
En la primavera de 2016, un asesinato múltiple estremeció la vida tranquila de Piketon, Ohio. Ocho integrantes de la familia Rhoden fueron asesinados en sus casas en un solo día, desencadenando una investigación que desenterró un conflicto marcado por el resentimiento y la obsesión por la custodia de una niña.
A lo largo de los meses, el caso expuso alianzas rotas, planes calculados y la decisión fatal de una familia cercana: los Wagner. El caso desnudó alianzas rotas, planes calculados y el impacto devastador de la violencia cuando irrumpe en el corazón de una familia.
Una noche de horror y desconcierto
La madrugada del 22 de abril de 2016 marcó el inicio de la mayor investigación criminal en la historia de Ohio. Ese día, ocho miembros de la familia Rhoden, distribuidos en cuatro casas-tráiler, fueron encontrados asesinados con disparos a quemarropa, en escenarios de absoluta violencia y desolación.
Según reportó The New York Times, las víctimas fueron ejecutadas mientras dormían y algunas tenían las manos cubiertas con bolsas de plástico, en un intento de impedir que quedaran rastros de los asesinos.
Entre tanta brutalidad, lo que más llamó la atención de la policía fue la supervivencia de tres niños: un bebé de solo cuatro días, otro de seis meses y uno de tres años, quienes fueron hallados junto a los cuerpos de sus familiares. De acuerdo con la reconstrucción de The Guardian, la escena impactó fuertemente a los vecinos, que veían imposible asociar semejante violencia con la vida rural de Piketon.

Según detalló The Washington Post, los familiares y allegados que encontraron los primeros cadáveres quedaron marcados por el horror: Bobby Jo Manley, cuñada del clan Rhoden, fue quien realizó la desesperada llamada al 911 y alertó sobre la masacre.
Primeras sospechas y un pueblo en vilo
De inmediato, la investigación escaló a un operativo de gran alcance. Según The New York Times, la policía barajó al principio distintas hipótesis, incluidas posibles conexiones con el narcotráfico, ya que en varias casas de los Rhoden se localizaron plantaciones de marihuana y jaulas para gallos de pelea.
Sin embargo, en entrevistas brindadas a The Guardian, el entonces sheriff Charles Reader explicó que la cantidad de droga encontrada era insuficiente para explicar una masacre de ese calibre y que los animales no habían reaccionado ante extraños, lo que reforzaba la teoría de que los atacantes eran conocidos de las víctimas.
Durante meses, la comunidad permaneció en alerta y el miedo creció entre los habitantes de Piketon. Como puntualizó The Washington Post, el sheriff recomendó a los familiares sobrevivientes que adquirieran armas de fuego para protegerse, mientras los investigadores recopilaban pruebas sin avances sustanciales, sumiendo al pueblo en una espiral de temor y sospechas.
El conflicto por la custodia que encendió la mecha
La investigación, estancada durante meses, dio un giro en 2017 cuando la fiscalía enfocó su atención en la familia Wagner, antiguos amigos y socios de los Rhoden. Según detalló The New York Times, el detonante de la disputa fue la custodia de Sophia, hija de Jake Wagner y Hanna Rhoden, una confrontación que agudizó las tensiones y el resentimiento entre ambas familias.

The Guardian reveló que los Wagner comenzaron a preparar el ataque ocho meses antes de la masacre, recolectando información sobre las rutinas, sistemas de vigilancia y hasta falsificando documentos para evitar sospechas. Las discusiones y amenazas en torno a la custodia se habían intensificado a tal punto que, en la semana previa a los asesinatos, los patriarcas de ambas familias protagonizaron una fuerte confrontación.
Tras el crimen, la familia Wagner se mudó repentinamente a Alaska. Según The Washington Post, esta decisión fue interpretada como un intento de desaparecer y garantizar que la custodia de la niña quedara, aunque fuera temporalmente, bajo su control. El regreso a Ohio, motivado por dificultades económicas, reabrió la pista decisiva para la fiscalía.
Arrestos, proceso judicial y nuevas revelaciones
El 13 de noviembre de 2018, la investigación culminó en la acusación formal y arresto de seis miembros de la familia Wagner. The New York Times informó que George “Billy” Wagner III, Angela Wagner, sus hijos George IV y Jake, y las abuelas Rita Newcomb y Frederika Wagner, fueron imputados por homicidio agravado, encubrimiento y perjurio, con posibilidad de pena de muerte para los principales acusados.
El fiscal general de Ohio, Mike DeWine, describió a The Guardian la magnitud del operativo: se examinaron archivos digitales, compras de municiones y registros de búsqueda sobre métodos para evadir la justicia, lo que fue determinante para fundamentar la acusación.

Durante los interrogatorios, los Wagner afirmaron que no existían pruebas de ADN o testigos directos que los vincularan con la escena del crimen, aunque, como remarcó The Washington Post, la contundencia de las pruebas circunstanciales sirvió para consolidar las imputaciones.
El juicio y la investigación se vieron atravesados, además, por cambios en el escenario político local: DeWine fue electo gobernador y el sheriff Reader terminó imputado por corrupción, añadiendo una capa más de complejidad al proceso judicial en curso.
Piketon, herida por una tragedia generacional
La masacre de Piketon dejó una herida difícil de cerrar en la vida rural de Ohio. Los niños que sobrevivieron, entre ellos la pequeña Sophia, crecieron marcados por la ausencia de sus seres queridos y bajo el cuidado de familiares y el seguimiento de las autoridades, como expuso The New York Times. Sus historias son testimonio de las secuelas íntimas y duraderas que deja la violencia cuando irrumpe en el núcleo familiar.
Actualmente, varios miembros de la familia Wagner permanecen en prisión por su implicación en los asesinatos. Jake Wagner se declaró culpable en 2021 y fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, tras confesar ser uno de los autores materiales de la masacre, como reportó The Guardian. George Wagner IV fue juzgado y declarado culpable en 2022, recibiendo la cadena perpetua. Angela Wagner, madre de Jake y George, aceptó un acuerdo de culpabilidad y enfrenta una larga condena. Por su parte, Billy Wagner continúa detenido y esperando la conclusión de su proceso judicial, enfrentando cargos que seguramente deriven en cadena perpetua.
La custodia de Sophia, la niña que detonó el conflicto, quedó a cargo de familiares maternos tras el arresto de los Wagner. Para la sociedad de Piketon, el caso ya no es solo un recuerdo doloroso, sino una advertencia tangible de cómo un conflicto familiar fue capaz de desatar el caso policial más estremecedor en la historia reciente de la región.
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