
La fotografía de Segovia no sería la misma sin su acueducto. Este monumento es uno de los más emblemáticos de España gracias a su importante historia y por ser uno de los mayores legados del Imperio Romano. Construido en el siglo I d.C., esta obra monumental, que aún conserva su estructura original, se extiende por más de 800 metros y alcanza una altura máxima de 28 metros en su tramo principal. Su diseño de arcos superpuestos y su precisión arquitectónica no solo han desafiado el paso del tiempo, sino que han convertido al acueducto en un símbolo de la capacidad técnica de la Antigua Roma.
Así, se ha convertido en uno de los principales atractivos de la localidad y de todo la región y no es para menos, pues además está declarado desde 1985 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pero esto no es todo, pues más allá de su gran monumentalidad, el acueducto atesora profundas leyendas que a día de hoy siguen vivas gracias al imaginario popular de sus vecinos. Una de las más famosas es la que se desarrolló en torno al diablo, pues se dice que fue construido por él. De hecho, cuenta con una escultura propia en uno de los caminos que conducen al acueducto.
La leyenda y su estatua
La historia cuenta que una joven aguadora de la ciudad, cansada de recorrer largos trayectos cargando agua hasta su hogar, hizo un pacto con el diablo a cambio de su alma. El trato consistía en que el demonio debía construir un acueducto antes de que el primer rayo de sol iluminara Segovia. La joven, consciente de las dificultades de la tarea, aceptó con la esperanza de librarse del arduo trabajo diario.

A lo largo de la noche, el diablo se dedicó con gran empeño a levantar la colosal estructura, colocando las enormes piedras con una rapidez asombrosa. La leyenda dice que, al ver el avance de la construcción, la joven se arrepintió y rogó al cielo para que la luz del día apareciera antes de que el demonio completara su obra. Justo en el último momento, cuando el diablo estaba a punto de colocar la última piedra, un rayo de sol asomó en el horizonte, frustrando su tarea.
El acueducto, tal como ha llegado a nuestros días, presenta un pequeño hueco entre las piedras, el cual se atribuye al último bloque que el diablo no logró colocar. Según la leyenda, este espacio es la marca de la derrota del demonio y la prueba de la intervención divina que salvó el alma de la joven. En señal de agradecimiento, la ciudad erigió una imagen de la Virgen en una hornacina del acueducto, donde se encuentra hasta el día de hoy.
En 2019, la leyenda cobró vida de una manera particular con la inauguración de una estatua en bronce de un diablillo que, con una actitud simpática y desenfadada, se toma una ‘selfie’ junto al acueducto. La escultura generó cierta controversia entre los segovianos, dividiendo opiniones sobre la pertinencia de representar al diablo de una forma tan jovial y moderna. Sin embargo, para muchos, esta iniciativa no hace más que perpetuar una leyenda que ha sido transmitida de generación en generación y que sigue fascinando tanto a locales como a turistas.
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