David Ferrer dice adiós a la Armada. Lo ha anunciado este jueves y ha caído como una losa sobre el mundo del tenis. Una noticia inesperada que deja un hueco en las filas de la selección española de tenis. La Copa Davis 2026 será el último torneo que liderará al equipo como capitán a pesar de que su contrato se extendía hasta finales del año 2027. Será en ese torneo en el que se hizo eterno tanto dentro como fuera de la pista hasta convertirlo en su título por excelencia y el que ponga el punto y final a esta etapa de El tiburón.
El escrito con el que ha compartido la noticia lo ha difundido a través de redes sociales: “Quiero agradecer a la RFET la oportunidad que me dio de cumplir uno de mis sueños, como es poder ser capitán de Copa Davis de mi país. También quiero dar las gracias a todos los jugadores y a todas las personas que me han acompañado durante esta aventura. Ha sido un privilegio compartir este camino con todos ellos”. Sobre el porqué de su adiós ha explicado: “Los motivos de esta decisión son únicamente personales y responden al deseo de poder iniciar una nueva etapa”.
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Su etapa cerrará con la Final a 8 que se llevará a cabo entre el 24 y 29 de noviembre: “A partir de ahora, estoy únicamente motivado e ilusionado por poder guiar al equipo español a por otra Ensaladera. Tenemos por delante un reto muy bonito en Bolonia, donde, como siempre, solo ellos, los jugadores, volverán a ser los verdaderos protagonistas”. Y concluye: “¡Gracias a todos y vamos a por ello!“. De momento, no ha anunciado cuál será su siguiente paso, aunque por lo que ha dejado entrever en la carta no tardará en hacerlo público. La carrera de David Ferrer va mucho más allá de su etapa como capitán de la Armada.

De romper raquetas a la conquista de la Copa Davis
Comenzó a jugar con tan solo 7 años junto a su hermano y su padre. Su talento no tardó en llamar la atención dentro del mundo del tenis. Con 12 años empezó a entrenar en Tavernes de la Valldigna (Valencia). A los 18 se puso a las órdenes de Javier Piles, el que sería su entrenador hasta 2013, momento en que decidió colgar la raqueta y poner fin a su trayectoria profesional. Los títulos no tardaron en llegar, hasta 27 trofeos individuales conquistó en el circuito de la ATP, entre los que destacan el Masters 1000 de París en 2012. Llegó incluso a la final de Roland Garros, donde perdió a manos de Rafa Nadal. También cuenta con tres Copas Davis en su palmarés. También llegó a estar por delante de Rafa Nadal y Federer en el ranking ATP al alcanzar el número tres del mundo.
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Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. David Ferrer también tuvo momentos que probablemente le encantaría borrar. El tenista valenciano pagaba con su raqueta los enfados que sufría en los partidos. “Romper una raqueta es de ser un maleducado, de no aceptar que el contrario también participa, que tú puedes fallar. Cuando alguien no quiere aceptar eso, tiene complejos de que va a perder, y no quiere aceptarlos, rompe la raqueta”, explicó en una entrevista con El País.
A las raquetas resquebrajadas se unían los gritos. Quejas a su banquillo, aspavientos y, sobre todo, gritos, era lo que predominaba en muchos de sus partidos. Hasta que dijo basta. Superó sus demonios y aprendió a controlar esa ira. “Vivo mejor sin gritos, ojalá los hubiera perdido antes. El hecho de tener más experiencia te hace estar más tranquilo, más sereno”, aseguró en una entrevista con ABC. Una vez apagados los fuegos y colgada la raqueta decidió seguir vinculado al deporte que amaba. Primero como entrenador de profesionales de la talla de Alexander Zverev. Después volvió donde siempre fue feliz: la Copa Davis, esta vez convertido en capitán de la Armada. Una etapa que llega a su fin antes de lo esperado, para dar el siguiente paso.
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