
Seinfeld, la sitcom creada por Larry David y el propio Jerry Seinfeld para la cadena NBC, considerada por publicaciones como Rolling Stone, TV Guide y Entertainment Weekly como una de las mejores series de todos los tiempos, llegó a su fin la noche del 14 de mayo de 1998. Unos 76 millones de personas encendieron sus televisores para ver el último episodio, convirtiéndolo en el cuarto final de serie más visto en la historia de la televisión estadounidense.
Las expectativas eran altísimas para un programa tan original como irreverente. Sin embargo, el cierre generó descontento entre buena parte de sus seguidores. El desenlace fue controvertido: hubo pocas situaciones cómicas, escenas extensas y un final en el que los personajes terminan encarcelados. Howard Rosenberg, de Los Angeles Times, lo calificó de “arrogante” y “moralista”. Tom Shales, de The Washington Post, fue aún más lapidario: “Fue un final increíblemente malo”.
Una serie sobre “nada” que casi no se emite
Definida por sus creadores como “una serie sobre nada”, Seinfeld estuvo a punto de no ver la luz. La idea original era retratar cómo los comediantes toman material a partir de situaciones cotidianas. NBC aprobó el piloto con reparos y solicitó algunas modificaciones antes de permitir la producción de más episodios.
El elenco estaba compuesto por actores poco conocidos. Jerry Seinfeld, ya una figura del stand-up, interpretaba una versión ficcional de sí mismo. Jason Alexander encarnaba a su mejor amigo, George Costanza, un personaje inspirado en Larry David. Julia Louis-Dreyfus, también poco conocida por entonces, interpretaba a Elaine Benes, exnovia y amiga del protagonista. Por su parte, Michael Richards daba vida a Cosmo Kramer, el excéntrico vecino del departamento de enfrente, un personaje que fue ganando protagonismo con el tiempo.
El escenario principal era el modesto departamento de Jerry, situado en el Upper West Side de Nueva York, con una cocina repleta de cajas de cereales. Además del departamento, los otros espacios recurrentes eran una cafetería, estaciones de subte, tintorerías, panaderías y restaurantes: lugares cotidianos en los que los personajes compartían obsesiones, conflictos y conversaciones absurdas.

El retrato de la mezquindad
Durante nueve temporadas ininterrumpidas, Seinfeld revolucionó la televisión con una fórmula novedosa: protagonistas profundamente defectuosos, egoístas, sarcásticos e indiferentes a las convenciones sociales se ganaban el afecto del público. En un contexto donde aún primaban los héroes bondadosos y las historias de redención, los personajes de Seinfeld rindieron culto a la soltería, a la amistad, y a la ironía.
Cada episodio reflejaba escenas cotidianas, como perder el auto en un estacionamiento, y situaciones absurdas como los motivos de ruptura del propio Jerry con las chicas que salía -unas 38 a lo largo de las 9 temporadas-: una novia porque usaba siempre el mismo vestido, otra con una risa molesta que lo avergonzaba, y una más cuyas manos le parecían “demasiado masculinas”.

Lo políticamente incorrecto atravesaba la serie. Uno de los momentos más recordados muestra la cara de desagrado de Jerry y Elaine al visitar a unos amigos que tuvieron un bebé. Cuando se acercan a la cuna exclaman al unísono “¡Hermoso!” cuando su expresiones revelan todo lo contrario. El absurdo era una marca registrada, como en el capítulo en que Elaine baila tan mal en una fiesta de trabajo, que arruina su imagen profesional. Es el hazmerreír de la fiesta. George Costanza, por su parte, dejó escenas memorables de cobardía y egoísmo, como cuando, en medio de un incendio en una fiesta infantil, intenta escapar primero, empujando niños y mujeres.

El final controvertido
La noche del 14 de mayo de 1998, durante la emisión del episodio final titulado El Final, se produjo un hecho curioso. Frank Sinatra sufrió un infarto en su mansión de Beverly Hills. Su enfermera llamó al servicio de emergencias y la ambulancia llegó en apenas cuatro minutos, una marca récord atribuida a que las calles estaban prácticamente vacías: más de 76 millones de personas estaban frente al televisor viendo el desenlace de Seinfeld. Aunque el cantante murió esa misma noche, los médicos afirmaron que, de no haber llegado tan rápido la ambulancia, no habría llegado con vida al hospital.

El episodio 180 fue escrito por Larry David y dirigido por Andy Ackerman. Para evitar filtraciones, a la grabación solo asistieron familiares del elenco y empleados de NBC.
Todo comienza bien con George quejándose todo el tiempo: primero de la camarera que lo ignora cuando quiere pedirle ketchup, después de la mujer de la mesa de atrás que se niega a prestarle el de su mesa, porque puede necesitarlo en cualquier momento. Rechaza la invitación de Jerry al cine porque “todas las películas son iguales”.
En la trama, Jerry y George finalmente consiguen que la NBC les compre su serie, cinco años después del primer intento. La cadena les presta un jet privado para celebrar y George vuelve a quejarse porque no es tan lujoso como el que tendría Ted Danson. Durante el vuelo, Kramer pierde el equilibrio al intentar sacarse agua del oído y cae sobre el piloto. El avión pierde altura, pero finalmente se estabiliza y aterriza de emergencia en Latham, Massachusetts.
Allí, los protagonistas son arrestados por violar la Ley del Buen Samaritano al no auxiliar a un hombre víctima de un robo. Lejos de ayudarlo, se burlan de él haciendo chistes relacionados a su obesidad y todo queda registrado en la cámara de Kramer que filma la escena. El fiscal convoca como testigos a muchos de los personajes secundarios que sufrieron a lo largo de los años las mezquindades de los protagonistas. El juicio se convierte en una revisión de sus actos egoístas. El juez, apellidado “Vandelay” en un guiño a un alias inventado por George, los condena a un año de prisión. En la última escena, los cuatro amigos conversan dentro de la celda sobre un botón de camisa: una charla típica de la serie. Ellos siguen siendo los mismos. Y fin.

El cierre no fue bien recibido ni por la crítica ni por el público. La falta de humor, la condena moralizante y el castigo para los personajes generaron rechazo. “A veces pienso que ni siquiera deberíamos haberlo hecho”, admitió Seinfeld años después, en el Festival The New Yorker. “En aquel momento teníamos mucha presión para hacer un último gran espectáculo, pero en la comedia, lo grande siempre es malo”. agregó.
¿Una segunda oportunidad?
Durante una presentación de stand up en Boston, en octubre de 2024, Seinfeld fue consultado por un espectador sobre el final de la serie. Su respuesta encendió las especulaciones: “Va a pasar algo con ese final, todavía no ha pasado”.
El episodio final marcó un hito televisivo. Fue emitido como un especial doble (episodios 179 y 180), y generó ingresos millonarios para el elenco: Seinfeld cobró un millón de dólares, mientras que sus compañeros recibieron entre 500 mil y 750 mil dólares. En los primeros años, Seinfeld ganaba apenas 20 mil dólares por episodio. Como creador y luego productor ejecutivo, acumuló una fortuna a través de las repeticiones y la venta de derechos. Su patrimonio actual se estima en más de 950 millones de dólares.
A más de dos décadas del final que desilusionó al público, Seinfeld continúa siendo una comedia de referencia. Una inspiración, con sus observaciones agudas de lo cotidiano. ¿Habrá un nuevo final?
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