
En Southaven, Mississippi, Elon Musk puso en marcha una planta de energía temporal para inteligencia artificial que ha transformado la vida de los residentes con el ruido constante de veintisiete turbinas de gas. Mientras xAI, la firma propiedad del empresario, proyecta una inversión de más de USD 20.000 millones con la promesa de nuevos empleos y desarrollo tecnológico, la comunidad local enfrenta un escenario de insomnio, incertidumbre ambiental y preocupación por la falta de controles regulatorios, según reveló el medio estadounidense NBC News.
El auge de la industria de centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos impulsó la llegada de enormes inversiones; Mississippi definió este proyecto como “la mayor inversión privada en la historia del estado”, en palabras del gobernador Tate Reeves. En apenas un año, xAI implementó de manera provisional 27 turbinas para garantizar electricidad a sus futuros centros de datos, y ahora la compañía ha solicitado autorización para instalar cuarenta y una turbinas permanentes en un predio de 114 acres.
Las consecuencias sobre la vida local han sido notorias, según algunos habitantes. Eddie Gossett, de 76 años, describió la situación: “El ruido de las turbinas es incesante. No podría regalar mi casa con todo este ruido”. La preocupación social se enfoca no solo en el sonido permanente, sino también en el temor a transformaciones profundas, como apuntó Charlene Wilson durante una audiencia pública regulatoria el 17 de febrero sobre el futuro de las turbinas: “Mucha gente se va a quedar sin trabajo”.
La expansión de los centros de datos mueve cifras récord, pero la resistencia local crece
Entre octubre y diciembre del año pasado, proyectos valorados en USD 98.000 millones destinados a infraestructuras digitales fueron bloqueados o demorados en Estados Unidos, reportó Data Center Watch, portal especializado en infraestructura digital. El factor que distingue el caso de Southaven no es solo el ruido ambiental, sino la velocidad y magnitud con la que actores como Musk despliegan tecnología en zonas semi rurales, superando la capacidad de reacción y evaluación de los habitantes.

La ubicación geográfica resulta estratégica para la industria: cerca de Memphis, donde FedEx —uno de los mayores empleadores de la región— surgió en la década de 1970, xAI busca replicar el impacto económico en Mississippi.
El alcalde de Southaven, Darren Musselwhite, sostuvo que la ciudad recientemente aceptó una donación de USD 1,38 millones de MZX Tech, empresa asociada a xAI, para la policía local. Defendió el proyecto al comparar su rechazo con el fallido aprovechamiento de FedEx décadas atrás y calificó las objeciones como, en parte, motivadas políticamente por la polarización en torno al propio Musk.
Musselwhite reconoció el problema del ruido como “una preocupación legítima”, según expresó en declaraciones a NBC News, y aseguró que xAI destinó USD 7 millones en la instalación de una pared acústica. No obstante, los resultados han sido cuestionados por vecinos como Taylor Logsdon, quien señaló: “Nos reímos y decimos: ‘Esa es la muralla Temu’”, en alusión a la plataforma china de bajo costo y dudosa calidad.
Logsdon afirmó que el ruido apenas ha disminuido y relató que dos hijos han desarrollado problemas respiratorios desde que la planta se puso en funcionamiento.
El propio alcalde informó que xAI evalúa retirar algunas de las turbinas más ruidosas y prevé que las definitivas sean menos molestas. Está pendiente la construcción de un terraplén adicional, cuya forma y materiales aún analizan los ingenieros para definir la mejor solución en las próximas semanas.
Denuncias por contaminación y falta de permisos agravan la disputa
El reclamo de los vecinos escaló a instancias estatales y federales. La NAACP, organización de derechos civiles, acusó a xAI de operar sus turbinas sin el permiso necesario, siguiendo el mismo procedimiento que la empresa aplicó en Memphis, donde activó su centro de datos Colossus I en solo 122 días, varios meses antes de gestionar los permisos ambientales.
Estudios posteriores encargados por las autoridades encontraron que los niveles de contaminantes no eran peligrosos, pero los defensores ambientales cuestionaron la validez de esos datos.
El 13 de febrero, el Southern Environmental Law Center, organización jurídica ambientalista, envió a xAI una notificación formal de 60 días anunciando su intención de demandar a la compañía por violaciones a la Ley de Aire Limpio, representando a la NAACP. El centro jurídico sostiene que las turbinas temporales pueden igualar la contaminación de una planta convencional y abastecer a miles de hogares. Por su parte, la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) modificó recientemente sus reglas para exigir permisos también a estos equipos temporales.

Consultada por NBC News, la EPA declinó comentarios sobre casos individuales, aunque su administrador Lee Zeldin advirtió públicamente sobre las consecuencias de los nuevos estándares para empresas como xAI.
La autoridad ambiental de Mississippi, el Mississippi Department of Environmental Quality, declaró que su ámbito se limita a “temas de calidad del aire” y sostuvo que los permisos estatales no son obligatorios para turbinas consideradas temporales, pero advirtió que no pueden utilizarse durante más de un año.
Impacto social y desplazamiento: entre la esperanza de empleo y el daño comunitario
Más allá de los debates regulatorios, el día a día en Southaven presenta el impacto en la vida cotidiana. Krystal Polk, cuya familia poseía un terreno de dos acres desde la época de la aparcería, contó: “No he terminado de asimilar que esto está aquí y esto es lo que nos pasa”.
Polk tomó la decisión de cortar el suministro eléctrico y mudarse con su familia, mientras la fauna local desaparecía y el ruido se volvía inaguantable.
Surgieron movimientos ciudadanos. Jason Haley, trabajador informático, fundó la Safe and Sound Coalition, un grupo dedicado a registrar el ruido de las turbinas y exigir su desmantelamiento. Haley cuestionó el orden de prioridades de xAI: “Si sabes que el ruido será un problema, instala primero la barrera acústica. No es tan difícil de entender”.
En audiencia pública, Nathan Reed, nativo del sector, resumió el sentir de muchos habitantes: “La escala, la velocidad y la intensidad de esta expansión no tienen precedentes en la zona. No fue un desarrollo planificado, fue una irrupción industrial en nuestra comunidad residencial”.
Mientras tanto, Musk, xAI y las autoridades locales aún deben definir el futuro de la planta de energía para inteligencia artificial y la relación con un vecindario que siente alterados sus ritmos, salud y expectativas, mientras la presión social y legal sigue en aumento.
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