Dos días después de ocurrida la Batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817, José de San Martín y su Ejército entraban triunfales en Santiago de Chile y desde allí, el mismo día 14, el Libertador escribió una escueta carta a Toribio de Luzuriaga, Gobernador Intendente de Cuyo, en la que le comentaba lo ocurrido en la jornada:
“Gloríese el admirable Cuyo de ver conseguido el objeto de sus sacrificios. Todo Chile ya es nuestro. El 12 del corriente, sobre el llano de Chacabuco nos batimos con una división enemiga, fuerte de más de 2000 hombres. Al cabo de cuatro horas de un fuego vivísimo la victoria coronó nuestras armas... El presidente Marcó fugó la noche de ese mismo día a Valparaíso, pero no hallando buque, camina para el sur sin ninguna fuerza, adonde ya le persiguen mis partidas. Hoy entró nuestro ejército en esta capital. Un inmenso parque de artillería de todo calibre se ha encontrado en ella. La premura del tiempo no me permite comunicar a V.S. un detalle de las repetidas e inesperadas ocurrencias. Me anticipo a darlas en globo para satisfacción de ese gobierno y pueblo benemérito. Dios guarde a V.S. muchos años”.
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Fiel a su estilo, sin demasiados rodeos y desprovisto de fanfarronería San Martín comunicaba desde su cuartel general el triunfo obtenido en Chacabuco, convencido de que se había logrado la libertad absoluta de Chile y culminado con los godos en el país trasandino.
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Durante más de dos años, desde el mismo momento en que San Martín se hizo cargo de la Gobernación Intendencia de Cuyo y hasta la partida del Ejército en enero de 1817, Mendoza, San Juan y San Luis se convirtieron en la “Ínsula Cuyana”, donde don José (gobernante austero y laborioso, administrador talentoso y efectivo, político visionario, práctico y sagaz, pero por sobre todo vecino y amigo de Mendoza), supo inculcar en los cuyanos el espíritu de la gran empresa que día y noche lo desvelaba: “Lo que no me deja dormir no es la oposición que puedan hacernos los enemigos, sino el atravesar esos inmensos montes”. La Cordillera de los Andes iba a ser testigo silencioso e incorruptible de la valentía y entereza de aquellos hombres, mujeres y niños que pusieron el cuerpo y el corazón a tamaño sueño.
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Sin embargo, admirado por los logros alcanzados y pese a su singular simpleza, no podía ocultar su contento en la ya conocida misiva que escribiría días más tarde, el 22 de febrero a su amigo y Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, en la que le decía: “En 24 días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile”.
Rápidamente la noticia de Chacabuco circuló por toda América, el mismo Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela, reconocerá desde las tierras incas que “la desgracia ocurrida en Chacabuco transformó enteramente el estado de las cosas y cambióse el estado de la guerra”.
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Sin duda Chacabuco significa la primera victoria lograda a la luz de la estrategia y táctica militar, y es el resultado del armado político y social bajo el liderazgo y la conducción de San Martín. El mismo general Manuel Belgrano, el emérito padre de la independencia, al recibir el oficio que le enviara San Martín informando el triunfo, escribía el 26.Feb.1817 desde Tucumán lo siguiente:
“Los pueblos y ejército de mi mando, llenos de júbilo y contento, ven en V.E. el libertador de Chile, y le dan las gracias por el beneficio que deben a sus nobles esfuerzos, felicitándolo conmigo, igualmente que a sus compañeros de armas, que han sabido seguir las huellas de V.E. les trazó para cubrir de gloria las armas de la nación, sacar de la opresión a nuestros hermanos y afianzar para siempre la independencia de la América del Sud. Dios guarde a V.E. muchos años”.
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Pocos días después del triunfo San Martín partió hacia Buenos Aires acompañado sólo por su edecán John Thomond O’Brien, a quien sorprendió con su frase: “Mañana vamos a Buenos Aires con lo montado, se entiende”; es decir, con lo puesto.
Pues si bien la primer parte del plan continental parecía estar cumplida: la liberación de Chile; aún restaba trabajar con método y esmero en la nueva empresa: la expedición al Perú; y para ello debía concretar la alianza entre el recién restaurado gobierno de Chile en manos de Bernardo O’Higgins y el de Buenos Aires con Pueyrredón a la cabeza. En esos momentos pese a que todo el arco político y militar estaba convencido, como el propio San Martín, que Chacabuco había acabado por completo con los realistas en Chile.
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Lo cierto es que los restos de los ejércitos realistas se habían acantonado en el Sur y guarnecidos en Talcahuano esperando refuerzos del Perú para fortalecer la resistencia y comenzar la reconquista. Luego de Chacabuco y durante todo el año 1817 la lucha en el sur de Chile se encarnizó y la guerra quedó estancada en aquel punto, en operaciones en las que se disputó el terreno palmo a palmo. Hasta que a comienzos del año siguiente llegaría la sorpresa de Cancha Rayada y el posterior triunfo completo de Maipú.
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Si bien Chacabuco no significó la victoria final que San Martín había planeado, sin duda fue el triunfo que alentó la guerra de la independencia generando esperanza y confianza tanto en Buenos Aires, Santiago, Lima y el resto de los centros revolucionarios de América, permitiendo el avance de la causa revolucionaria y sembrando la preocupación en los ejércitos realistas.
Por otro lado cabe destacar que Chacabuco fue el corolario de la “gran empresa cuyana”. Admirable desde todo punto de vista si tenemos en cuenta que la victoria se logró luego del gran esfuerzo que realizaron las tropas sanmartinianas para cruzar una de las más “elevadas cordilleras del globo” con la fatiga del cruce que pesaba sobre “hombres y animales” y sobreponiéndose a todos los avatares que sufrieron los soldados en las altas cumbres como soroche, frío extremo, y la gran cantidad de animales que se perdieron, pues de casi 10.000 mulas sólo llegaron 4.000 y de más de 1.500 caballos de guerra sólo la mitad en “muy mal estado”, según palabras del propio San Martín.
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Así Chacabuco representa el triunfo del esmero, del trabajo en equipo y esfuerzo conjunto que San Martín, el Ejército de Los Andes y Cuyo todo concretaron en aquella sublime jornada.
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