
El 15 de mayo de 1968, el agricultor Maxwell Garvie desapareció de su casa en Kincardineshire, Escocia. Sheila, su esposa, denunció la ausencia esa misma mañana. Las autoridades locales iniciaron una intensa búsqueda en la región, mientras la comunidad observaba expectante. La familia integraba la sociedad local, vivía con holgura y mantenía un perfil aparentemente ejemplar.
Nadie sospechaba que, detrás de una imagen intachable, existía un entorno familiar marcado por la tensión, el desequilibrio y conductas extremas. El matrimonio, sellado en 1955, incluyó a tres hijos y una vida social activa. Sin embargo, las apariencias ocultaban una realidad compleja y peligrosa en el seno del hogar.
Durante meses, el paradero de Maxwell desconcertó a la policía. La investigación tomó un giro inesperado cuando, tres meses después, las autoridades descubrieron el cadáver en un conducto subterráneo próximo a St Cyrus. La autopsia reveló un disparo en el cuello y fractura de cráneo.

Los secretos de Kinky Cottage salen a la luz
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, Maxwell, inquieto por su entorno y deseoso de sensaciones extremas, adoptó hábitos cada vez más riesgosos.
Según la investigación de Crime Investigation, desarrolló una vida paralela: consumo de alcohol y fármacos, obsesión con el nudismo, intercambio de parejas y encuentros sexuales con varios hombres y mujeres. Incluso, convenció a Sheila para participar en fiestas privadas y, con el tiempo, habilitó su finca —conocida como “Kinky Cottage”— para reuniones orgiásticas.
Los conflictos se intensificaron. Sheila experimentó resistencia, miedo y angustia ante el comportamiento de su esposo. Maxwell la forzó a aceptar sus deseos, profundizando su aislamiento. La relación se tornó insostenible y ella encontró apoyo en Brian Tevendale, joven barman cuya familia poseía el Bush Hotel de St Cyrus.
Tevendale y Sheila comenzaron un vínculo amoroso. Maxwell, lejos de aceptar la situación, reaccionó con amenazas y violencia. De acuerdo con Crime Investigation, ella intentó huir junto a Brian, pero Maxwell los persiguió y la obligó a regresar, emitiendo amenazas de muerte si volvía a escapar.

De acuerdo con lo expuesto durante el juicio, en la noche del crimen Sheila dejó ingresar a Brian a la vivienda mientras su esposo dormía. El tercero en discordia golpeó con la culata de un rifle a Maxwell y luego le disparó en la cabeza. Más tarde, ambos ocultaron el cuerpo en un conducto subterráneo, donde fue encontrado por la policía varios meses después.
La madre de Sheila, alertada por su intuición, compartió sus sospechas con la policía. De acuerdo con Crime Investigation, ambas familias quedaron conmocionadas cuando Sheila y Brian fueron arrestados y procesados por asesinato.
Durante el juicio, ambos acusados se incriminaron mutuamente. Sheila declaró haber despertado tras los hechos, mientras Brian argumentó que actuó influenciado por el deseo de complacerla. El proceso judicial atrajo la atención nacional: la comunidad no había presenciado un caso tan escandaloso.

Finalmente, el tribunal encontró culpables a ambos, aunque por distintos grados de responsabilidad. Sheila y Brian recibieron condena a cadena perpetua. El vínculo afectivo quedó destruido de forma irreversible. Ella, desde la cárcel, comunicó mediante una carta su decisión de cortar toda relación con su amante.
En 1978, ambos salieron en libertad. Tevendale manifestó remordimiento por sus actos mientras Sheila reconstruyó su vida y publicó un libro. Él falleció en 2003, poco antes de mudarse a Gambia, y ella vivió sus últimos años lejos del foco público y murió en 2014 a los 80 años, afectada por Alzheimer.
Según True Crime Caitlyn, la opinión pública juzgó duramente a Sheila en su momento y no consideró su situación como víctima de violencia y abuso. La investigación actual, compartida en plataformas digitales, rescata esta dimensión del caso: una mujer atrapada en una realidad de control, miedo y pocas alternativas de escape.
La historia de los Garvie aún fascina a los seguidores de los crímenes reales. El caso expuso la fragilidad de las apariencias y los límites del sufrimiento humano ante la violencia doméstica. El nombre de Maxwell Garvie resuena en los archivos criminales de Escocia como ejemplo de un crimen tan brutal como inesperado, cuyas consecuencias marcan hasta hoy la memoria colectiva.
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