiva para coordinar un grupo tan diverso. El proceso de selección de voces fue meticuloso. Lionel Richie y Michael Jackson compusieron la canción a lo largo de varias sesiones privadas previas, trabajando letra y melodía hasta lograr una pieza coral que permitiera la integración de distintos estilos.
El ambiente en el estudio, según relataron varios presentes, combinó nerviosismo y respeto. Los intérpretes se ubicaron en semicírculo, siguiendo las indicaciones de Jones. Cada uno aguardó su turno, observando en silencio cómo sus colegas daban vida a una de las canciones más esperadas del momento. El horario era inusual: la cita comenzó pasada la medianoche y se prolongó hasta el amanecer.

Uno de los momentos destacados se produjo cuando Stevie Wonder propuso añadir versos en suajili como guiño a África, el continente destinatario de la ayuda. La idea no prosperó, ya que la mayoría de los artistas prefirió mantener la letra original en inglés. Esa anécdota fue recordada como muestra de las diferencias creativas que surgieron durante la grabación.
Durante la sesión, la presión resultó palpable para algunos. Huey Lewis admitió sentirse intimidado cuando le asignaron una parte solista al lado de Cyndi Lauper y Kim Carnes, ambas con estilos vocales muy distintivos. “No podía creer que estuviera ahí, cantando entre ellas”. La confesión refleja el clima de admiración y desafío que se vivió esa noche.

Las diferencias de estilo también generaron pequeños problemas técnicos. Los collares de Cyndi Lauper provocaban ruidos indeseados al acercarse al micrófono. Los ingenieros debieron pedirle que los retirara para poder grabar su parte sin interferencias. Lauper accedió sin dificultad, mostrando disposición para colaborar.
La grabación estuvo marcada por la improvisación y la colaboración espontánea. Cuando Bob Dylan tuvo dificultades para interpretar su línea, Stevie Wonder se ofreció a guiarlo frase a frase. La ayuda fue recibida con gratitud y permitió que Dylan completara su intervención sin inconvenientes.

El reparto de líneas solistas fue decidido por Quincy Jones, quien consideró tanto el registro vocal como la personalidad de cada intérprete. Algunos, como Bruce Springsteen y Stevie Wonder aportaron sugerencias para las armonías, buscando una sonoridad equilibrada. La convivencia prolongada en el estudio propició intercambios de anécdotas y bromas entre artistas que rara vez coincidían en un mismo ámbito.
La seguridad fue estricta. Solo los músicos, el equipo técnico y algunos allegados tuvieron acceso a la sala durante la noche. La prensa quedó excluida y no hubo filtraciones previas al lanzamiento oficial. Los organizadores cuidaron cada detalle para preservar el clima de trabajo y confidencialidad.
Las pausas entre tomas se aprovecharon para compartir comida, bebida y comentarios. Dionne Warwick fue una de las figuras que animó a sus colegas en los momentos de mayor cansancio. El sentido superior de misión colectiva para conseguir dinero para África ayudó a mantener la concentración durante las largas horas de grabación.
El proceso de composición de “We Are the World” requirió varias semanas de trabajo previo. Lionel Richie y Michael Jackson se reunieron en la casa de Jackson, donde probaron diferentes melodías y versos hasta dar con la versión final. Ambos buscaban un tema que pudiera transmitir un mensaje universal y reunir a múltiples voces en torno a una causa común.

Algunos artistas, como Billy Joel, describieron la experiencia como única: “Era como estar en una sala llena de tus héroes”. La frase ilustra el impacto que tuvo en los participantes verse rodeados de figuras legendarias de la música estadounidense.
La noche avanzó y el cansancio comenzó a notarse entre los asistentes. Sin embargo, el espíritu de colaboración se impuso sobre el agotamiento. La grabación se extendió hasta el amanecer del 29 de enero, cuando finalmente se completaron las tomas principales.

