
Hay parejas que cuando se separan logran acordar un reparto -a veces más, a veces menos equitativo- del cuidado, las responsabilidades y el sostén económico de sus hijos e hijas. Pero hay también muchísimas madres que, tras una separación, quedan -sin haberlo elegido- criando solas.
Esto es: no sólo ocupándose enteramente de cuidar a los hijos e hijas y de trabajar fuera de casa en simultáneo, sino de sostener todos los gastos: desde los remedios hasta los regalos, desde el colegio, los útiles y el ocio hasta el alquiler y las expensas del lugar en el que viven.
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No son casos excepcionales. Se calcula que en Argentina hay, en promedio, 2 millones de madres que crían solas a sus hijos y tienen problemas con la cuota alimentaria. No sólo para que la Justicia estipule un monto acorde a todo lo que deben sostener sino también para que, después, los “progenitores” (así los llaman, “porque padre es otra cosa”) las cumplan. Las cifras son del CIPPEC y de la Fundación Equifem, ambas de referencia.

Paola Urquizo, por ejemplo, tiene 52 años, es psicóloga especializada en salud mental infanto-juvenil y profesora de nivel inicial. Según cuenta a Infobae, cría sola y cobra 30.000 pesos de cuota alimentaria por sus tres hijos.
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“Alimentaria” es un decir, porque con ese dinero las madres que crían solas no deben pagar sólo comida sino todo: “Las salidas, la salud, los regalitos de los cumpleaños, de Navidad, el producto para los piojos, los zapatos, la ortodoncia, las zapatillas, el Ibuprofeno -enumera-. Pero sobre todo la vivienda, que es una parte gigante de la cuota alimentaria, porque la mayoría de las mujeres que crían solas alquilan”.
La Justicia determinó 30.000 pesos por tres hijos -que ahora tienen 17, 14 y 11 años-, y así y todo, Paola reconoce que es “una privilegiada”. ¿Por qué? “Porque al menos la cobra”, señala, a su lado, Cecilia Bertolino, que es periodista y también cría sola a tres hijos.
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“Después de seis años de la separación -cuenta Cecilia a Infobae-, la Justicia me sigue estipulando una cuota alimentaria provisoria. ¿Y sabés de cuánto? 40.000 pesos para mantener a tres hijos. Los valores son irrisorios en general pero no es sólo eso: ¿sabés cuántas veces logré cobrarla el año pasado? Tres”.
Si la carga mental suele ser enorme para las madres en general, para estas madres es descomunal. Además de todo el trabajo de criar sola, Paola -la psicóloga- trata de seguir formándose y de seguir sumando pacientes para tener más ingresos en un mundo laboral cada vez más competitivo. Cecilia -la periodista- lo mismo: en su caso, tiene dos trabajos con los que logra llegar a fin de mes.
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La carga es enorme, sin embargo, el estereotipo de género sigue ahí, tan firme como siempre: “La vividora, la que gasta plata en banalidades y le funde la tarjeta de crédito al ex marido sigue en el imaginario social”, describe Cecilia.
Ni hablar de “la despechada que no se bancó la separación y lo quiere dejar pelado”, de “las vagas”, las “planeras”, y eso que repiten hasta las propias familias: “Las mujeres de antes criaban solas y no se quejaban”.
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Sostener

Cecilia Bertolino es santafesina, estuvo 10 años en pareja y tuvieron juntos tres hijos. “Nos casamos, nos fuimos a vivir a Pinamar, trabajábamos juntos en nuestra empresa: el librito completo de la Cenicienta”, arranca ella. “Pero no éramos felices, y yo me empecé a enfermar”.
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Fue ella, en ese contexto, quien tomó la decisión de separarse cuando el menor de sus hijos era todavía bebé. “Me acuerdo que en ese momento le dije a mi hija mayor, que tenía 7 años: ‘Mamá y papá ahora van a ser amigos’, ‘siempre vamos a ser tu papá y tu mamá’. Pero nada de eso se cumplió. El progenitor no sólo se borró con ellos y me culpó a mí de todo, tampoco pasó dinero y se borró con los cuidados”.
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Con “cuidados” se refiere no sólo a llevar al colegio o al médico sino a contener berrinches en las infancias, angustias o rebeldías en las adolescencias. Es decir, a cuidar en todas sus formas. “Así que me encontré sola con las tres criaturas, sin trabajo y en una ciudad donde no conocía a nadie”.
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Paola sabe de lo que habla Cecilia no sólo porque ella misma tuvo que recorrer “la ruta crítica” de la cuota alimentaria -reclamarla, denunciar incumplimientos- sino porque también creó una comunidad en Instagram llamada @familias.monomarentales, donde recibe historias así todos los días.
“Creo que en las mujeres aún pesa muchísimo el mandato de la maternidad como realización personal, pero en muchos casos la paternidad sigue siendo un anexo a la subjetividad masculina”, desarrolla.
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“Como es un anexo, para muchos es descartable. O sea, puedo ser padre mientras formo parte de una familia y ejerzo este rol que se me ha asignado socialmente, que es el de proveedor económico, y de vez en cuando voy al fútbol de los sábados. Pero si la pareja se separa se corren de su rol de cuidados y del de proveedor y se arma esta escena dantesca que deja a las madres con toda la carga: la de los cuidados y la de la provisión económica. Creo que, en general, las paternidades realmente corresponsables son un ideal a construir”.

