“Tuca Tuca”, ombligos y censura: Raffaella Carrà,“la madre de todas las rubias del pop” y su audacia en los setentas

Ícono de la televisión y la música italiana, la cantante y bailarina desafió los límites de sociedades puritanas, con vestuarios provocadores y coreografías que no gustaron nada al Vaticano. A cuatro años de su muerte, su influencia y el vínculo estrecho que mantuvo con la Argentina donde filmó una película

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Raffaella Carrá y Alberto Sordi. "Tuca tuca"

Hoy se cumplen cuatro años de la muerte de la inolvidable Raffaella Carrà. La eterna rubia italiana que, a principios de los setentas, sedujo a europeos y sudamericanos con canciones consideradas subidas de tono para la época que se convirtieron en éxitos. En el escenario brillaba enfundada en trajes con transparencias y lycra bien pegados a sus formas curvilíneas, que no dejaban nada librado a la imaginación, mientras era alzada en el aire por un grupo de bailarines vestidos con lycras de colores, vinchas y el torso desnudo.

Sus letras hablaban de amor y sexo sin tabúes en una época puritana. “Para hacer bien el amor hay que venirse al Sur. Para hacer bien el amor iré donde estás tú. Sin amantes, quién se puede consolar, sin amantes, esta vida es infernal”, cantaba sin dejar de bailar.

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Raffaella Carra
Afiche de la película Barbara, que filmó en la Argentina

Pegadizas, enérgicas y alegres, canciones como “53 53 456”, con sus versiones en español, quedaron grabadas en la memoria popular y en el corazón a juzgar por las imágenes de su funeral con asistentes desconsolados. Raffaella tenía carisma. Era amada más allá de Italia. Era imposible no quererla. Su estilo fue antecedente de muchas artistas que luego replicaron puestas escénicas similares. Pero ella lo hizo primero.

Aunque por ser italiana y por su repertorio musical, no siempre se la reconoció como pionera del “pop sexy”. Los medios italianos replicaron el concepto de que ella fue “la madre de todas las rubias del pop”, en alusión a Madonna, Lady Gaga y todas las que siguieron. “La tuvimos en casa muchas décadas antes”, argumentaron los medios, que están convencidos de que su blonda fue una fuente de inspiración y allanó el camino a la mismísima reina del pop. En el año 2000, Raffaella entrevistó a Madonna en un impecable inglés para su programa, aunque la cantante norteamericana, con un look western por el álbum Music que acababa de presentar, no se mostró especialmente cálida e interesada en tamaña figura.

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Una presentación de la diva italiana en los estudios de la Televisión española en 1981

Carrà fue un símbolo de libertad sexual. Su estilo, audaz y provocador, causó escándalo en España durante una de sus giras, donde guardan registros. Así lo recuerda el programa Cachitos de hierro y cromo de la televisión pública española, donde se repasan clips musicales con subtítulos irónicos. En un episodio que incluye su canción Caliente Caliente, vestida de rojo, recuerdan lo escandaloso que era para la época. Seguramente más de un televidente se habría persignado al verla. “Por las noches me despierto abrazada a la almohada y con deseos de amar. Será que ya es primavera. No sé. Caliente, caliente”, recitaba sin perder la sonrisa, mientras sacudía las caderas o sensualmente su pelvis.

En 1971, su canción Tuca Tuca generó malestar en el Vaticano. En la coreografía, vestida con un top que dejaba ver su ombligo - fue la primera italiana en mostrarlo un año antes-, tocaba distintas partes del cuerpo de su compañero de baile al ritmo de “Mi piace” (Me gusta) mientras a su turno dejaba tocarse ella. “Cuando la canté con un grandísimo artista italiano que se llama Alberto Sordi, el Vaticano se quedó mudo", relató la artista entre risas al recordar su actuación del tema en un programa de radio de la Cadena Ser. El diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, la criticó con dureza. Sin embargo, ella nunca se enfrentó a la Iglesia: era creyente y espiritual. Ya en los años noventa, durante su programa Pronto, Raffaella, que sirvió de inspiración a Hola Susana, recibió a la Madre Teresa de Calcuta. Aquel encuentro, según dijo, fue profundamente emotivo.

Raffaella Carrá siempre bailaba y quedaba entre los brazos de sus bailarines que la llevaban de un lado a otro  EFE/ Archivo
Raffaella Carrá siempre bailaba y quedaba entre los brazos de sus bailarines que la llevaban de un lado a otro EFE/ Archivo

Temas como Fiesta, En el amor todo es empezar y Hay que venir al sur fueron éxitos globales, solo por mencionar algunos. El repertorio fue amplio.