La iniciativa USA for Africa nació inspirada por el éxito del sencillo británico Do They Know It’s Christmas? Ellos saben que es Navidad?, que en 1984 había reunido a artistas (todos blancos) del Reino Unido con el mismo fin solidario. Los intérpretes eran en su mayoría blancos, y el legendario artista y activista por los derechos civiles Harry Belafonte pensó que era necesario incluir a las grandes estrellas negras en un nuevo disco a beneficio. “Tenemos a gente blanca salvando a gente negra. No tenemos a gente negra salvando a gente negra”, dijo Lionel Richie parafraseando cómo Belafonte le propuso el proyecto. “‘Necesitamos salvar a nuestra propia gente del hambre.’ Él intentaba que nosotros, el grupo más joven, nos involucráramos en lo que estaba ocurriendo en África. Yo le dije, por supuesto”. La versión estadounidense buscaba igualar y superar el impacto, tanto en recaudación como en visibilidad internacional.
La coordinación de agendas fue uno de los desafíos principales. Lionel Richie y Quincy Jones dedicaron semanas a contactar personalmente a los músicos, ajustando compromisos y horarios para garantizar la presencia de todos en la fecha señalada.

El sencillo fue lanzado oficialmente en marzo de 1985. La respuesta del público fue inmediata: "We Are the World" alcanzó el primer puesto en las listas de ventas de Estados Unidos y de varios países. La recaudación de las primeras semanas superó los 63 millones de dólares. Un 10 por ciento fue destinado a programas para construir viviendas en Estados Unidos por sugerencia de Wonder. El resto, tal y como se había convenido fue enviado a África para intentar paliar el hambre.
La imagen de los artistas reunidos en el estudio se difundió en portadas de revistas y noticieros de todo el mundo. El videoclip, registrado durante la sesión, acompañó el lanzamiento y reforzó la visibilidad del proyecto.
La participación de Ray Charles y Stevie Wonder generó un respeto particular entre los presentes. Billy Joel relató que la atmósfera se volvió solemne cuando ambos músicos tomaron el micrófono. La admiración era palpable incluso entre colegas de carrera.

La grabación de "We Are the World" también estuvo marcada por momentos de espontaneidad. Algunos intérpretes improvisaron armonías o sugirieron cambios sobre la marcha, siempre bajo la supervisión de Quincy Jones. El productor mostró mano firme para mantener la disciplina, pero permitió aportes que enriquecieron la versión final.
Un dato curioso: entre los que hicieron coros apareció el actor Dan Aykroyd, famoso por su carrera en la comedia. Como había actuado y cantado en la película Los Blues Brothers, se sintió en su salsa. Fue invitado por uno de los organizadores y su presencia fue aceptada sin objeción, sumando un elemento inesperado al conjunto.
La presencia de artistas tan diversos fue una de las características distintivas del proyecto. Desde leyendas como Diana Ross hasta símbolos como Bruce Springsteen, la nómina abarcó varias generaciones y estilos musicales. La integración fue posible gracias al compromiso de todos los convocados.

La experiencia de compartir el estudio durante horas propició alianzas y amistades entre músicos que rara vez coincidían fuera de eventos masivos. La convivencia forzada por la causa benéfica llevó a que muchos compartieran anécdotas personales y recuerdos de carrera.
La organización de la sesión incluyó medidas de seguridad adicionales para proteger a los artistas y preservar la confidencialidad del material grabado. El acceso al estudio fue controlado en todo momento y se prohibió el uso de cámaras o grabadoras externas.
Durante la noche, algunos intérpretes manifestaron nerviosismo ante la responsabilidad de cantar líneas solistas en presencia de colegas tan influyentes. Huey Lewis, por ejemplo, reconoció sentirse presionado al compartir sesión con Cyndi Lauper y Kim Carnes.
La dirección musical de Quincy Jones fue reconocida por su eficacia. El productor supo equilibrar las propuestas individuales con la necesidad de lograr una interpretación coral coherente. Su autoridad fue aceptada sin reservas por todos los presentes. El resultado de la sesión fue una grabación que combinó voces y estilos en una sola pieza.

Los participantes valoraron la oportunidad de contribuir a una causa global a través de su arte. Para muchos, la experiencia en A&M Studios fue irrepetible y quedó registrada como una de las reuniones más relevantes de la música popular estadounidense.
El proyecto USA for Africa demostró la capacidad de la industria musical para organizar iniciativas solidarias a gran escala. La colaboración entre artistas, productores y técnicos resultó esencial para el éxito de la campaña.
La noche del 28 de enero de 1985, las voces más reconocidas de la música estadounidense se unieron en una causa común. Fue algo extraordinario. En palabras de Lionel Richie: “Nunca antes había sentido una energía así en un estudio”. El testimonio sintetiza el clima excepcional que se vivió esa noche. Hace exactamente 41 años.
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