
Durante las décadas de 1950 y 1960, en España, numerosas comunidades se vieron obligadas a abandonar sus hogares y tierras debido a un ambicioso programa de construcción de embalses impulsado por el gobierno franquista. Como consecuencia directa de este proyecto, varios pueblos, ubicados en las inmediaciones de los sitios elegidos para la creación de los embalses, fueron calificados como zonas inundables y, por tanto, sujetos a expropiación y posterior desalojo.
Muchos de ellos fueron sumergidos bajo sus aguas, siendo solo visibles durante los periodos de sequía, y otros fueron reconstruidos o trasladados a zonas cercanas manteniendo su esencia y tradición. Así, a orillas del río Miño, la localidad de Portomarín cuenta con una historia que dio un giro radical en el año 1963, cuando la construcción del embalse de Belesar inundó la localidad. Esto hizo que fuera reconstruida piedra a piedra sobre una colina, dando lugar al pueblo actual.
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La historia de un pueblo sumergido

Portomarín nace a la ribera del río Miño y a los pies de un puente medieval. Durante la Edad Media fue un punto de gran importancia gracias a que era un punto de paso en el Camino de Santiago Francés. A su vez, la villa acogió a los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XII, los cuales se hicieron cargo del hospital e iniciaron la construcción de la iglesia de San Juan. De hecho, la villa estaba dividida en dos barrios, el de San Juan y el de San Pedro, ambos con las correspondientes iglesias.
Sin embargo, en la década de 1960 todo cambió. La construcción del embalse de Belesar, promovido por Fenosa e inaugurado en 1963, anegó por completo el antiguo asentamiento. Sin embargo, varios de sus edificios más emblemáticos fueron desmontados piedra a piedra y trasladados a una cota superior. Así, la nueva localidad mantiene un pintoresco casco histórico en el que se ha mantenido la esencia medieval gracias a sus calles empedradas y monumentos históricos.
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Durante los periodos de estiaje, cuando el nivel del agua del embalse desciende, emergen los restos del puente viejo y los cimientos del antiguo Portomarín. Estos elementos, visibles de forma intermitente, permiten al visitante una visión parcial de la villa desaparecida, cuyo recuerdo sigue vivo en las piedras numeradas y recolocadas del nuevo núcleo urbano.
El nuevo Portomarín

Piedra a piedra, el actual pueblo de Portomarín permite contemplar un conjunto monumental de gran valor. De todos sus atractivos destaca la iglesia-fortaleza de San Juan, actualmente de San Nicolás. Levantada entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, se atribuye su diseño a un colaborador del maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago. De una sola nave y ábside semicircular, el templo combina funciones religiosas y defensivas, con una estructura maciza y sobria que recuerda su pasado vinculado a la Orden de San Juan de Jerusalén.
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La fachada principal destaca por su gran rosetón y una portada con tres arquivoltas. En una de ellas se representan los 24 Ancianos del Apocalipsis, mientras que en el tímpano figura el Pantocrátor, rodeado por los símbolos de los evangelistas, en una iconografía propia del románico gallego. A unos metros de la portada sur se ubica el actual albergue de peregrinos. Desde la calle lateral que bordea la iglesia, se accede a otro de los templos de la villa, la iglesia de San Pedro.
Aunque de dimensiones más reducidas, conserva elementos originales de su arquitectura románica, especialmente la portada con arco de medio punto y un tímpano bilobulado que descansa sobre dos mochetas con cabezas de toro talladas en piedra. Igualmente, entre los vestigios más llamativos del pasado de Portomarín se encuentra uno de los arcos originales del puente romano del siglo II, rescatado antes de que el antiguo asentamiento quedara sumergido por el embalse de Belesar.
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Esta estructura puede verse hoy en uno de los extremos del puente moderno que cruza el río Miño y conecta la actual ubicación del pueblo con el trazado del Camino de Santiago. Además, estos restos forman lo que se conoce como la escalinata y conducen a la capilla de las Nieves.
Cómo llegar
Desde Lugo, el viaje es de alrededor de 25 minutos por la carretera LU-612. Por su parte, desde Ourense el trayecto tiene una duración de 1 hora y 10 minutos por la vía N-540.
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