Esta película de 18 segundos fue la primera de la historia en la que se utilizaron efectos especiales y dejó al público sin palabras: “Mi amigo estaba pálido”

En 1895, el inventor Thomas Alva Edison lideró la producción de un cortometraje que recrea la decapitación de una conocida reina

Película de 'La ejecución de María, reina de Escocia'.
Película de 'La ejecución de María, reina de Escocia'.
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A día de hoy, los efectos especiales en las películas han pasado a ser algo cotidiano. Tanto que, incluso en títulos como Spider-Man: Brand New Day, La Odisea o Dune, resulta cada vez más difícil sorprender a los espectadores. Sin embargo, hubo un tiempo en que este recurso, por mínimo que fuera, se convertía en la herramienta perfecta para provocar las emociones más intensas del público, ya que se les mostraban imágenes que, además de no haber visto nunca, creían imposibles de recrear.

Si rastreamos la historia de los efectos especiales, tenemos que retroceder hasta 1895, cuando el equipo de Thomas Alva Edison (creador de la primera red de suministro eléctrico o del fonógrafo) se unió al director Alfred Clark para rodar La ejecución de María Estuardo, reina de Escocia. En este cortometraje de 18 segundos puede verse cómo la famosa monarca es decapitada. El mecanismo era tan directo como sencillo: al arrodillar a María ante el tajo, la cámara se detenía, el actor (se utilizó a un hombre para interpretar a la reina) se apartaba y se colocaba el maniquí en su lugar.

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Sin embargo, fue la primera vez que se empleaba algo así en una obra cinematográfica, de modo que el público no estaba familiarizado con los trucos del cine primitivo. Muchos creyeron que lo que veían era un asesinato auténtico, lo que desencadenó una profunda conmoción de la que se ha llegado a decir (aunque no haya pruebas de ello) que salieron gritando despavoridos.

Película de 'La Ejecución de María, Reina de Escocia', la primera en la que se utilizaron efectos especiales.

La reacción de unos prisioneros al ver la película

A pesar de no contar con demasiados testimonios de la época, la historiadora Alison Griffiths sí nos deja uno verdaderamente curioso en su ensayo Carceral Fantasies. Se trata del de un prisionero al que, junto a un compañero, le enseñaron la película. “La ejecución se llevó a cabo tan rápidamente que me dejó sin palabras. Al volverme hacia mi amigo, vi que tenía el rostro pálido y que, aunque su vida dependiera de ello, no habría podido pronunciar ni una sola palabra. Cuando se recuperó de la conmoción, se volvió hacia mí y me dijo: ‘Eso iba dirigido a mí, y voy a hacer caso de la advertencia’”, escribiría en una revista de la época.

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“Pequeñas cosas han cambiado el rumbo de muchas de nuestras vidas y, por algún poder misterioso, nos han influido para bien y para mal. Un kinetoscopio (con el que Edison proyectaba la película) es un aparato de aspecto inocente y a uno le costaría creer que pudiera haber contribuido a la reforma de un delincuente, pero así fue”, continúa. “Fue una conversión tan completa como ninguna otra que haya presenciado jamás. Esa pequeña imagen logró más en cinco minutos que todo su tiempo en prisión, aunque permaneciera encarcelado durante el resto de su vida”.

Tras el kinetoscopio, Thomas Alva Edison y su equipo desarrollaron el kinófono, que permitía añadir sonido.
Tras el kinetoscopio, Thomas Alva Edison y su equipo desarrollaron el kinófono, que permitía añadir sonido.

Con estas palabras, vemos hasta qué punto el cine fue capaz de impresionar con ese primer salto técnico. El éxito temprano de esa obra marcó el inicio de una tendencia que hoy también nos es familiar: la explotación de la violencia para provocar una reacción visceral en la audiencia. Tras el revuelo causado por La ejecución de María Estuardo, Edison encargó más producciones de tono macabro, como Juana de Arco quemándose en la hoguera o escenas del Viejo Oeste con desollamientos y linchamientos. En cuestión de años, el equipo llevó el recurso a su máximo exponente con la recreación del asesinato del presidente de Estados Unidos William McKinley, presentada al público como si fuera una noticia real.

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