Está a meses de los cien y no piensa retirarse. Para celebrar, se reunió con su familia en Glumy, una parrilla de Palermo. A la hora de soplar las velitas estaban Matías, su nieto, y su mujer Rachel, quien se encarga de cuidar el jardín que tienen en el balcón.
Está a meses de los cien y no piensa retirarse. Para celebrar, se reunió con su familia en Glumy, una parrilla de Palermo. A la hora de soplar las velitas estaban Matías, su nieto, y su mujer Rachel, quien se encarga de cuidar el jardín que tienen en el balcón.

El universo de Max Berliner está en su departamento de Villa Crespo, donde vive con su mujer, la artista plástica Rachel Lebenas, quien, coqueta, se niega a decir la edad que tiene. Cuando uno entra a su búnker, se encuentra con un living que parece un museo. En las paredes no hay casi ningún rincón libre, porque está lleno de pinturas firmadas por su mujer.

La habitación del actor –con su esposa duermen desde hace años en cuartos separados– está atiborrada de libros, recortes, videos, fotos y anotaciones. Max no tira nada. Para él, todos los objetos materiales tienen un valor sentimental y le permiten recordar anécdotas de sus 99 años, que acaba de cumplir el 23 de octubre.

“Si tuviera que elegir un deseo, me gustaría vivir hasta los 120 años, porque estos 99 fueron maravillosos. Si me dieran la posibilidad, me gustaría repetirlos”
“Si tuviera que elegir un deseo, me gustaría vivir hasta los 120 años, porque estos 99 fueron maravillosos. Si me dieran la posibilidad, me gustaría repetirlos”

A cada rato muestra fotos de algunas de sus casi cincuenta películas, donde aparece con los más grandes de la escena nacional. Feliz, comienza a contar una y otra anécdota de las cosas que hizo en Los gauchos judíos, Y mañana serán hombres, La Patagonia rebelde, Plata dulce, Las barras bravas, Un amor en Moisés Ville, Seres queridos, entre otros títulos.

Tampoco omite los roles que ha ocupado en TV, donde fue parte de Drácula, El pulpo negro, Amigos son los amigos, Chiquititas, Tumberos, Botineras, Como pan caliente, Disputas, Doble vida, Casados con hijos, Hermanos y detectives, Malparida y Graduados.

Hizo personajes para grandes y chicos, pero en la calle, muchos lo recuerdan por la publicidad de Reumosan –que le otorgó una renovada popularidad–, donde se lo veía corriendo y trepando.

Los recuerdos vienen y se van en la cabeza de Max, y cuando esto último sucede, se pone a cantar en español e idish con una sonrisa. Mientras tanto, Rachel ofrece mate, café y té, y cuida cada detalle.

Conoció a Rachel en un teatro y nunca más se separaron; hoy viven en un departamento en Villa Crespo.
Conoció a Rachel en un teatro y nunca más se separaron; hoy viven en un departamento en Villa Crespo.

–¿Qué escenas de tu vida elegirías si tuvieras que contarnos tus 99 años?

–Yo no recuerdo nada de Varsovia, donde nací, ni cuando mis padres llegaron a la Argentina, porque tenía dos años. Pero no me puedo olvidar cuando a los cinco años me subí por primera vez a un escenario para hacer una obra de Scholem Aleijem, en la que sólo decía una frase en idish: fue el principio de todo. Mi papá no quería que fuera doctor, sino un artista, y le cumplí el sueño. El me vestía de hombrecito y no me dejaba salir a jugar a la vereda, me mandaba a estudiar violín, piano. Eso sí: era muy recto, y no debía dejar el colegio. También recuerdo cuando elegí, en un patio, a Rachel para que actuara en una de mis obras, o cuando les fui a pedir a sus padres hablar con ella para ponerme de novio. Y cuando nacieron mis hijos… ¡terminarías escribiendo un libro si te empiezo a contar! Pero yo me mantengo vivo porque sigo teniendo proyectos.