En los actos escolares, las coreografías de Raffaella podían colarse en los escenarios. Existió una Raffaella manía. Es que la estrella italiana visitó la Argentina en varias oportunidades. La primera fue en octubre de 1978, plena dictadura militar, como parte de una gira por América del Sur. Agotó seis funciones en el Luna Park, se presentó en el Teatro Ópera y cerró su visita con un recital en el estadio Vélez Sarsfield. A año siguiente, visitó Mar del Plata para una serie de shows en el Gran Hotel Provincial y el furor fue tal que los fans acamparon en las inmediaciones. En octubre de 1979 regresó con más recitales y en 1980 filmó en Buenos Aires una película, Bárbara, coprotagonizada por Jorge Martínez, un galán de la época. En 1982 dio sus últimos conciertos en el Gran Rex.

Queda claro que su relación con la Argentina era intensa y esto se debe también a la fuerte inmigración italiana en el país. “Yo he estado en América varias veces. Veía a la Argentina como un país muy lejano para ir a trabajar. Y cuando he bajado del avión me encontrado gente como los italianos. Absolutamente iguales. Me he encontrado como en mi casa”, contó en una entrevista de la TVE. Su última visita fue en octubre de 2005, cuando participó en el programa televisivo “La noche del 10”, conducido por Diego Maradona.

Raffaella Carrà interpreta 5353456, uno de sus hits en el Luna Park, en octubre de 1979

Nacida en tiempos de guerra

El nombre que figuraba en su documento era Raffaella María Roberta Pelloni. Nació el 18 de junio de 1943, en tiempos de guerra y bombardeos. Su padre abandonó a la familia, y ella intentó abrirse paso en la danza clásica desde los diez años. Pero no logró destacarse. Si bien había debutado como actriz a los 9, en la película Tormento del pasado, tampoco encontró su lugar. Incluso después de haber trabajado en Hollywood con Frank Sinatra. “No se le daban bien los primeros planos, quizás porque su gran don era su capacidad para expresarse con el cuerpo”, sostuvo el cineasta Marco Bellocchio, quien la conoció en el Centro Experimental de Cine en los años sesenta.

Cantante, compositora, bailarina, coreógrafa, actriz y presentadora, Carrà encarnó todas esas facetas. Murió sin haber tenido hijos. En sus últimos años, evitaba entrevistas. A los 76 años se declaraba “retirada del amor”. Disfrutaba del silencio de su mansión en Roma y nunca creyó en el matrimonio como institución. “Está caduco”, solía decir.

El amor que recibió en su funeral por parte del pueblo italiano fue inmenso (REUTERS/Yara Nardi)
El amor que recibió en su funeral por parte del pueblo italiano fue inmenso (REUTERS/Yara Nardi)

Su primer gran amor fue Gianni Boncompagni, productor y artífice de su proyección internacional. Él le llevaba 11 años. “No le enseñé nada, nació así”, declaró el hombre alguna vez, quien murió en 2017.

Más tarde, en los años 80, conoció al coreógrafo Sergio Japino, esta vez 11 años menor que ella. Con él compartió el escenario en programas como Fantástico 3 y Pronto, Raffaella?, con un éxito masivo. Aunque se separaron en los 90, mantuvieron una relación estrecha hasta su muerte. Hicieron juntos giras y espectáculos memorables.

La unión entre Carrà y Japino duró casi tres décadas. Consultada por El País, la conductora de ¡Che sorpresa! definió a Japino como un guía, un apoyo y una presencia luminosa. Ella misma explicó que su carrera postergó el deseo de ser madre: “Fue una pena, pero la vida se dio así”. Dos sobrinos ocupaban un lugar especial en su corazón.

Fue Japino quien anunció su muerte con estas palabras: “Raffaella nos dejó. Se fue a un mundo mejor, donde su humanidad, su inconfundible risa y su extraordinario talento brillarán para siempre”. Más tarde reveló que padecía cáncer de pulmón desde hacía un año. La misma enfermedad había causado la muerte de su hermano Vincenzo en 2002 y de su madre Iris Dellutri en 1987.

Raffaella Carrà
Raffaella junto su segunda pareja, el bailarín y coreógrafo Sergio Japino, en 1979 (Photo by IPA/Sipa USA)

“El cáncer había atacado su cuerpo menudo, pero lleno de energía”, contó Japino. “Era una mujer fuera de lo común, pero dotada de una simplicidad sorprendente. No tuvo hijos, pero decía siempre que tenía miles de ellos”. También explicó por qué eligió no revelar su enfermedad: “Fue un gesto de amor hacia su público, para que su calvario personal no turbase su recuerdo luminoso”.

Sobre ella, dijo además: “Tenía una fuerza imparable que la llevó a la cumbre del star system mundial y una voluntad férrea que no la abandonó hasta el último minuto”.

En 2020 se estrenó Explota Explota, una película protagonizada por Ingrid García-Jonsson, nominada a tres premios Goya, que explora su figura desde la ficción, aunque su vida personal permaneció siempre en un plano reservado.

Su muerte, el 5 de julio de 2021, tomó por sorpresa al público. Así comienza el documental Raffaella, dirigido por Daniele Luchetti y estrenado por Disney+, donde se aborda su legado como ícono de la cultura popular y del empoderamiento femenino.

Seguramente habrá más documentales. El mundo la extraña.

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