
Cataluña es una región rica en historia y tradiciones, que alberga numerosos pueblos medievales que evocan el esplendor de épocas pasadas. Estos enclaves, con sus calles empedradas, edificios de piedra y fortalezas que han resistido el paso del tiempo, ofrecen un viaje en el tiempo que permite al visitante sumergirse en la vida y el ambiente de la Edad Media. Desde los Pirineos hasta la costa mediterránea, cada uno de estos pueblos conserva un legado único que refleja la diversidad cultural y arquitectónica de la región.
Entre los más destacados se encuentran Besalú o Peratallada, pero son muchos otros los que se mantienen ocultos y atesoran un rico patrimonio. En este sentido, en la comarca de l’Anoia, Barcelona, concretamente en la región de Alta Segarra, se alza la localidad de Calaf. Se trata de una pequeña villa en la que sus calles y plazas transportan al viajero a la Edad Media. Además, esconde un impresionante conjunto monumental y es un destino obligatorio para los amantes de la artesanía.
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Un pintoresco casco histórico

El origen de esta villa medieval se puede situar en el siglo XI, momento en el que por primera vez se documentó su castillo. Esta estructura, de gran importancia estratégica en la Edad Media, marcó el desarrollo inicial del pueblo como un enclave defensivo y comercial. A esto hay que sumar las murallas medievales y otros elementos patrimoniales que aún son visibles hoy en día, reflejando el papel de Calaf como núcleo fortificado en la historia catalana.
De este modo, al pasear por sus calles, el viajero todavía se impregna de esta atmósfera medieval, a la vez que puede disfrutar de sus principales monumentos. Uno de los más notables es la iglesia de Sant Jaume, de estilo gótico tardío y que se construyó en el año 1889. El templo destaca por su fachada sobria y su campanario, que se alza a casi 60 metros de altura y ofrece una panorámica única de la localidad y sus alrededores. Junto a él se ubica la Plaza Gran, el corazón del pueblo y en el que cada semana tiene lugar uno de los mercados más sorprendentes de España.
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Su disposición cautiva al viajero gracias a los numerosos edificios que la rodean, como es el caso de las casas señoriales de can Segarra, la casa pairal Farrera, y la Torre. De la plaza parte la calle Sant Jaume, la arteria principal de la localidad y donde también se pueden ver ejemplos de estas construcciones. Además, conduce al conocido como Portal Xurriguera, un ejemplo de arquitectura barroca, y a la calle que lleva el mismo nombre.
Es precisamente en ella donde se sitúa el castillo de la villa, una fortaleza levanta sobre el año 1015 y que está a más de 700 metros de altura. Cabe destacar que el primer sábado de cada mes, la visita es gratuita a las 11:00 h desde la Oficina de Turismo. También no hay que pasar por alto el hospital de Calaf y su torre cuadrada; la ermita de San Sebastián y su mirador; y las conocidas como ‘Les Escales de la Vida’, una representación artística de la vida en forma de escaleras que decoran el entorno urbano
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Un mercado medieval con 800 años de historia

Durante el siglo XIII, el mercado semanal de Calaf comenzó a ganar relevancia, convirtiéndose en un punto de encuentro para comerciantes de la región y contribuyendo al auge económico de la localidad. Así, a día de hoy esta tradición todavía se mantiene, siendo uno de los principales atractivos de la localidad. De este modo, cada sábado, la Plaza Gran se inunda de puestos de artesanía en el que los viajeros pueden encontrar prodcutos maravillosos de todo tipo y hechos a mano, una tradición que es sin duda uno de los elementos distintivos de la localidad.
La oferta cultural de Calaf se complementa con eventos que celebran sus tradiciones y costumbres. Uno de los más destacados es la Fira de l’Estany, una feria de carácter medieval que transporta a los visitantes a épocas pasadas a través de recreaciones históricas, actuaciones de teatro al aire libre y exhibiciones de oficios antiguos. Este evento es una oportunidad para que los visitantes descubran la historia y las leyendas que envuelven al municipio.
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Por otro lado, el entorno natural de que rodea al pueblo también ofrece rutas para los amantes del senderismo y el ciclismo. Los caminos rurales y los senderos que se extienden por la comarca permiten recorrer paisajes de gran belleza y tranquilidad, ideales para desconectar del ritmo de la vida urbana. La vegetación mediterránea y los campos de cultivo crean un entorno propicio para quienes buscan actividades al aire libre.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 15 minutos por la carretera A-2. Por su parte, desde Lleida el trayecto tiene una duración estimada de 55 minutos por las vías A-2 y C-25.
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