
Detectar el dolor en los perros no siempre es tan sencillo como parece. Hay veces que los perros no gimen, no cojean ni se quejan, pero igual están sufriendo.
El dolor, cuando es sutil, se esconde en pequeños cambios: el perro se muestra menos juguetón, se aísla o actúa raro.
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Muchas personas y hasta profesionales de la veterinaria no lo notan, y eso puede complicar mucho la vida del animal. Esos signos sutiles de dolor importan porque, si se detectan a tiempo, se puede evitar que el perro cargue con molestias durante meses o años.

Silvia Gardeweg, Dionne Picard e Ineke van Herwijnen forman parte del Grupo de Comportamiento Animal de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Utrecht en Países Bajos, y quisieron saber si las personas realmente detectan esos signos leves o si pasan desapercibidos.
En diálogo con Infobae, la líder del trabajo contó cómo se descubrió que la mayoría de las personas tiene dificultades para notar los síntomas más ocultos. Publicaron el estudio en la revista especializada Plos One.
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El lenguaje secreto del dolor en perros

Antes de empezar con la investigación, las científicas se preguntaron por qué los signos sutiles de dolor se escapan tanto a la vista de las personas. Suelen confundirse con aburrimiento o mal ánimo.
Sin embargo, un perro que juega menos puede parecer perezoso, pero tal vez está sufriendo. Esto retrasa la visita al veterinario y agrava el problema.

La investigación buscó comparar si los responsables de perros y quienes no conviven con animales los reconocen igual. Hasta ahora, casi no había estudios que compararan a esos dos grupos de personas.
Detectar estos síntomas no es solo para evitar sufrimiento: puede prevenir problemas de conducta graves, como la agresión.
Lo que los gestos cuentan

Para investigar, las científicas diseñaron una encuesta en línea con 17 señales de dolor y tres casos de perros reales. Participaron 530 personas con perros y 117 que no tenían. Les pidieron que digan si cada señal les hacía pensar en dolor.
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Algunos síntomas eran “cambios en la personalidad”, “levantar la pata con duda”, “menos ganas de jugar” y también otros menos obvios como “olfatear el aire”, “lamerse la nariz” y “bostezar”. No se explicó qué era dolor para que las respuestas fueran espontáneas.

Las viñetas del estudio describían tres situaciones: un perro con dolor sutil causado por panosteítis, que es una inflamación dolorosa y pasajera de los huesos largos; otro perro con dolor evidente por una luxación de rótula; y un tercer caso, sin dolor, que mostraba comportamiento de caza.
Los participantes leyeron cada historia y debían identificar la causa principal del comportamiento del perro en cada caso.
También calificaron la probabilidad de dolor de forma significativamente más alta en el caso que describía signos evidentes de dolor en el perro. Pero cuando los síntomas eran sutiles, responsables de perros y los otros que no lo eran fallaban casi igual.
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En diálogo con Infobae, la profesora van Herwijnen señaló: “En nuestro estudio observamos que las personas que habían experimentado un evento doloroso, y en particular aquellas que habían tenido contacto con un perro que sufrió un evento doloroso, eran más propensas a interpretar señales sutiles de dolor”.
Consideró que los resultados “subrayan la importancia de la experiencia previa de las personas para reconocer estas señales en los perros”.
Por eso, plantearon que enseñar a las personas sobre el comportamiento canino puede ayudar mucho.

“Aún no se ha investigado qué tipo de entrenamiento resulta útil ni cómo debería aplicarse. Sin embargo, considerando el valor de la experiencia, es probable que el entrenamiento tenga beneficios”, aclaró.
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Si el entrenamiento permite a las personas reconocer señales sutiles de dolor, los beneficios pueden incluir comprender el motivo de ciertos comportamientos en el perro.

“Si se interpreta erróneamente que el perro está aburrido o desobediente, suele haber menos paciencia. En cambio, entender que siente dolor permite ver su comportamiento de otra manera”, enfatizó.
Detectar las señales sutiles puede ayudar a prevenir problemas de conducta más graves o facilitar su resolución, como la agresión, cuando tiene origen en el dolor o la enfermedad.
“Reconocer a tiempo estas señales también posibilita evitar que el perro sufra más y que acceda a la consulta con el profesional de la veterinaria oportunamente”, afirmó.
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Para el futuro, la investigadora consideró que “sería muy valioso estudiar si los signos de dolor en los perros se reconocen de manera diferente en distintas culturas”.

También sería interesante investigar si las diferencias culturales influyen en la percepción que tienen las personas sobre las experiencias de dolor en los perros y cómo afrontarlas.
“Es muy difícil que las familias reconozcan los cambios sutiles en los perros. Pueden ser signos de enfermedades oncológicas o de osteoartritis”, opinó Javier Brynkier, veterinario y docente especializado en clínica del dolor en la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, al ser consultado por Infobae.
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Es importante que los veterinarios compartan información con las personas que son tutoras de los perros. “La educación continua del entorno del animal hoy es clave”, concluyó Brynkier.
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