
La historia de los refugios antiaéreos de Barcelona ilustra una etapa oscura y a la vez de resistencia civil en la ciudad. Durante la Guerra Civil Española, la capital catalana sufrió el primer bombardeo sistemático contra población civil de la historia, a manos de las fuerzas aéreas alemanas e italianas, lo que obligó a la sociedad barcelonesa a organizarse y responder, día y noche, ante el riesgo imprevisible que caía del cielo.
La Generalitat de Cataluña, a través de la Junta de Defensa Pasiva, encargó al ingeniero Ramon Perera el diseño de unos espacios que protegieran eficazmente a miles de personas: refugios excavados bajo tierra, con entradas en zigzag y vuelta catalana, preparados para soportar la violencia explosiva y la metralla. Más de 1.400 estructuras de este tipo se levantaron gracias a la colaboración vecinal, marcando un hito de participación ciudadana que, con el tiempo, la ingeniería ha terminado por reconocer como avanzada y extraordinariamente eficaz.
Tanto es así, que algunos de ellos se han convertido en referentes turísticos en el que los viajeros quedan maravillados con su estructura y pueden conocer uno de los episodios más misteriosos de la Ciudad Condal. En este artículo se pueden encontrar los más famosos y los cuales conceden visitas de todo tipo
Refugio de la Plaça del Diamant

En Gracia, donde se construyeron cerca de noventa refugios, sobresale el de la Plaça del Diamant. Este espacio, enterrado a doce metros de profundidad y con unos doscientos cincuenta metros de galerías de ladrillo, se redescubrió por casualidad en 1992 durante unas obras eléctricas. Su buena conservación se ha visto favorecida por la humedad y temperatura constantes del subsuelo.
La capacidad del refugio era de doscientas personas, con acceso desde la propia plaza y recorrido por túneles que siguen bajo la calzada y la calle de les Guilleries. Los visitantes encuentran sanitarios, bancos de piedra, vestigios de la enfermería e incluso marcas de humo en techos y paredes, resultado de las velas encendidas durante los bombardeos. Las visitas, que requieren reserva previa, incluyen la participación activa de los asistentes, que se ponen en el papel de los habitantes de la época, reviviendo la tensa espera ante la alerta de las sirenas fabriles.
Refugio 307 del Poble Sec
Entre los vestigios más notables de la defensa civil barcelonesa destaca el Refugio 307 en el barrio de Poble Sec, a los pies de Montjuïc. Sus cuatrocientos metros de túneles, excavados por los propios vecinos con el asesoramiento de arquitectos, hablan de una movilización inigualable en medio del peligro. La iluminación, a base de lámparas de petróleo, apenas alcanzaba para dar algo de calor y comodidad a las dos mil personas que, según la capacidad del refugio, se sentaban sobre bancos de madera.
El barrio fue blanco habitual de los bombardeos, hasta el punto de que varias familias llegaron a perder en varias ocasiones su hogar mientras se resguardaban bajo tierra, terminando por instalarse dentro del propio refugio. Gracias a la presión vecinal y a sucesivas restauraciones, el espacio ha sido recuperado y hoy es gestionado por el MUHBA Museu d’Història de Barcelona, ofreciendo visitas guiadas para escolares entre semana y para particulares los fines de semana. El visitante recorre, entre otros ambientes, la fuente con cisterna, la cocina y la farmacia. El ambiente recuerda las sensaciones angustiosas de la época: humedad, goteos, sirenas, oscuridad, y el temor constante de quienes aguardaban allí los estragos de la guerra, muchas veces sin noticias de sus familiares y saliendo a una ciudad devastada.
Refugio de la Plaça de la Revolució

En la misma villa de Gracia, el refugio de la Plaça de la Revolució se diferencia por su estado más modesto y parcial acceso al público. Localizado bajo la cuarta planta de un aparcamiento, sólo puede visitarse en ocasiones puntuales a iniciativa del distrito. El refugio quedó al descubierto en las obras de remodelación de la plaza y actualmente la visita se limita a una pequeña fracción del espacio original: una galería y dos salas de enfermería, una de ellas con la inscripción “CURAS” en la entrada.
Originalmente, la estructura cubría la plaza hasta once metros de profundidad, con tres pasadizos y otras tantas galerías electrificadas. Las paredes recubiertas de yeso y los estantes para instrumental médico son todavía visibles, al igual que los bancos y el techo abovedado soportado por vigas de hierro. En contraste con otros refugios, el fuerte olor y humedad persisten como testigos mudos del sufrimiento de quienes allí buscaron protección.
Refugio del Palau de les Heures
Otro de los refugios mejor conservados de la ciudad es el del Palau de les Heures, situado en el distrito de Horta-Guinardó. Este refugio fue fundamental por ser el espacio de protección del presidente de la Generalitat, Lluís Companys, durante los bombardeos. Ubicado lejos de los objetivos prioritarios de la aviación franquista, el palacio ofrecía mayor seguridad a las autoridades.
El acceso se realiza por una puerta metálica en los sótanos, descendiendo por escaleras hasta un túnel de cuarenta metros de largo, 1,15 metros de ancho y 2,15 metros de altura, con acabado en ladrillo y hormigón, así como un pozo de ventilación para garantizar la salubridad. El refugio mantiene la instalación eléctrica, aunque modernizada, y solo es visitable previa solicitud a la Universidad de Barcelona y la Diputación, propietarias del edificio.
Otros refugios y usos durante la guerra
En el entramado urbano de Barcelona existen muchos otros refugios, aunque la mayoría son de titularidad privada o sólo se habilitan para visitas académicas o rodajes. Ante la insuficiencia de refugios, parte de la ciudadanía recurría a los pasadizos y estaciones de metro o tren para protegerse durante las alarmas aéreas. La estación de Plaza Universidad es un ejemplo claro de ese empleo dual del espacio público.
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