La vacuna española que aspira a cambiar el rumbo de la tuberculosis: “Es un error considerarla una enfermedad del pasado”

La tuberculosis es una enfermedad antigua y biológicamente compleja, para la que no existe un único antígeno dominante

Una enfermera limpia y desinfecta el brazo de una paciente antes de aplicar la vacuna (Shutterstock España)
Una enfermera limpia y desinfecta el brazo de una paciente antes de aplicar la vacuna (Shutterstock España)
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África, hace tres millones de años. Uno de los primeros homínidos se contagia del antecesor común de Mycobacterium tuberculosis, la bacteria responsable de la mayoría de los casos de tuberculosis en humanos. Hoy, cientos de miles de años después, la medicina lucha por encontrar un fármaco que cambie el rumbo de la enfermedad.

La tuberculosis sigue siendo una de las grandes amenazas para la salud pública mundial, puesto que cada año provoca alrededor de 1,3 millones de muertes y diez millones de nuevos casos. Frente a este desafío, la comunidad científica lleva décadas trabajando en una nueva herramienta preventiva que podría marcar un antes y un después en la lucha contra la infección.

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Uno de los grandes saltos adelante llega de la mano de investigadores de la Universidad de Zaragoza con una vacuna que, según avanza en los ensayos clínicos, tiene la ambición de ofrecer una protección más amplia y contribuir a frenar la transmisión de la bacteria.

El investigador Carlos Martín durante la conferencia de clausura del XIII Congreso de la Asociación Española de Vacunología (AEV)
El investigador Carlos Martín durante la conferencia de clausura del XIII Congreso de la Asociación Española de Vacunología (AEV)

Detrás del proyecto está Carlos Martín, microbiólogo, profesor de la Universidad de Zaragoza e investigador y director del Grupo de Genética de Micobacterias, que trabaja en esta vacuna llamada MTBVAC desde 1987. Su investigación parte de una premisa: aunque España mantiene una incidencia relativamente baja de tuberculosis gracias al diagnóstico y al tratamiento, la enfermedad continúa presente y no debe darse por controlada definitivamente. “La tuberculosis es una enfermedad que en España tenemos bajo control, pero es un error considerarla una enfermedad del pasado”, afirma el investigador.

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Los datos respaldan esta advertencia. En 2024 se diagnosticaron en España más de 4.000 casos, con una incidencia de 8,8 por cada 100.000 habitantes, según la Asociación Española de Vacunología. Además, tras la pandemia de Covid-19 se ha observado un repunte de la enfermedad, lo que refuerza la necesidad de desarrollar nuevas estrategias para prevenirla.

Un fármaco para cubrir las limitaciones de la BCG

Uno de los principales obstáculos en la lucha contra la tuberculosis es que la vacuna disponible actualmente no ofrece una protección suficiente frente a todas las formas de la enfermedad. La BCG, creada hace más de un siglo, se administra principalmente a recién nacidos en países con una elevada incidencia de tuberculosis. Su eficacia es especialmente importante para prevenir las manifestaciones más graves durante la infancia, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis diseminada, y evita más de 70.000 muertes al año, según explica Martín.

Sin embargo, su protección frente a las formas pulmonares que afectan a adolescentes y adultos es limitada. Precisamente, estas manifestaciones respiratorias tienen un papel fundamental en la propagación de la enfermedad, porque permiten que la bacteria se transmita de una persona a otra mediante aerosoles.

Aquí es donde MTBVAC aspira a marcar la diferencia. La vacuna se ha diseñado con el objetivo de proporcionar protección frente a las formas respiratorias de la tuberculosis, uno de los principales retos pendientes en la prevención de esta infección. A diferencia de otras candidatas, es una vacuna viva atenuada derivada directamente de Mycobacterium tuberculosis, el microorganismo causante de la enfermedad, y es la única de estas características que se encuentra actualmente en desarrollo clínico.

Dosis de una vacuna (Shutterstock España)
Dosis de una vacuna (Shutterstock España)

La complejidad de la tuberculosis explica las dificultades para conseguir una vacuna eficaz, puesto que se trata de una enfermedad antigua y biológicamente compleja, para la que no existe un único antígeno dominante que permita desarrollar una respuesta protectora sencilla. Por ello, el proyecto español apuesta por una estrategia basada en el conocimiento de los mecanismos de virulencia de la bacteria.

Una vacuna universal, asequible y fácil de conservar

Desde sus primeras etapas, el proyecto ha perseguido un objetivo que va más allá de demostrar la eficacia de la vacuna en condiciones clínicas: conseguir que pueda llegar a las poblaciones que más la necesitan.

MTBVAC nació en el laboratorio de la Universidad de Zaragoza y cuenta con la participación de Biofabri, compañía del grupo Zendal implicada en su desarrollo industrial y clínico desde 2008. Ambas entidades han trabajado con la idea de que la futura vacuna pueda fabricarse a gran escala y distribuirse internacionalmente, incluidos los países con menos recursos.

Uno de los aspectos destacados de su diseño es la facilidad de conservación. Según explica el investigador, “se administraría en una sola dosis y puede conservarse durante dos años a cuatro grados de temperatura, sin necesidad de congeladores de menos 20 o menos 80 grados”.

Estas características podrían facilitar su transporte, almacenamiento y administración en regiones donde las infraestructuras sanitarias y la cadena de frío representan importantes dificultades logísticas. La posibilidad de disponer de una vacuna asequible, estable y sencilla de administrar es especialmente relevante para una enfermedad que afecta de forma desproporcionada a poblaciones vulnerables y países con recursos limitados.

No obstante, el acceso global dependerá también de la capacidad de fabricación, de los costes de producción y de los mecanismos internacionales que permitan financiar y distribuir las dosis. Por eso, el desarrollo de MTBVAC contempla tanto la investigación clínica como la planificación de su posible implantación a gran escala.

¿Cuándo podría llegar a la población?

El investigador considera que disponer de una vacuna aprobada en torno a 2029 o 2030 podría ser un objetivo “bastante realista”. Se trata, no obstante, de una previsión condicionada a los resultados de los ensayos clínicos y a los procesos de evaluación regulatoria.

La aprobación será solo una parte del recorrido. También habrá que garantizar que la vacuna pueda producirse en las cantidades necesarias, distribuirse de forma eficiente y llegar a las personas que más se beneficiarían de ella. Para avanzar en estos aspectos, se mantienen contactos con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, UNICEF y GAVI, cuya participación podría ser decisiva para establecer futuras recomendaciones de vacunación y facilitar el acceso en los países que no puedan asumir el coste.

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