A simple vista parece un asunto de dinero. “Pero la violencia económica se queda corta”, advierte Cecilia, que ya no sólo es madre sino una madre- activista que se hace oír desde la comunidad @Identidadfeminista.
Y explica: “Es que la violencia psicológica hacia nosotras es constante. Por ejemplo, en la mayoría de los casos pasa algo muy desgastante que son las visitas intermitentes’, que es peor que si se borraran completamente. Son los ‘padres del placer’, que pasan un día cada tanto a sacar a pasear a los hijos, a tomar un heladito, una cena, un Día del Padre, una Navidad con un mega regalo y listo”, dice.
“Mientras ellos son ‘los padres del placer’, las madres nos transformamos en las ‘madres del deber’, con todas las responsabilidades y sobrecarga al hombro, estresadas, endeudadas para sobrevivir y con escasas posibilidades de tiempo y espacio para el placer, incluso para disfrutar con nuestros hijos”.

Su posición es que se trata de otra forma de violencia de género, donde los chicos son víctimas colaterales pero la víctima directa es la mujer de la que ese hombre se separó.
“Yo llevo nueve años criando sola y sentí muchísimo la mirada de la sociedad. Mi ex me ha dicho ‘vos no hacés nada diferente a lo que le corresponde a cualquier mujer’”, sigue. “Yo veo que hay compasión con los niños y sus derechos pero con la mujer no. Pero soy yo la que está sosteniendo la vida de mis hijos, y nuestra carga mental es enorme, física, emocional y espiritual, porque no sólo el progenitor te deja sola y te desprecia sino también la sociedad, las instituciones del Estado y el sistema judicial”.
Se sabe que hay padres que modifican sus situaciones fiscales para que no se sepa cuánto ganan y “zafar”. También que, gracias a este mote de “vividoras”, o “quilomberas” “hay empresas que no les depositan cuotas judicializadas o acceden a pagarles en negro para que no quede registrado cuánto ganan. Son pactos de machos y esas empresas son cómplices”, sigue.

¿Podrían estas madres que crían solas (sin cuota alimentaria, con una ridícula o con incumplimientos) recibir, por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo (unos 10.000 pesos por cada uno) o el SUAF (otros 10.000)?
Sí, muchas, pero no sucede. La razón es que la ANSES contempla la suma de los ingresos del padre y de la madre, aunque sólo aporte plata la mamá. La suma de los dos hace parecer que hay un grupo familiar en el que alcanza y sobra, por lo que no aplican al beneficio.
“Cuando se trata de padres que no cuidan y que no pagan la cuota alimentaria esos ingresos que tiene no van al sostenimiento de esos niños y niñas. Es algo erróneo, por eso pedimos que ANSES lo modifique y vea que muchas madres sostenemos solas”, explica Paola.

De eso habla la petición que varias organizaciones hicieron en Change.org y ya tiene 11.700 firmas.
“Iniciamos esta petición para exigir a ANSES que sólo tenga en cuenta los ingresos de la madre que tiene a su cargo a sus hijas e hijos para el otorgamiento de las asignaciones familiares. Somos casi 2.000.000 de madres criando solas en Argentina. No lo decidimos. Los papás abandonaron a nuestros niños y niñas. El 66% de los papás separados no pagan alimentos y muchos más tampoco comparten los cuidados diarios”, dice el texto.
A Cecilia, de hecho, le sacaron las Asignaciones Familiares por hijo en 2018, “un verano en el que el progenitor facturó mucho y subió de categoría en AFIP, de monotributista a Responsable Inscripto”. Les pasa lo mismo a las madres cuyos ex tienen trabajos en relación de dependencia y ganan más de 158.000 pesos.
“El nudo es el apellido paterno. ANSES te dice ‘ustedes, como grupo familiar, tienen todos estos ingresos mensuales’. Vos les decís ‘pero yo estoy separada, mirá, tengo el divorcio, él no pasa la cuota de alimentos, los crío sola, no somos un grupo familiar’, y ANSES te dice ‘no importa, para eso andá a la Justicia”, cierra Cecilia.
Y así, otra vez en la Justicia, “la ruta crítica” vuelve a comenzar.
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