Se ha presentado en el Festival de Cannes Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, en la que el director español compone un ejercicio de ‘metaficción’ para hablar de los límites de la creación a partir de varias capas que se entrelazan entre la realidad y la invención.
Es una de sus películas más personales desde Dolor y gloria, en la que el propio Almodóvar construye, en muchos aspectos, una especie de ‘alter-ego’ a través del personaje de Leonardo Sbaraglia, que utilizará las tragedias de aquellos que tiene a su alrededor para salir de su crisis creativa. Eso no es precisamente algo que le haya ocurrido nunca a Pedro Almodóvar, al menos por el momento, ya que a sus 76 años se encuentra en uno de sus mejores momentos a nivel creativo.
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En los últimos años no ha parado de encadenar proyectos y, en 2024, alcanzó el León de Oro del Festival de Venecia con La habitación de al lado, su primera película hablada en inglés, protagonizada por Tilda Swinton y Julianne Moore.
Ahora se enfrena de nuevo al reto de ser o no coronado con la Palma de Oro, un reconocimiento que se le ha escapado hasta el momento. Sin embargo, eso podría cambiar en esta edición. Hay algunos indicios que apuntan a que este sería el año definitivo. Aquí analizamos algunas de las teorías.
La teoría del jurado
Siempre que se componen los jurados del Festival de Cannes se hacen cábalas sobre cuáles podrían ser las preferencias del mismo dependiendo de los propios universos particulares de cada uno de los miembros.
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Este año el presidente del jurado es el surcoreano Park Chan-wook, autor de obras como Oldboy o Decision to Leave, que ha manifestado en diferentes ocasiones su amor y respeto por el cine del director manchego. Y es que su forma de acercarse al melodrama es muy similar, así como todo lo que tiene que ver con la estética, el uso de la plasticidad en las imágenes, los elementos de humor inesperados. Si se escudriña bien su obra, es mucho más ‘almodovariana’ de lo que podría parecer a simple vista.
En el jurado también encontramos a otro cineasta que bebe directamente de Almodóvar como es Diego Céspedes, que debutó el año pasado con La misteriosa mirada del flamenco. Las actrices, siempre se rinden al universo femenino del director, por lo que no sería difícil contar con los votos de Demi Moore y Ruth Negga. Y, en cuanto a Paul Laverty, seguramente valorará al activismo y compromiso político de un director que nunca se calla sobre los problemas que atraviesa la actualidad y que, precisamente en esta edición, ha alzado su voz contra la guerra en Gaza y se ha mostrado de lo más reivindicativo.
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La teoría de que no hay obras incontestables
En casi todas las ediciones del Festival de Cannes hay una película que se convierte de forma inmediata en la favorita, por su originalidad, por su contundencia, porque es de un director importante...
Pensemos en obras incontestables de los setenta a la actualidad que han ganado la Palma de Oro: Taxi Driver, Apocalypse Now, París, Texas, Corazón Salvaje (aunque fuera polémica) y directores alcanzaron la gloria gracias al galardón: Quentin Tarantino (Pulp Fiction), los hermanos Dardenne (Rosetta), los hermanos Coen (Barton Fink), Jane Campion (El piano), Apichatpong Weerasethakul (Tío Bonmee recuerda sus vidas pasadas) o Justine Triet (Anatomía de una caída), por poner solo unos pocos ejemplos.
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¿Hay este año un El árbol de la vida o un Parásitos que se convirtieron de forma inmediata en auténticos acontecimientos? No parece ser el caso. Hay películas que sí han recibido muy buenas críticas, como es el caso de Minotaur, del ruso Andrey Zvyagintsev o de All of Sudden, de Ryûsuke Hamaguchi (quizás la que tenga más posibilidades), pero no hay nada que se acerque a la excelencia incontestable entre las competidoras de Amarga Navidad.
La teoría de que “ya le toca a Almodóvar”
Hay un sentimiento unánime de que ya le toca a Almodóvar y eso sí que es algo que recorre el ambiente. De eso, hay pocas dudas al respecto. Si revisamos la lista de directores este año, no encontramos a ninguno que está a su nivel de prestigio, ni Pawel Pawlikowski, ni Cristian Mungiu, ni James Gray.
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Si en el anterior apartado repasábamos algunos de los grandes titanes que tenían la Palma de Oro, da la sensación de en esa lista, falta Pedro Almodóvar. Y podría ser el momento. Ha hecho una espléndida película de madurez, en la que encontramos lo mejor de su cine de los últimos tiempos, una obra dura, repleta de texturas, de capas, de una complejidad narrativa solo a la altura de los grandes maestros, que él maneja con una habilidad envidiable. Es una película que se pliega sobre sí misma, en la que los errores de la primera parte, se convierten en aciertos en la segunda, formando parte de la propia estrategia de la película que se está haciendo dentro de la película. En definitiva, un autentico prodigio, incómoda y radical. Ojalá, la Palma de Oro. Crucemos los dedos.
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