
El cierre de gobierno que paralizó a Estados Unidos durante 43 días dejó fracturas políticas y generó repercusiones sociales y económicas que se extendieron mucho más allá de Washington.
La crisis paralizó oficinas públicas, dejó a cientos de miles de empleados sin salario y provocó retrasos y cancelaciones en vuelos, congestionando aeropuertos en todo el país.
Con la reapertura temporal, surgen preguntas sobre quiénes resultaron fortalecidos o debilitados y cuáles son las secuelas para la sociedad y la imagen del país.
Partido Demócrata
El Partido Demócrata ingresó a la disputa con la exigencia de mantener los subsidios de salud creados durante la pandemia, una bandera popular entre sus votantes. La negociación final no incluyó esta extensión, lo que provocó críticas y descontento en los sectores progresistas. Analistas anticipan que este desenlace dejará secuelas en las primarias demócratas, con legisladores expuestos a retos internos por parte de alas más radicales.
Sin embargo, algunos estrategas sostienen que los demócratas lograron capitalizar la discusión pública sobre la asequibilidad en salud y dejaron instalada la demanda para un año electoral.
“Esto hará que los republicanos se apresuren a presentar una política de atención médica propia, algo que no han hecho en 15 años”, evaluó Donald Nieman, de la Universidad de Binghamton. Este giro forzaría a los republicanos a pronunciarse sobre propuestas de salud—a menudo un terreno incómodo para el partido conservador.
Partido Republicano
El Partido Republicano sostuvo su posición contra la prórroga de subsidios sanitarios y logró dividir temporalmente a la oposición, evitando además otorgar un logro tangible a los demócratas. En el corto plazo, la victoria legislativa favoreció la imagen de disciplina interna y comunicación de fuerza ante la base republicana.
El saldo público, sin embargo, es ambiguo. Las encuestas realizadas durante el cierre señalaron que la mayoría de los estadounidenses atribuyó la responsabilidad principal de la parálisis a los republicanos.
“El cierre ayudó a cambiar la narrativa, creando un riesgo político real para los republicanos y dando a los demócratas ímpetu en el tema central”, analizó el estratega Andrew Koneschusky.
La presión de la opinión pública podría repercutir en elecciones futuras, en particular si los temas sociales y económicos regresan al debate central.
La imagen de Donald Trump
El presidente Donald Trump mantuvo una postura de fuerza al delegar el pulso presupuestario al Congreso, eligiendo proyectar autoridad ante sus seguidores.
Tras finalizar el cierre, Trump celebró la resolución en sus propios términos y criticó en público al líder demócrata Chuck Schumer.
“Schumer pensó que podía quebrar a los republicanos y los republicanos lo quebraron a él”, afirmó el mandatario a Fox News.
Las encuestas reflejaron un retroceso para la popularidad presidencial. El índice de aprobación de Trump cayó a mínimos históricos para el periodo, situándose en 41,8% según Decision Desk HQ. Además, la ausencia de un plan alternativo en materia de atención médica quedó expuesta como un potencial flanco débil para el gobierno, que deberá articular propuestas de cara a los próximos ciclos electorales.
La sociedad civil
La parálisis presupuestaria dejó a cientos de miles de empleados públicos sin salario durante semanas, complicó el funcionamiento de servicios federales y obligó a suspender o retrasar datos económicos clave. Los votantes estadounidenses presenciaron una saga de acusaciones cruzadas, procedimientos parlamentarios bloqueados y una señal clara de malestar funcional en la capital.
El cierre impactó la confianza en el liderazgo, profundizó el descontento con los partidos y dejó la impresión de que la confrontación política prima sobre la gestión de problemas urgentes.
“¿Quién ganó? Nadie. Este cierre récord fue malo para el país, malo para la economía y especialmente malo para el Congreso como institución”, concluyó un análisis de Punchbowl News.
Además, el acuerdo alcanzado fue meramente temporal: la amenaza de una nueva paralización sigue latente, ya que el presupuesto federal solo se extendió algunas semanas más.
¿Cuál es el balance?
La larga batalla presupuestaria dejó a ningún bando plenamente consolidado y expuso la volatilidad del sistema legislativo estadounidense. Los grandes perdedores, en última instancia, fueron los ciudadanos y la imagen institucional del gobierno federal ante el mundo.
(Con información de AFP)
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