
Igual que su alter ego en la serie Sex Education, Asa Butterfield es hijo de una psicóloga, aunque tiene un padre publicista muy presente en su vida: si bien Jaqueline Farr y Sam Butterfield se separaron cuando Asa era muy chico, siempre tuvieron una buena relación y él creció entre las casas de los dos –a pocas cuadras– junto a su hermano mayor y sus hermanas menores, fruto de los nuevos matrimonios de sus padres. Nacido en Islington, al norte de Londres, el 1 de abril de 1997, tenía apenas siete años cuando comenzó a tomar clases de actuación en el Young Actors Theatre de esa localidad. Tres años más tarde su ingenuidad y su talento ya llamaban la atención en el drama televisivo After Thomas (2006).
Siguieron un trabajo tras otro, sin que el chiquito que todavía era tuviese tiempo de pensar demasiado: la película Son of Rambow (2007), la serie Ashes to Ashes (2008) y, ese mismo año, el salto protagónico con la conmovedora El niño del pijama a rayas, de Mark Herman. El director diría después que Asa fue uno de los primeros en audicionar y que supo desde que lo vio que era el actor que buscaba para encarnar la historia de la amistad entre el hijo de un oficial de las SS y un pequeño prisionero en un campo de concentración nazi, pero decidió ver antes a otros miles de chicos para confirmar su corazonada. No se equivocó: la inocencia de Asa, necesaria para personificar el papel sin sesgos ni juicio, era casi imposible de encontrar incluso en actores de tan corta edad.

El trauma, sin embargo, caló hondo: Asa iba a filmar acompañado de sus padres y abuelos, pero así y todo sufrió la crueldad de la escena final de la película, en la que su amigo en la ficción moría en la cámara de gas. Por entonces le dijo a su madre que no quería volver a actuar: algunas historias se veían demasiado reales. Sin embargo, llegó un nuevo ofrecimiento con Mr Nobody (2009) y un papel recurrente en la serie fantástica Merlin y filmar volvió a sentirse como un juego.
Pero fue Martin Scorsese el que terminó de convencerlo de que no abandonara su don natural para la actuación. Ya tenía 14 años cuando el director de Buenos Muchachos lo llamó para interpretar el papel que le dio el nombre al film La invención de Hugo Cabret (2011). Eso terminó de transformarlo en una estrella adolescente –se alzó con el premio Revelación del Young Hollywood Awards– y hasta tuvo su primera novia en el set.

Había comenzado a actuar con continuidad en grandes producciones y hasta viajaba a los Estados Unidos para grabar con la crème de la industria. Pero el verdadero punto de inflexión en su carrera llegó con el guión de una serie de un tono bastante diferente. Sex Education contaba el derrotero de un adolescente tímido criado por una madre sexóloga (Gillian Anderson), que se da cuenta de que sabe más que la mayoría de sus compañeros de colegio sobre cuestiones sexuales y decide abrir un consultorio junto con una amiga algo más avispada que él. La escena de apertura fue una prueba de fuego: por primera vez en su vida tuvo que fingir masturbarse en cámara. Después de vencer la vergüenza y los nervios, todo el resto de la grabación fue un paseo.
“Desde que interpreto a Otis tengo muchas más conversaciones sobre sexo –le dijo a The Guardian en una entrevista reciente, ahora que se consagró como una de las figuras de su generación, el año pasado ganó el National Comedy Award británico como Mejor Actor de Comedia–. Creo que hay mucho para enseñar en los colegios; los chicos van a murmurar y reírse y no prestar atención, pero hay mucho de lo que no se habla, porque la educación sexual tiende a ser muy biológica. Son cosas de las que te das cuenta cuando sos más grande o, como me pasa a mí, haciendo el show y descubriendo que nunca me enseñaron la mayoría de las cuestiones de las que es importante hablar”.

Al final, admite: “La mayoría de las cosas que sé las aprendí hablando con amigos y googleando, como Otis”. No, no es que le piden consejos sexuales fuera de la ficción, pero lo que Asa sí reconoce es que la serie volvió más fáciles y cotidianas las conversaciones saludables sobre sexo en su entorno y entre grupos de fanáticos que siguen la serie de Laurie Nunn que acaba de cerrar su cuarta y última temporada en Netflix.
Músico al igual que su hermano mayor –tienen una banda que se llama Mambo Fresh– y gamer empedernido que creó junto a su padre el video juego para Ipad Racing Blind, nunca termina de definir si realmente su vocación es ser actor: “Amo el mundo gamer y la competición, la velocidad. Como actor el trabajo en general es lento y contemplativo. La energía de los juegos es completamente distinta. Actuar es genial, sólo que no sé todavía si es el trabajo más satisfactorio para el alma”, dice a los 26 y recién mudado a un piso de soltero en el cancherísimo barrio de Hackney, en Londres.

Tiene claro que podría interrumpir su carrera en cualquier momento para hacer otras cosas, porque sus intereses son muchos. “Actuar no es mi mundo entero. Esta es una industria muy endogámica, donde la mayoría de las conversaciones se miran a sí mismas. Y a mí no me gusta hablar de trabajo. La gente cree que me da vergüenza o que soy humilde, pero es sólo que no me gusta el pedestal en el que algunos te ponen por el solo hecho de contarles que sos actor. Odio sentir que soy reverenciado por tan poco”, asegura Asa relajado. Como Otis, suena honesto.
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