
Desde la época romana, el río Guadalquivir ha sido una arteria vital para el comercio y la comunicación en el suroeste de la Península Ibérica. En la Edad Media, Sevilla se consolidó como un puerto clave del reino de Castilla, y con el descubrimiento de América en 1492, el Guadalquivir se convirtió en la principal vía de acceso al Nuevo Mundo. Durante siglos, barcos cargados de oro, plata y productos exóticos remontaban el río hasta Sevilla, que llegó a ser el puerto más importante de Europa en el siglo XVI.
A día de hoy, esta histórica conexión fluvial entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda sigue siendo una opción para quienes desean recorrer el Guadalquivir como lo hicieron navegantes de siglos pasados. Esta ruta, que une la capital andaluza con la desembocadura del río en el Atlántico, es utilizada tanto con fines turísticos como comerciales.
El trayecto, de aproximadamente 80 kilómetros, permite recorrer uno de los cauces más importantes de la Península Ibérica, con un papel histórico crucial en la exploración y el comercio desde el siglo XVI. Durante el recorrido, los barcos atraviesan enclaves como Coria del Río y La Puebla del Río, además de la Reserva Natural de Doñana, un hábitat clave para especies protegidas.
Un recorrido con historia
La travesía entre Sevilla y Sanlúcar ha recuperado interés en los últimos años gracias a la demanda de experiencias culturales y ecológicas. Varias empresas ofrecen servicios regulares para turistas que buscan conocer la ruta por la que partieron expediciones históricas, como la de Magallanes y Elcano en 1519. La posibilidad de recorrer el Guadalquivir de esta manera permite observar el entorno fluvial desde una perspectiva distinta y redescubrir un vínculo natural entre la ciudad y el océano.

Las embarcaciones que operan en este trayecto suelen ofrecer distintas modalidades de viaje. Algunas incluyen paradas intermedias para explorar los pueblos ribereños y realizar actividades de observación de aves en Doñana. Otras, en cambio, optan por travesías directas que permiten completar el recorrido en unas cuatro horas. A su vez, algunos itinerarios cuenta con guías que van contando cada uno de los secretos de esta ruta. Además, por normal general, se puede disfrutar de un paseo por Sanlúcar, haciendo el viaje de vuelta en autobús.
Sus puntos de interés
Así, durante el itinerario se pueden observar los principales monumentos de Sevilla como son la Torre del Oro o el emblemático Puente de Triana, y a medida que se avanza las marismas del Guadalquivir. A su vez, a la altura de Coria del Río, se pueden ver pequeñas embarcaciones pesqueras y vestigios de la presencia japonesa en la localidad, donde descendientes de la expedición de Hasekura Tsunenaga aún conservan su legado. Continuando el recorrido, la embarcación bordea la Puebla del Río, un pueblo con una tradición agrícola y ganadera ligada a la proximidad de Doñana.
Al adentrarse en la Reserva Natural de Doñana, el paisaje cambia drásticamente. La inmensidad de las marismas y la densa vegetación permiten el avistamiento de especies en peligro de extinción, como el lince ibérico. En el tramo final, al acercarse a Sanlúcar de Barrameda, el paisaje se torna más abierto y costero. Desde la cubierta del barco se vislumbran las playas de la desembocadura, donde el Guadalquivir se encuentra con el océano Atlántico.
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