El pueblo de Madrid con restos paleolíticos, romanos y medievales: albergó a los primeros cristianos y conserva tumbas legendarias y arte en las rocas

Ahora, el municipio apuesta por la innovación y el turismo sostenible

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Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias, el pueblo en Madrid
Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias, el pueblo en Madrid con restos paleolíticos, romanos y medievales. (Imagen: Wikipedia)

Los vestigios arqueológicos hallados en la cuenca alta del Jarama han permitido reconstruir la larga historia de Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias, un municipio cuya ocupación humana se remonta al Paleolítico Inferior. El hallazgo más antiguo (un bifaz localizado en Los Tomillares) confirma la presencia de grupos prehistóricos en el territorio, tal como recoge el portal especializado Historialozoyuela.com. A lo largo de milenios, la zona ha conservado huellas materiales que abarcan desde industria lítica achelense hasta arte rupestre, pasando por enterramientos, arquitectura medieval, infraestructuras ganaderas y restos contemporáneos de guerra y transporte.

La continuidad del poblamiento durante la Prehistoria queda reflejada en las pinturas esquemáticas del Abrigo de la Dehesa o Las Roturas, en Buitrago de Lozoya, y en los grabados rupestres en forma de cazoletas documentados en Sieteiglesias, tanto junto al puente medieval como cerca de la iglesia. Estas marcas, talladas en la roca, son un testimonio de rituales y simbologías ancestrales.

El legado romano también aflora en la zona. Destaca el llamado puente romano sobre el arroyo Jóbalo, en el límite con El Berrueco. Aunque algunos sillares con marcas de grúa sugieren una edificación original romana, los estudios apuntan a que la estructura conservada es principalmente medieval, remodelada y ampliada entre los siglos XVI y XVII para soportar un intenso tránsito comercial.

Puente romano sobre el arroyo
Puente romano sobre el arroyo Jóbalo. (Imagen/Ayuntamiento de Lozoyuela)

La necrópolis de Sieteiglesias: una ventana a la Alta Edad Media

Uno de los enclaves arqueológicos más relevantes es la necrópolis de Sieteiglesias, situada en el Berrocal de la Iglesia, junto a la actual Iglesia de San Pedro Apóstol. Reúne cerca de cien sepulturas excavadas en roca y tumbas de cista de lajas de piedra, consideradas uno de los testimonios funerarios cristianos más importantes de la Comunidad de Madrid. Su fase más antigua se sitúa entre los siglos VIII y IX, aunque la ocupación del cementerio se prolongó hasta la Alta Edad Media. La cronología de la necrópolis es anterior a la de la iglesia, lo que indica que las tumbas pertenecieron a los primeros grupos cristianos establecidos en la zona.

De frontera andalusí a tierra de pastores medievales

Tras la llegada musulmana en el siglo VIII, el territorio se integró en la Marca Media de Al-Ándalus, frontera fluctuante con los reinos cristianos. Atalayas y estructuras defensivas dan fe de aquella época. En el siglo X, Abd al-Rahman III reforzó el control militar, consciente del valor estratégico del puerto de Somosierra como paso entre la meseta norte y sur. Pese a ello, estas tierras se mantuvieron con un modelo comunitario poco controlado desde Córdoba y orientado a la ganadería extensiva.

La expansión cristiana entre los siglos XI y XIII fue gradual y compleja, con avances, retrocesos y alianzas. Tras la conquista de Toledo en 1085, Alfonso VI impulsó la repoblación y en 1096 concedió a Buitrago el título de Villa, favoreciendo el asentamiento de pobladores, principalmente ganaderos segovianos. La creación de la Mesta, en 1273, otorgó privilegios a los pastores y consolidó la economía ovina.

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El dominio de los Mendoza y la era de prosperidad

En el siglo XIV, el régimen señorial se afianzó con la cesión de las villas de Hita y Buitrago a Pedro González de Mendoza por Enrique II. Desde entonces, el destino del municipio estuvo ligado a esta influyente familia hasta la desaparición del señorío en 1833. Bajo su poder, el territorio vivió un prolongado periodo de estabilidad económica, cultural y religiosa. La lana merina de la Tierra de Buitrago alcanzó gran prestigio nacional e internacional.

Hasta el siglo XVIII, Sieteiglesias fue el punto más favorecido por su situación junto a la Real Cañada Segoviana y la ruta histórica entre las dos mesetas. Con la llegada de los Borbones, las reformas de Carlos III y el nuevo trazado radial de caminos impulsaron el crecimiento de Lozoyuela, situada ya en la carretera de Madrid a Francia.

Iglesia de  Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias. (Imagen:
Iglesia de Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias. (Imagen: X/@VisitMadrid_es)

Siglos XIX y XX: guerras, desamortización, minería y ferrocarril

La Guerra de la Independencia golpeó duramente a las localidades del municipio. Tras la batalla de Somosierra, en 1808, tropas francesas saquearon Lozoyuela, destruyeron su archivo municipal, profanaron iglesias y cometieron abusos contra la población.

El siglo XIX trajo profundas transformaciones: la desaparición del régimen señorial, la disolución de la Mesta y las desamortizaciones cambiaron la estructura de la propiedad y provocaron la decadencia de la ganadería trashumante. En el último tercio de siglo, la minería adquirió importancia con la explotación de minas de cobre y, posteriormente, de wolframio.

Durante la Guerra Civil, Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias, aunque en retaguardia, sufrió bombardeos y una intensa militarización del territorio: trincheras, fortines, nidos de ametralladoras y un aeródromo en Los Tomillares. Iglesias se destinaron a usos militares y logísticos.

El ferrocarril Madrid-Burgos, cuya construcción empleó a presos de guerra y civiles, dejó túneles, estaciones y edificaciones auxiliares que aún forman parte del paisaje local. La línea fue inaugurada en 1968. El siglo XX registró un aumento demográfico hasta 1950, seguido del gran éxodo rural hacia Madrid, favorecido por la industrialización y el Plan de Estabilización de 1957.

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Un presente en transformación

Hoy, Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias busca consolidar un modelo de desarrollo sostenible basado en la gestión del patrimonio histórico y natural, el turismo de calidad, el fortalecimiento de la ganadería y la recuperación de oficios y comercio local. La digitalización, la mejora de infraestructuras y la innovación agraria y turística marcan su hoja de ruta.