La carretera que atraviesa Alba, un poblado minúsculo y casi imperceptible del este de Texas, es de esas que parecen no conducir a ninguna parte. Árboles bajos, casas de madera desperdigadas, un par de iglesias, y más adelante, si uno avanza lo suficiente, una curva cerrada que lleva hacia el bosque.
En la quietud de ese paisaje sin sobresaltos se encontraba, a pocos metros del camino, la casa de los Caffey. La familia había vivido allí durante años sin alterar el orden del pueblo.
Iban a la iglesia, tocaban música juntos los domingos, y compartían una rutina familiar sin mayores excentricidades. Penny y Terry Caffey criaban a sus tres hijos en un hogar que, a simple vista, encarnaba los valores más tradicionales del sur estadounidense.

Pero en la madrugada del 1 de marzo de 2008, ese lugar callado se convirtió en escenario de una masacre.
Según documenta la cadena ABC, fue poco después de la medianoche cuando Terry Caffey se despertó sobresaltado por el estruendo de unos disparos. En ese instante, dos jóvenes habían ingresado a la casa con armas de fuego y una katana.
Uno de ellos, Charlie Wilkinson, de 19 años, había sido hasta pocos días antes el novio de Erin, la hija de los Caffey. Lo acompañaba Charles Waid, de 20 años, amigo cercano y cómplice.

Penny, la madre, fue la primera en morir. La mataron en su dormitorio, y cuando Terry logró acercarse a su cuerpo, descubrió que la habían casi decapitado. “Cuando la vi, era una escena terrible… su cabeza casi desprendida. Supe que estaba muerta”, relató el propio Terry a ABC en el programa Final Witness.
Los atacantes no se detuvieron. Matthew, el hijo de 13 años, conocido como Bubba, se despertó por los ruidos y salió de su habitación. Le dispararon en el rostro. Tyler, el menor de ocho años, había buscado refugio en el armario de su cuarto.
Los agresores lo encontraron y, según el testimonio de Terry, “se turnaron para apuñalarlo hasta matarlo”. La descripción del asesinato de Tyler fue, según sus palabras, en una entrevista con el periodista Piers Morgan, “lo más difícil” de procesar. “Sentí que tenía que haber hecho algo para salvarlos, pero no pude”, confesó al borde del llanto. Para ese momento, la casa ya había sido incendiada.

A Terry le dispararon cinco veces. Sangrando y semiinconsciente, logró arrastrarse hasta una ventana. Las llamas y el humo negro lo obligaron a quedarse en su habitación por algunos minutos más. Cuando finalmente pudo salir, se arrastró 300 metros hasta la casa más cercana, donde un vecino llamó al 911.
Fue trasladado en helicóptero a un hospital. Sobrevivió, aunque con heridas graves. Aún en cama, con tubos conectados a su cuerpo, recibió la noticia que lo quebraría de una forma distinta: su hija Erin, de 16 años, había sido detenida y acusada de ser la mente detrás del asesinato de su propia familia.
Según Daily Mail, el motivo inmediato fue que sus padres le prohibieron seguir viéndose con Wilkinson, a quien consideraban una mala influencia. Dos días después de esa discusión, se organizó el ataque.
Erin esperó en un auto estacionado fuera de la casa, acompañada por Bobbi Johnson, la novia de Waid, mientras sus cómplices perpetraban los asesinatos. Todos fueron arrestados en cuestión de días.

Ante la evidencia, y frente a una posible condena a muerte, los cuatro se declararon culpables.
Durante la audiencia de sentencia, según reportó KLTV, Erin apareció asustada. Su padre estuvo allí, tomó su mano, la consoló. Fue él mismo quien pidió que no se les aplicara la pena capital. “Me di cuenta de que si dejaba que el odio me consumiera, iba a convertirme en una persona amarga, y eso no es lo que soy”, explicó más tarde a ABC.

Terry se autodefine como predicador y asegura que fue la fe lo que lo ayudó a perdonar. “Es tiempo de perdonar. Es tiempo de volver a disfrutar la vida. La vida continúa”, dijo. Su hija recibió dos cadenas perpetuas y una sentencia adicional de 25 años. No será elegible para libertad condicional hasta los 59 años. Wilkinson, Waid y Johnson también fueron condenados por tres asesinatos.
El enfoque mediático sobre el caso fue feroz. Ocho años después, la cadena ITV llevó a cabo una entrevista con Erin desde la cárcel, conducida por el periodista Piers Morgan, en el marco de la serie Killer Women.
Erin asegura en la entrevista que no fue idea suya matar a su familia, que fue Wilkinson quien propuso el plan. Pero los fiscales, creen que fue ella quien lo ideó.
El testimonio de los acusados y las pruebas recopiladas por la fiscalía sustentaron esa versión en el juicio. El fiscal del condado de Rains, Robert Vititow, declaró a KLTV que, aunque Erin podría ser elegible para libertad condicional en unas décadas, “las probabilidades de que eso suceda son muy bajas”.
Terry, por su parte, ha rehecho su vida. Se volvió a casar y vive en Wills Point, Texas, con su nueva esposa y sus dos hijastros. Visita a Erin en prisión.
Se ha convertido en orador y recorre el país contando su historia. En declaraciones a ABC, afirmó que su deseo es sobrevivir lo suficiente para estar allí el día que Erin salga en libertad. “Quiero ir a buscar a Erin. Quiero que caminemos del brazo y no miremos atrás”.
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