
La empresa United Launch Alliance (ULA) lanzó este domingo desde Florida el cohete Atlas V con satélites de vigilancia de la misión secreta “Silent Barker” del Departamento de Defensa estadounidense.
Después de un aplazamiento por el huracán Idalia, y otro por un fallo técnico, la misión de colocar múltiples cargas útiles altamente secretas en la órbita geosincrónica despegó desde una plataforma de la base aeroespacial de Cabo Cañaveral.
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La misión, cuyo nombre puede traducirse en español como “vigilante silencioso”, actuará como un “perro guardián” en dicha órbita, vigilando cualquier satélite que se reposicione para ver mejor las naves espaciales estadounidenses o incluso para llevar a cabo ataques contraespaciales, según la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) del Departamento de Defensa.
La misión denominada también NROL-107, en asociación con la Fuerza Espacial de EE.UU., es la última de un Atlas V, pues ULA va a reemplazar ese cohete por el Vulcan Centaur.
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En la órbita geosincrónica, situada a unos 35.786 kilómetros de la Tierra, las naves espaciales pueden permanecer estacionarias sobre puntos fijos en nuestro planeta.

El lanzamiento se llevó a cabo a las 08:47 hora local (12:47 GMT) como estaba previsto.
Disuadir a los adversarios
La misión Silent Barker está diseñada para “disuadir” a potenciales adversarios de Estados Unidos, dijo el teniente general de la Fuerza Espacial Michael Guetlein, comandante del Comando de Sistemas Espaciales, en una teleconferencia este lunes.
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“Un enorme elemento de disuasión es la capacidad del adversario de saber qué podemos y qué no podemos ver. Así que realmente queremos que sepan que tenemos ojos en la órbita geosincrónica”, agregó.

El director de la Oficina Nacional de Reconocimiento, Chris Scolese, dijo que hay satélites de comunicación que se mueven de un lugar a otro para proporcionar una mejor cobertura a otras áreas y EEUU quiere verlo para saber qué está sucediendo en esa área. El funcionario subrayó que el entorno espacial está cada vez más congestionado, disputado y competitivo.
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“La órbita geosíncrona está muy lejos”, destacó Scolese. “Los sistemas terrestres tienen más dificultades para percibir lo que hay allí arriba. Esto nos proporciona la capacidad de estar en esta misma órbita, de modo que nos acercamos más a lo que ocurre en esa zona. No estará enfocando a la Tierra, sino al espacio”.
“Pero también queremos saber si está sucediendo algo inesperado o que no debería suceder y que podría representar una amenaza para un activo de alto valor, ya sea el nuestro o el de uno de nuestros aliados”, agregó Scolese.
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Amenaza de China y Rusia
Los satélites Silent Barker detectarán y rastrearán continuamente otros objetos en órbita geosíncrona, una función a la que los líderes militares han dado prioridad durante la última década. En ese período, los oficiales del Pentágono destacan que se ha producido una escalada en las amenazas de los satélites operados por China y Rusia.
Algunos funcionarios de Estados Unidos han señalado varios casos de aproximación de satélites espía rusos a satélites espía estadounidenses que vuelan en órbita terrestre baja.
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Más arriba, en la órbita geosíncrona, otro misterioso satélite militar ruso ha merodeado cerca de numerosos vehículos de comunicaciones comerciales y de una nave espacial militar franco-italiana, suscitando la preocupación de que pudiera estar intentando interceptar señales de radio.

El ejército de Estados Unidos ya cuenta con sus propios satélites capaces de aproximarse a otros objetos en órbita geosíncrona. Dichos satélites, que forman parte del Programa de Conocimiento de la Situación en el Espacio Geosíncrono (GSSAP, por sus siglas en inglés) de la Fuerza Espacial, participaron el año pasado en un “baile” orbital con dos pares militares y chinos.
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El ejército estadounidense envió uno de los satélites del GSSAP para examinar más de cerca las dos naves de China, pero los satélites chinos partieron en direcciones opuestas. Entonces, uno de los vehículos de China se colocó en posición para obtener una vista iluminada por el sol del satélite de vigilancia de la Fuerza Espacial que la había estado persiguiendo.
Hasta ahora, no se ha informado que alguno encuentros cercanos haya desembocado en un ataque físico o cibernético contra un satélite militar de Estados Unidos, pero eso es justamente lo que la misión Silent Barker pretende evitar.
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Ni la NRO ni la Fuerza Espacial dieron información sobre el número de satélites de vigilancia que pondrán en el espacio ni sobre sus capacidades exactas. Las autoridades no han revelado qué compañías participaron en la construcción de los Silent Barker ni qué tipo de sensores utilizarán las naves espaciales. El presupuesto del programa también sigue siendo un secreto.
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