
Lo llamaban el pueblo de los bandidos. Sin embargo, era más un insulto que una descripción: el nombre no venía porque allí vivieran muchos ladrones, sino que lo difundió el papa Pío IV en el siglo XVI porque era el hogar de los Colonna, una familia noble enemiga del pontífice. Hoy lo llaman el pueblo de los mulos, porque estos animales son los encargados de transportar carga e incluso recoger la basura por sus calles empedradas y empinadas.
Hablamos de Artena, un pueblo medieval de cerca de 13.500 habitantes —aunque sólo unos 2.000 viven en su centro histórico— situado a 54 kilómetros de Roma y famoso por contar con el centro histórico peatonal más grande de Europa. Los coches solo están permitidos en la periferia, y por sus estrechas callejuelas, escalinatas y construcciones de piedra únicamente pasean las personas y las mulas, que se mantienen como un medio de transporte habitual, vestigio de una era todavía no olvidada.
Artena se encuentra en una colina a 420 metros de altitud y ofrece una vista panorámica del Valle del Sacco —un territorio entre las provincias de Roma y Frosinone, en el centro-sur del país—, los Castelli Romani y las llanuras pontinas. Allí, en el centro del antiguo y salvaje Lacio, con una historia marcada por la sangre, la localidad conserva su memoria histórica y cultural.
¿Qué ver en Artena?
El Palacio Borghese, construido en el siglo XVII por el cardenal Scipione Borghese, es uno de los principales atractivos. Su estructura monumental barroca destaca por su gran jardín, y la influencia de esta familia se deja notar también en el Arco Borghese, que sirve de entrada al pueblo.
Entre los puntos de interés religiosos, la Iglesia de Santa Croce se distingue por sus dos torres gemelas, que dominan el centro histórico. El Convento de los Franciscanos, también conocido como la Iglesia de Santa Maria di Gesù, data de 1629 y presenta una nave rectangular con un coro de madera de nogal. Posee cinco altares, ricamente decorados con estucos, y pinturas de Vincenzo Manenti. Por otro lado, la Iglesia de Santa Croce, construida sobre los restos de un antiguo templo pagano, conserva frescos y pinturas del siglo XVI. El pueblo alberga también el Museo Arqueológico Roger Lambrechts, situado en el antiguo Granero Borghese, que expone piezas antiguas, incluidos restos de asentamientos prerromanos.
En cuanto a la gastronomía, Artena es conocida por su pan artesanal, cuya tradición tiene raíces profundas. En el pasado, el pueblo era famoso por la abundancia de hornos en el centro histórico, donde las amas de casa cocían el pan diariamente. Aunque muchos han desaparecido, aún persisten tres restaurantes en el centro histórico que son muy recomendables. Otra especialidad son los Gnocchi Longhi de Artena, una variante local que se elabora sin huevo.
Cómo llegar a Artena
Desde Roma, la forma más rápida de llegar a Artena es en coche, por la autopista A1. Se recomienda tomar la salida Valmontone, a 3 km del centro, o la de Colleferro, a unos 7 km. En tren, la estación más cercana es la de Valmontone, a la que se puede llegar fácilmente desde Roma Termini. Desde allí, hay autobuses y servicios de transporte hacia Artena. También existen rutas de autobús Cotral que conectan toda la región del Lacio, incluida Roma.
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