Elizabeth Smart compartió detalles nunca antes revelados sobre su secuestro en Salt Lake City, 24 años después del hecho. Su testimonio en una entrevista exclusiva para People, destacó el papel fundamental de su familia para lograr la supervivencia y anticipó el próximo documental de Netflix “Kidnapped: Elizabeth Smart”, previsto para el 21 de enero. De esta manera, la activista busca dar voz a otras víctimas y ofrecer una mirada única sobre el trauma y la resiliencia.
El secuestro y la noche del crimen
La noche del 5 de junio de 2002, Elizabeth Smart, entonces de 14 años, dormía junto a su hermana Mary Katherine en la casa familiar, ubicada en Utah. Según relató, un hombre armado con un cuchillo, más tarde identificado como Brian David Mitchell, irrumpió en la habitación, ordenó silencio y la hizo salir de la vivienda.
Durante el trayecto hacia las montañas, Smart experimentó un temor paralizante. Su secuestrador advirtió que, para sobrevivir, debía mantener la calma. Al llegar a un campamento improvisado, conoció a Wanda Barzee, cómplice de Mitchell, quien intentó intimidarla para que se cambiara de ropa bajo amenaza de violencia.
Esa primera noche, Mitchell cometió la inicial de numerosas agresiones sexuales. Smart recordó en la charla con People: “Grité ‘¡No!’, y él respondió: ‘Si vuelves a gritar así, te mato’”.

El estado de cautiverio: violencia, miedo y resistencia
Durante 9 meses de cautiverio, enfrentó violencia sexual reiterada, humillaciones y amenazas constantes de muerte. Mitchell, quien se autodenominaba profeta con el nombre de Immanuel, podía agredirla sexualmente hasta cuatro veces al día, llegando a provocar heridas. “Recuerdo ver la sangre correr por mis piernas hasta perder el conocimiento”, relató.
La joven fue obligada a caminar atada por el cuello con un cable y a consumir cantidades excesivas de alcohol. “Me hacía beber cerveza tras cerveza hasta vomitar; me dejó tirada”, afirmó. A pesar de la sumisión aparente, Smart explicó que esa actitud fue la única forma de resistir y buscar el momento oportuno para escapar.
Al estar educada en una estricta tradición religiosa, sentía que cada abuso la alejaba de cualquier valor personal y que la juzgarían. Debido a esto, aseguró: “Pensé si no sería mejor morir que convertirme en una paria”.

Rol de la familia y la vuelta a casa
Con el paso del tiempo, el pensamiento en su familia se transformó en el principal motivo para resistir. “Sabía que mi familia era la razón por la que quería sobrevivir”, confesó Smart, adelantando el documental de Netflix.
Tras su rescate, tanto la fe como el apoyo cercano de sus padres, Ed y Lois Smart, resultaron esenciales para su recuperación. La familia organizó una celebración por su cumpleaños de 15—ocurrido durante el secuestro— y posteriormente la ayudó a retomar la vida escolar y universitaria.
La liberación de Elizabeth Smart se produjo el 12 de marzo de 2003, cuando una ciudadana que había visto su caso en televisión la identificó en las calles de Sandy, Utah. Agentes policiales la separaron de sus captores y le preguntaron si era la menor desaparecida.
Recordando el momento en que recuperó la libertad, Smart relató que, tras meses de cautiverio, el reencuentro familiar fue uno de los días más felices de su vida.

Las secuelas del trauma: vergüenza y proceso de sanación
El regreso al hogar marcó el inicio de una compleja etapa de sanación. Según admitió, sintió una profunda vergüenza, pese a comprender que no era responsable. “Aunque en mi cabeza sabía que no era mi culpa, no lograba sentirlo así. Me sentí juzgada, sola y muy aislada”, comentó.
Su experiencia la llevó a crear la Elizabeth Smart Foundation, centrada en acompañar a otras víctimas y en modificar la percepción pública sobre las secuelas de la violencia sexual. Smart insistió en la importancia de romper el silencio: “Quiero que los sobrevivientes sepan que no están solos. Somos muchos”.
Activismo, vida actual con visión a futuro
Actualmente, Elizabeth Smart, madre de tres hijos, es una de las principales voces del activismo contra el secuestro infantil y la violencia sexual en Estados Unidos. Desde su fundación, trabaja en prevención y apoyo a víctimas, con el objetivo de que “la gente que nunca pasó por esto entienda el verdadero terror de ser obligado a hacer cosas inimaginables”.
Como madre, reflexionó sobre el dolor que vivió su familia y la empatía que siente por otros padres en situaciones similares. El próximo documental de Netflix, en el que participan sus padres y su hermana, refleja tanto el sufrimiento como la fortaleza frente a la adversidad.

El relato de la activista estadounidense, difundido en la reciente edición de People, puso en relieve la dimensión de los lazos familiares y la capacidad de encontrar sentido en la reparación, reafirmando la importancia del apoyo mutuo tras la tragedia.
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