Con sus hijos, Daniel y Ariel, montaron un espectáculo en el que cantaban y actuaban.
Con sus hijos, Daniel y Ariel, montaron un espectáculo en el que cantaban y actuaban.

–¿Te gustaría volver a subir a un escenario o filmar una película?

–¡Sí! No tendría problema de volver a hacerlo porque me encanta cantar, bailar y actuar. No puedo estar un día sin hacerlo. Y aunque no lo hago arriba del escenario, me pongo a improvisar o cantar con Rachel en el living de esta casa.¡Te puedo asegurar que acá se respira arte por todos lados! Tampoco somos dos viejos que nos quedamos encerrados: nos encanta ir al cine, caminar, charlar con la familia, con los amigos. Soy inquieto y viví toda la vida del teatro. ¿Sabés que actué mucho en idish, porque mi viejo quería que lo aprendiera? Y gracias al teatro también armé mi familia.

Una de las tantas fotos que tiene en su cuarto es cuando hizo de Danielewski en La Patagonia rebelde.
Una de las tantas fotos que tiene en su cuarto es cuando hizo de Danielewski en La Patagonia rebelde.

–¿Por qué lo decís?

–Yo estaba actuando en La familia Karnowsky, tenía 23 años y tenía que hacer de un pibe de 13 que iba a celebrar su Bar Mitzvá. Rachel me fue a ver y le gusté. Me esperó a la salida y no me pudo ver, porque yo soy tímido y siempre me escapo por otra puerta para que no me atrapen los fans en el hall. Pero al tiempo, ella averiguó dónde daba clases de teatro y fue hasta ahí. Después nos enamoramos, por eso te digo que el arte nos unió, nos une y nos hizo una familia.

Junto a su familia: Alan, Jazmín, Mari, Rachel, Max, Nora, Valentín, Carolina, Ariel, Manuela y Matías. El único ausente en el festejo fue su hijo Daniel, que estaba en Portugal
Junto a su familia: Alan, Jazmín, Mari, Rachel, Max, Nora, Valentín, Carolina, Ariel, Manuela y Matías. El único ausente en el festejo fue su hijo Daniel, que estaba en Portugal

–¿Qué deseos pediste el martes, cuando soplaste las velitas?

–Seguir estando vivo, los míos y yo. Puedo cumplir años, pero no me doy por vencido. Para sentirme vivo siempre busco tener nuevos desafíos, y si no tengo, los invento. Cuando soplé las velitas el otro día, me sentí joven, porque busco cosas que me inspiren y que me estimulen a seguir. Nunca abandono mis sueños.

–¿Cómo te gustaría que te recuerden?

–¿Que me recuerden? ¡Yo quiero que me vivan ahora! Me siento mejor que antes, estoy rodeado por mi familia y siento el cariño de la gente en las redes sociales y en la calle. A veces, para que no me reconozcan –porque me da vergüenza–, me tapo con el sombrero en el subte. Todos me hacen homenajes por mi edad, pero no se dan cuenta de que yo me siento un pibe de 18 años que quiere seguir trabajando. Y si tuviera que elegir un deseo, me gustaría vivir hasta los 120 años, porque estos 99 fueron maravillosos. Si me dieran la posibilidad, me gustaría repetirlos.

Su cuarto está lleno de fotos de sus trabajos, recortes y papelitos con ideas…para sus primeros 120 años.
Su cuarto está lleno de fotos de sus trabajos, recortes y papelitos con ideas…para sus primeros 120 años.

–¿Cuál es tu secreto?

–No hay fórmulas mágicas, pero nunca pienso en negativo, ni cuándo me voy a ir para arriba o abajo. Sólo pienso en crear y seguir creando. Además, camino mucho y nunca fumé; pero la clave es tener proyectos. Escribo muchos papelitos con ideas. Creo que el refrán está mal dicho, siempre hay que dejar para mañana algo de lo que se puede hacer hoy, así tenés ganas de levantarte y seguir. Porque si te quedaste tirado, perdiste. Y yo no quiero perder, quiero vivir muchos años más.

Por Pablo Procopio.
Fotos: Christian Belliera

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