
Granada es tierra de contrastes y de belleza inagotable. En sus rincones se esconden pueblos que parecen sacados de un cuento, con calles empedradas, fachadas encaladas y paisajes que cortan la respiración. Desde la Vega hasta las cumbres de Sierra Nevada, la provincia ofrece una sucesión de enclaves donde la historia y la naturaleza se funden en un mismo abrazo. Entre barrancos, manantiales y fortalezas, el viajero encuentra vestigios moriscos, plazas vibrantes y una gastronomía que resume siglos de mestizaje y tradición.
En el corazón de la Alpujarra granadina, un pueblo corona las laderas del Barranco del Poqueira, desafiando al vértigo y al tiempo. Su silueta blanca, sus callejones en pendiente y su atmósfera serena han conquistado a miles de viajeros y, ahora, también a la revista National Geographic, que lo ha elegido como el destino más bonito para viajar en febrero. Hablamos de Capileira, donde la Andalucía más auténtica se asoma a los cielos de Sierra Nevada.
Un legado morisco entre montañas
Capileira se asienta a casi 1.500 metros sobre el nivel del mar, en pleno Parque Natural de Sierra Nevada. Declarado Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico, este pueblo es un auténtico testimonio del pasado hispanomusulmán de la región. Sus casas encaladas, de tejado plano y balconadas de madera, se alinean siguiendo el caprichoso relieve de la montaña, evocando la arquitectura bereber que un día llegó del norte de África.
El trazado de sus calles y la disposición de las viviendas remiten a un tiempo en el que la vida se adaptaba a los escarpados barrancos, y el agua de las acequias era el gran tesoro de la comunidad. Tras la expulsión de los moriscos, Capileira fue repoblada por gentes de distintos rincones de la península, enriqueciéndose con nuevos matices culturales, pero sin perder la esencia de Al-Ándalus.

Tanto es así que eecorrer las calles de Capileira es una invitación a viajar en el tiempo. El paseo lleva al visitante por callejuelas estrechas, plazas porticadas y miradores que se abren al valle del Poqueira. Cada rincón revela detalles de la arquitectura tradicional: muros blancos, chimeneas troncocónicas, tinaos y patios floridos. El mercado de arte y artesanía en la Plaza del Calvario, los comercios locales y los talleres de oficios perpetúan la vida de pueblo y el espíritu creativo de la comarca.
La Casa-Museo Pedro Antonio de Alarcón ofrece una mirada a la historia y las costumbres de la zona, mientras que la iglesia de Santa María la Mayor, con su retablo barroco y su origen sobre una antigua mezquita, resume la compleja herencia religiosa y artística de la villa.
Miradores, fuentes y lavaderos
El agua es protagonista en Capileira. Las fuentes y los antiguos lavaderos, como los de Hondera, la Pileta o la Plaza Vieja, son vestigios de la cultura del agua que marcó la vida cotidiana en la Alpujarra. Igualmente, los distintos miradores, como el de Las Eras de Aldeire, el Tajo del Diablo, la calle Perchel o la Junta de los Ríos, ofrecen panorámicas espectaculares del barranco, de los pueblos vecinos y de las cumbres nevadas que cierran el horizonte.
Pero esto no es todo, pues la localidad es también un paraíso para los amantes del senderismo y la alta montaña. Desde el pueblo parten rutas como la de las Acequias del Poqueira o el Sulayr (GR240), el mayor sendero circular de España, que recorre la Sierra Nevada y atraviesa el municipio en dos de sus etapas. La Hoya del Portillo y el Refugio Poqueira son puntos de partida para ascensiones al Mulhacén y el Veleta, los picos más altos de la Península. Para quienes buscan rutas accesibles, los caminos de la Cebadilla o los Pueblos del Poqueira permiten descubrir la naturaleza exuberante y la arquitectura singular de la comarca.
Gastronomía alpujarreña y otros tesoros
La visita a Capileira no estaría completa sin descubrir su gastronomía, una fusión de productos de montaña y recetas heredadas. Platos como el plato alpujarreño, los embutidos, los quesos artesanales o los guisos de la huerta se disfrutan en restaurantes como El Corral del Castaño, La Trastienda de la Monja o El Asador, donde la cocina tradicional se reinventa sin perder su esencia. El viajero puede acompañar la comida con vinos de la zona y terminar con dulces típicos, rodeado de un ambiente que invita a la sobremesa y a la conversación tranquila.
Por otro lado, este pueblo es solo un ejemplo de la riqueza de la Alpujarra granadina, donde pueblos como Bubión, Pampaneira o Trevélez comparten historia y paisajes, y donde cada rincón ofrece una sorpresa. Más allá, la provincia de Granada despliega joyas como Montefrío, Salobreña o Castril, reflejando la diversidad de un territorio que mira al pasado sin dejar de reinventarse.
Cómo llegar
Desde Granada el viaje es de alrededor de 1 hora y 30 minutos por la carretera A-44. Por su parte, desde Málaga el trayecto tiene una duración estimada de 2 horas y 5 minutos por la carretera A-7.
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