
Hay dos himnos que son los más famosos del mundo: La Marsellesa y La Internacional.
La Marsellesa nadie discute que fue la obra de Rouget de Lisle y se llamó originalmente “Canto de guerra de las armadas del Rin”. Y aunque Tchaikovsky usó un fragmento en su Obertura 1812, y cada tanto se la usa en películas como Casablanca, y hasta Robert Schumann la utilizó en alguna de sus canciones, nadie debe pagar derechos por ello.
Conflictos de autores
No fue así con La Internacional, cuya autoría fue objeto de un juicio que duró décadas y hasta el 2014 se debía pagar derechos de autor.
La historia cuenta que Eugene Pottier fue un fundador de la Cámara Judicial de talleres de dibujantes y un militante de la Primera Internacional. Su fervor socialista fue volcado en una serie de poemas llamados "Cantos Revolucionarios".
Al compositor belga Degeyter le fue encargado musicalizar estos versos, y así nació la marcha de La Internacional, que por primera vez se ejecutó en 1888. Fue tan popular que para 1910 era el himno de todos los trabajadores del mundo, representados en el Congreso de Copenhague.

Nueve años más tarde, Lenin la adoptaba como himno de la Unión Soviética.
El himno de la URSS
Hasta allí todo bien, pero resulta que Pierre Degeyter se peleó con los miembros del Partido Socialista y se desafilió.
En plena pelotera, el hermano de Degeyter, Alphonse, reclamó los derechos de autoría, ya que La Internacional estaba a nombre de Pottier y Degeyter sin declarar de cuál de los dos hermanos se trataba.
Como las tensiones políticas se dan hasta en las mejores familias, Alphonse decidió hacerle pasar un mal momento a Pierre y reclamó la autoría.
Pierre no se quedó atrás y comenzó un juicio para valer sus derechos, pero como los miembros del partido se habían confabulado, declararon que Alphonse era el autor y, después de ocho años, perdió el juicio.
¿Qué más podía hacer Pierre para ser reconocido como autor? Pues nada… hasta que Alphonse fue reclutado para participar en la Primera Guerra, donde la pasó pésimo: se enfermó, fue hospitalizado, se deprimió y al final se suicidó en 1916, no sin antes dejar una carta donde confesaba que había mentido y reconocía la autoría a Pierre.
Así que el tribunal parisino debió volver atrás el veredicto y, 34 años más tarde de haberla compuesto, en diciembre de 1922, Pierre fue declarado autor de la marcha más escuchada del momento.

Resulta que alguien, no se sabe quién ni si lo hizo de malo o por ignorante, había escrito en la lápida de Alphonse que él era el compositor de La Internacional.
A Pierre le costó otros 10 años de trámites judiciales lograr que borraran esa mentira de la lápida de su hermano.
Como ven, la justicia se toma su tiempo, ahora y antes también.
En 1932, los bolcheviques invitaron a Pierre a Moscú para ver desfilar al Ejército Rojo al son de La Internacional. Stalin le otorgó una pensión, ya que se negaba a pagar los derechos de autor que exigía el mundo capitalista. Al menos le “tiraban unos rublos” a su autor.
Vuelto de ese viaje tan emotivo, Pierre Degeyter cayó enfermo, murió y fue enterrado en el cementerio de Saint Denis, uno más apropiado para un socialista que el aristocrático cementerio de Père Lachaise.
Cambios en la letra
La música de La Internacional ha permanecido idéntica, no así la letra, que en su versión francesa dice: “Arriba, parias de la tierra, en pie, famélica legión”. A la vez que la versión española habla “de los parias de la tierra, en pie en familia versión”. Mientras que la cubana pone en pie “a los esclavos sin pan”.
En cuanto a los derechos de autor, muchos han pensado que, al ser una marcha marxista, nadie pagaba derechos de autor —un invento propio del “inmundo capitalismo”—, pero no era así. Los derechos son derechos y hay que pagarlos.
Obviamente no siempre se puede multar a todo el mundo que cante o silbe la marcha, pero han llegado a cobrar mil euros de multa al director de cine Pierre Merejkowski porque, en una escena de una de sus películas, de apenas escasos segundos, el protagonista silba La Internacional.
Cosa del capitalismo.
Pero no hay mal que dure cien años.
Desde el 2014 usted puede cantarla a voz en pecho sin pagar.
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