El horror. Un joven protege con su cuerpo a una mujer en el predio The Village (David Becker/Getty Images/AFP)
El horror. Un joven protege con su cuerpo a una mujer en el predio The Village (David Becker/Getty Images/AFP)

Las Vegas, la ciudad que brilla y se divierte todo el tiempo, la más despreocupada de todo el mapa estadounidense, atravesó, por lejos, la noche más triste de su historia. "Un acto de pura maldad", lo describió el presidente Donald Trump.

Desde lo alto del Mandalay Bay, uno de sus emblemáticos hoteles-casino, un hombre de 64 años, jubilado, sin antecedentes penales y, al parecer, sin vínculos con células terroristas, abrió fuego sobre una multitud. Y mató, según cifras preliminares, al menos a 58 personas e hirió a más de 500, para perpetrar la masacre más espantosa que recuerden los americanos.

Cuando la Policía irrumpió en la habitación del infame Stephen Craig Paddock, en el piso 32º del gigantesco hotel, encontró 20 rifles y un amplio stock de municiones y explosivos. El asesino ya se había suicidado.

Ocurrió durante la noche del domingo 1º de octubre, cuando se estaba llevando a cabo el festival Ruta 91 Harvest, que reunió a unas 22.000 personas en torno a la música country.

.A las 22.08 del domingo, el concierto que daba el cantante Jason Aldean fue interrumpido por un sonido inesperado: disparos de arma de fuego (David Becker/Getty Images/AFP)
.A las 22.08 del domingo, el concierto que daba el cantante Jason Aldean fue interrumpido por un sonido inesperado: disparos de arma de fuego (David Becker/Getty Images/AFP)

El lugar elegido para el festival fue The Village, un amplio predio ubicado frente al hotel Luxor (el que tiene forma de pirámide egipcia) y en diagonal al Mandalay Bay, en uno de los extremos de la famosa Strip, la avenida de los grandes casinos. Ninguno de los concurrentes, de todas las edades y provenientes de distintos estados del país, podía imaginar una tragedia semejante. A las 22.08 del domingo, el concierto que daba el cantante Jason Aldean fue interrumpido por un sonido inesperado: disparos de arma de fuego, provenientes desde lo alto del Mandalay Bay.

Según testigos, los disparos duraron más de diez minutos, y no cesaban. Provenían de una distancia de más de 350 metros, repetidamente, impiadosos, lloviendo sobre las cabezas de todos. Algunos atinaron a tirarse boca abajo. Otros empezaron a correr. Había sangre por doquier. Y un estado de desesperación inaudito. "Parecía una zona de guerra", lo describieron luego, atónitos.

Entre las armas que se secuestraron en la habitación de Paddock, había fusiles semiautomáticos AR-15, similares a aquellos utilizados en la Guerra de Vietnam. Las ventanas habían sido rotas con martillos, y las armas puestas en disposición con trípodes, para apuntar a la multitud. Eric Paddock, hermano del asesino, fue alcanzado por la prensa en su hogar de la Florida: "No puedo creer que él hiciera esto… Era un tipo que jugaba al póker, apostaba mucho, tomaba cruceros y comía burritos… Nada más que eso", lo describió, con pesar.

Stephen Paddock, en una imagen difundida por la cadena CBS
Stephen Paddock, en una imagen difundida por la cadena CBS

Hasta ahora, lo que se sabe de Paddock es que era contador público, piloto de avión, cazador con licencia, que ganó mucho dinero comprando y vendiendo propiedades y que tenía un severo vicio: las apuestas. Por eso vivía cerca de Las Vegas, en el pequeño poblado de Mesquite, a una hora y media en auto. Había llegado allí hacía cuatro años, después de vivir en Texas. Al parecer, tenía una novia, Marilou Danley, de la cual se desconocía el paradero.

Por alguna extraña razón, la registró en la misma habitación, pero se cree que estaba fuera de los Estados Unidos durante la noche de la masacre. Un dato llamó la atención: Patrick, el padre del asesino, estuvo fichado por el FBI durante años, e integraba la lista de "los más buscados". Tipificado como psicópata, se dedicaba a robar bancos a punta de pistola, pasó tiempo en la cárcel y murió en 1998. Su hijo no tuvo un mejor final.

Jason Aldean en Saturday Night Live (Twitter: @CMT)
Jason Aldean en Saturday Night Live (Twitter: @CMT)

Si bien el Estado Islámico se adjudicó el atentado y declaró que Paddock era uno de "sus soldados", las autoridades estadounidenses descreen de esta versión. La casa del perpetrador, allanada por la Policía, tampoco entregó indicios en esa dirección. "No tenía nada extraño entre sus pertenencias", comentaron los que ingresaron en la vivienda. Los vecinos lo describieron como un tipo hosco y solitario, que no interactuaba con nadie.

UNA CIUDAD DE LUTO. Cuando las decenas de ambulancias llegaron a la escena, los heridos fueron trasladados al University Medical Center y al hospital Sunrise, pero estos no daban abasto. Varios vuelos fueron cancelados y desviados (el aeropuerto de Las Vegas queda a pocos metros del Mandalay Bay).

Y la famosa Strip, con sus luces de neón y pantallas LED gigantescas, se sumió en el luto más profundo. Se pidió por donantes de sangre y hubo largas filas para abastecer a los centros médicos que se ocupan de los sobrevivientes. Y se utilizó al Thomas and Mack Center –centro deportivo histórico de la ciudad– para recibir distintas donaciones.

Al compás de la tragedia, aquellos políticos y ciudadanos que abogan por un mayor control armamentístico, generalmente enfrentados al Partido Republicano del presidente Trump, hicieron sentir su voz. La terrible matanza, ¿será el punto de partida para un debate a fondo acerca de esta cuestión? En junio del año pasado, un hombre abrió fuego en un boliche en Orlando, Florida, y le quitó la vida a 49 personas. Ahora, la masacre de Las Vegas superó ese escalofriante número de víctimas. Una locura que debe parar ya mismo…

Por Eduardo Bejuk. Fotos: AFP

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