
En todas las fotos aparece sonriente y despreocupada. En sus redes sociales, se la ve bailando, brindando o en su trabajo como enfermera neonatal con un bebé a upa. Nadie podría dudar de la inocencia de la joven. Pero detrás de esa máscara de normalidad se esconde una mujer que mató a 7 bebés prematuros e intentó asesinar a otros diez durante su trabajo en el Hospital inglés de Counter of Chester en el 2015.
Lucy Letby, de 32 años, les inyectaba a los pequeños recién nacidos insulina, leche o aire. Los bebés amanecían enfermos y morían a las pocas horas. Hasta que un momento cuando se multiplicaban los casos empezaron a dudar de la enfermera y la policía logró descubrirla antes de que siguiera con su ola de crímenes.
Los investigadores encontraron que los colapsos y muertes tenían un denominador común: La presencia de una de las enfermeras neonatales, Lucy Letby.
Letby nació el 4 de enero de 1990 en la ciudad inglesa de Hereford. La chica se recibió de enfermera especializada en recién nacidos en la Universidad de Chester.
La joven está siendo juzgada en Inglaterra y esperó el momento de subirse al banquillo detenida desde hace 6 años, cuando estalló el escándalo tras una ola de muertes en la terapia del hospital inglés. En la primera jornada del proceso, tres policías la rodearon cuando se puso de pie, mientras sus padres, John y Susan, observaban desde atrás. Ya no lleva el pelo rubio y se la ve mucho más demacrada que en las imágenes anteriores a los crímenes.
Letby repitió en voz baja las palabras “no culpable” mientras un empleado del Tribunal de la Corona de Manchester le leía cada uno de los cargos. No se hizo cargo de los 7 asesinatos, ni de los otros diez casos en los que intentó terminar la vida de bebés de menos de un kilo de peso. Todos ellos habían nacido prematuros y fueron a dar a la terapia neonatal del hospital, donde se encontraron con la enfermera asesina.
Sin embargo, el fiscal Nick Johnson aportó unas cartas que la policía encontró en casa de la enfermera. “No merezco vivir. Los maté a propósito porque no soy lo suficientemente buena para cuidarlos. Soy una persona horriblemente mala”, escribió la mujer. En letras mayúsculas, plasmó en un trozo de papel: “Soy malvada, yo hice esto”.

Un demonio en la terapia neonatal
Luego de ser detenida, la enfermera neonatal fue descrita como una “presencia malévola constante” en la unidad infantil de terapia de Cheshire, donde supuestamente mató e hirió a muchos niños vulnerables, incluidos gemelos. Allí se internaban los recién nacidos prematuros que requerían de atención médica para sobrevivir los primeros días de vida.
Se la acusa de utilizar los turnos de noche para lanzar muchos ataques porque sabía que era poco probable que los padres visitaran la sala de neonatología.
Los fiscales afirman que mostró un “interés inusual” en las familias de sus presuntas víctimas, y se dice que la evidencia de su computadora muestra cómo “en ocasiones” los buscaba en línea y hurgaba en sus redes sociales para conocerlos mejor.
Varios bebés fueron presuntamente envenenados con insulina y un niño, conocido como Baby E, fue asesinado cuando Letby le inyectó aire.
Según los peritos, que efectuaron las autopsias a los bebés asesinados, la inyección de aire les provocó embolia gaseosa los que les terminó causando accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos espontáneos.
Johnson, el fiscal que lleva adelante la acusación contra la enfermera, dijo que “algunos bebés fueron asesinados por Letby a la segunda o tercera inyección. Lo que generó un sufrimiento mayor para la víctima. La acusada les inyectaba aire, tanto por vía intravenosa como a través de la sonda nasogástrica que llegaba al estómago”.

