Es una de las historias inesperadas de la semana. Hasta hace un par de días, prácticamente nadie sabía quién era Imane Khelif y el boxeo femenino de la categoría de 66 kilogramos no era precisamente el deporte que más expectación había generado en estos Juegos Olímpicos de París. Y entonces comenzó la locura: llegó el combate entre esta boxeadora argelina y la italiana Angela Carini.
A los 46 segundos, y tras recibir un fuerte golpe -algo que, a priori, no resulta extraño en el boxeo-, la italiana anunció su retirada, diciendo que “nunca le habían pegado así” y poniendo en duda la legitimidad de Khelif para participar en los Juegos. Ahí arrancó, inesperadamente, un conflicto internacional.
El año pasado, la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) expulsó de un torneo a Khelif y a la taiwanesa Lin Yu-ting, argumentando unas pruebas médicas confidenciales que, según este organismo, probaron que estas boxeadores no eran “elegibles” para participar en un campeonato femenino. Así arrancaron las fake news: se ha acusado a Khelif de tener altos niveles de testoterona, o de ser trans y mentir al respecto, o de ser “intersexual” y contar con una ventaja física injusta frente al resto de las deportistas... De inmediato, todo el mundo tuvo una opinión sobre el tema: el Gobierno italiano, Elon Musk, J. K. Rowling, Pau Gasol, Isabel Díaz Ayuso...
Poco a poco, con el paso de las horas, llegaron nuevos matices que, de todos modos, algunos no estaban dispuestos a escuchar: la IBA es una organización rusa acusada de corrupción, dependiente de la petrolera Gazprom y con la que el Comité Olímpico Internacional (COI) ha cortado relaciones, y Khelif es una mujer que, según su pasaporte y todas las pruebas disponibles, siempre ha sido una mujer. En el pasado, además, ha participado sin controversia en numerosos torneos, y perdiendo en numerosas ocasiones frente a boxeadoras que supuestamente no contaban con sus “ventajas”. En un comunicado, el COI dijo que “no se trataba de un hombre luchando contra una mujer”, y que “científicamente hay consenso al respecto”. “Todos los deportistas que participan en el torneo de boxeo de los Juegos Olímpicos de París 2024 cumplen con las normas de elegibilidad y de inscripción de la competición, así como con todas las normas médicas aplicables establecidas por la Unidad de Boxeo de París 2024 (PBU)”, señaló. La boxeadora italiana, por cierto, terminó disculpándose con Khelif.
Combate de cuartos de final
Y en el fondo de todo esto, está lo central para la implicada: el deporte. Este sábado se ha celebrado el combate de cuartos de final entre Khelif y la húngara Lucca Anna Hamori, que había declarado: “No me importa nada, he venido aquí a por medalla”. Y en el ring sí que no ha habido ningún debate: Khelif venció con claridad a la púgil húngara y bajó llorando emocionada las escaleras del cuadrilátero. Con ello, la argelina se asegura medalla en París y afronta unas semifinales en las que ya conoce rival, la tailandesa Janjaem Suwannapheng.
“Fue una pelea dura pero creo que fue una buena pelea, estoy muy orgullosa de mí misma y agradecida de estar aquí”, manifestó Hamori. Khelif, por su parte, hizo lo mismo que ha hecho en todo este frenesí: guardar silencio y, seguramente, pensar en el objetivo del oro olímpico, la razón por la que todos los deportistas están en París.
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