Nene F y Nene L fueron “envenenados” por Letby con insulina. Fueron atacados con ocho meses de diferencia con cada uno de ellos de grupos separados de gemelos. El nivel de azúcar en la sangre de ambos niños subió inexplicablemente a niveles peligrosos, pero ambos sobrevivieron gracias a la habilidad del personal de la unidad neonatal.
Los dos gemelos inyectados con insulina tenían un hermanito, Nene E y Nene M, quienes supuestamente también fueron atacados por Letby. El tribunal escuchó uno de los medios por los cuales el Nene E fue asesinado y el Nene M resultó dañado, al inyectarle aire en el torrente sanguíneo. Nene M había sobrevivido de milagro.
El primer ataque de la enfermera
El fiscal del juicio narró cómo fue el primer ataque de Letby a un recién nacido. El niño A fue asesinado tras un solo día de vida el 8 de junio de 2015.
El niño A era un bebé que había nacido solo un minuto después que su hermana gemela. Fueron prematuros, por cesárea, a las 31 semanas, y A fue internado en la sala de cuidados intensivos de la unidad neonatal del hospital. Pesaba alrededor de 500 gramos en el momento de nacer.
Estaba en buenas condiciones y un día después ya no requería oxígeno adicional y se alimentaba de leche materna.
Letby entró al turno noche de ese día fatal para el niño A. Apenas media hora después de empezar su trabajo, la enfermera llamó a un médico. El doctor notó una extraña decoloración en la piel del niño, parches de color rosa sobre piel azul que aparecían y desaparecían, lo que se convirtió en un sello distintivo de algunos de los casos en los que Letby había inyectado aire en el torrente sanguíneo de un víctima.

A pesar de los intentos de reanimación, el niño A fue declarado muerto 90 minutos después de que Letby entrara en servicio esa noche. La enfermera había realizado su primer crimen.
Durante la autopsia, un médico evaluó que el colapso del niño A no fue un evento natural y agregó que la “razón más probable” fue que el aire se administró deliberadamente, “por alguien que sabía que causaría un daño significativo”.
La hermana gemela del niño A, la niña B, necesitó reanimación al nacer, pero se recuperó rápidamente y se estabilizó.
Para el 9 de junio, el día después de la muerte de su hermano, manejaba períodos de respiración independiente. Todas las observaciones fueron normales y se mantuvo estable.
Según los fiscales, alrededor de 28 horas después de la muerte del niño A, el niño B fue hallado azul y con signos vitales muy débiles en la terapia. Logró sobrevivir al incidente, sin sufrir más consecuencias.
Un médico concluyó que fue “sometida a algún tipo de sabotaje antes o después de la medianoche de ese 9 de junio del 2015. Lucy Letby había vuelto a atacar.

Otros relatos del horror
El nene C murió porque el aire inyectado en su estómago le impidió respirar y sufrió un paro cardíaco. Letby supuestamente lo mató solo seis días después de asesinar por primera vez, cuando mató a otro niño, el nene A, y días después atacó a su hermana gemela, la nena B.
Una tercera víctima, el nene D, fue asesinado ocho días después de C, lo que lo convierte en tres envenenamientos fatales en alrededor de 13 días.
Los expertos creen que los tres murieron después de que se les inyectó aire en el torrente sanguíneo. Tras los crímenes, Letby había rastreado a las familias de sus víctimas en Facebook.
La nena G había nacido prematura el 7 de septiembre de 2015. Tras pasar una noche muy dura en terapia intensiva neonatal, se recuperó. Las enfermeras del turno esperaron a sus padres con pancartas y globos para celebrar el milagro de la vida.

A las primeras horas de la mañana siguiente la nena G vomitó con tanta fuerza que manchó el suelo de la terapia. Sobrevivió tras la intervención de los médicos. Dos semanas después, Letby intentó matarla dos veces más el 21 de septiembre.
En una de las oportunidades, la mamá de la nena G descubrió a Betsy en una actitud sospechosa junto a su hija, que en ese momento pesaba poco menos de un kilo. La mujer la increpó y la enfermera le respondió inmutable: “Confía en mí, estamos haciendo lo máximo posible para mejorar la calidad de vida de tu hija”. La acompañó puertas afuera de la unidad de terapia intensiva. Esa noche, la madre estuvo a punto de evitar el horror que cayó sobre su pequeña recién nacida.
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