Cuidar a tu madre enferma de Alzheimer cuando tienes 18 años no es fácil: “Terminas disociándote, normalizas algo que no es normal”

Se ha estrenado ‘Yo no moriré de amor’, la ópera prima de Marta Matute, basada en sus propias experiencias, que arrasó en el pasado Festival de Málaga

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Infobae entrevista a la directora Marta Matute y las actrices Júlia Mascort y Laura Weissmahr, protagonistas de ‘Yo no moriré de amor’.

Cuando tenía 19 años, a la madre de Marta Matute le diagnosticaron Alzheimer con 57 años. Las dos eran demasiado jóvenes como para abordar lo que les estaba pasando y, a lo largo de los años tuvieron que intercambiar los roles: la joven se convertiría en la cuidadora, al mismo tiempo que tendría que asistir al doloroso proceso de deterioro de su progenitora.

Ahora todas esas vivencias las ha volcado en su ópera prima como directora, Yo no moriré de amor, película que ganó la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga, el premio a la mejor actriz (la debutante Júlia Mascort) y el de mejor actor de reparto (Tomás del Estal).

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En ella, los introduciremos en el espacio familiar a través de la mirada de la joven Claudia (Mascort) y de las dinámicas que se establecen a partir del paulatino empeoramiento de su madre a lo largo de los años. Así, iremos pasando de la negación a la necesidad de escapar, de la reivindicación de libertad a la empatía y el entendimiento.

Basada en la propia experiencia de la directora

“La película está basada en mi historia, en efecto, porque cuando tenía 18 años, a mi madre le diagnosticaron una demencia frontotemporal y estuvo nueve años enferma. Y todos esos años nos tuvimos que encargar de los cuidados mis hermanas, mi padre y yo. Así que todo este proceso ha sido lo que me ha conformado como persona adulta”, cuenta Marta Matute a Infobae.

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Imagen de 'Yo no moriré de amor', de Marta Matute
Imagen de 'Yo no moriré de amor', de Marta Matute

El ‘alter-ego’ de Marta en la pantalla, lo encarna una sorprendente Júlia Mascort, que consigue llevar el peso de toda la película, a pesar de su juventud, y de enfrentarse a una interpretación llena de matices que nos lleva de la rabia al dolor, de la culpa a la rebeldía de una manera prodigiosa y con una madurez que pocas veces hemos visto en una debutante.

“Cuando me llegó la prueba sabía que se trataba de un tema delicado, pero tras leer el guion me pareció increíble la manera en la que se abordaba, porque tampoco creo que haya tantas historias que hablen de la figura del cuidador o cuidadores, de cómo una familia se organiza para poder dedicarse a la persona enferma. Así que me parece una increíble noticia que exista esta película”, cuenta Máscort.

Su personaje no deja de ser el de una chica adolescente que tiene que echarse encima una serie de cargas que la oprimen por completo, en un momento además, en el que se encuentra conformando su personalidad. “Creo que es el gran dilema de mi personaje, que tiene que vivir todo eso, tomar decisiones y priorizar entre su juventud, las cosas que le gustan, sus amigos, la fiesta, o condenarse a vivir en casa para cuidar de su madre. Ella lo ve como algo ‘súperinjusto’ y a veces se comporta un poco egoísta. Pero yo también tenía que empatizar con eso, con la humanidad del personaje y de cómo ella viaja a lo largo de los años con esta irresponsabilidad”.

Marta Matute, Júlia Mascort y Laura Weissmahr en su entrevista para Infobae
Marta Matute, Júlia Mascort y Laura Weissmahr en su entrevista para Infobae

Junto al personaje de Claudia, encontramos al de su hermana mayor, a la que encarna Laura Weissmahr (que ganó el Goya a la mejor actriz revelación por Salve María), más responsable, pero que vive en otra ciudad y no puede hacerse cargo como le gustaría. “Creo que, de alguna manera, todos estábamos ahí para honrar a su familia, a su historia, a través de lo personal para hacerlo más universal a través de lo que significan los cuidados, que a cada uno nos va a tocar de una forma u otra“, cuenta Laura Weissmahr.

Una propuesta pulcra y respetuosa

Yo no moriré de amor está contada de una manera de lo más pulcra y respetuosa, desde el corazón, sin parafernalias emocionales o lacrimógenas a pesar de tratar una tema tan duro. “Yo tenía el tono muy claro en la cabeza. Mi línea roja era no caer en el melodrama, eso nunca podía pasar, antes prefería no hacer la película. Pero porque no es real. Cuando estás durante años cuidando a alguien, terminas disociándote completamente, así que normalizas la situación, normalizas algo que no es normal”.

La directora cuenta que estamos atravesados por el deber de cuidar a quien nos ha cuidado. “Yo quería retratar a una familia poco comunicativa, poco afectuosa, que no fuera de grandes abrazos ni de grandes demostraciones de cariño. Son los pequeños gestos los que importan, los que hacen que empatices con ellos. Pero, en general, es una película muy contenida”.

En segundo plano, pero no menos importante, asistiremos al avance de la enfermedad de la progenitora, de cómo los pequeños olvidos y ausencias se van convirtiendo en episodios en los que ella ya no es consciente de su cuerpo ni de su mente. El trabajo, en este sentido, de Sonia Almarcha, resulta absolutamente desgarrador.

Marta Matute y Júlia Mascort en el rodaje de 'Yo no moriré de amor'
Marta Matute y Júlia Mascort en el rodaje de 'Yo no moriré de amor'

“No rodábamos de forma cronológica y, en el caso de Júlia, a lo mejor por la mañana estaba en un estado de la enfermedad del año uno, y por la tarde en el año siete. Entonces, ella tenía un mapa hecho de cada momento para ubicarse. Yo, que tenía menos días de rodaje, cuando llegaba decía: ¿qué vamos a hacer hoy? Y solo tenía que girarme y ver el estado de Sonia para saberlo. Ella nos ayudaba a colocarnos mucho en el papel, porque lo tenía interiorizadísimo“, cuenta Laura Weissmahr. ”A nosotras nos vino muy bien todo el trabajo previo que hicimos, como ir a visitar centros de día y pasar tiempo con personas que estaban en esas condiciones, respirar un poco ese ambiente para no asustarnos, para que no nos pillara por sorpresa, porque si tú lo vives todos los días, es lo más normal del mundo".

En la película, el deterioro de la madre tiene lugar a lo largo de seis años. En el caso de Marta, fueron nueve, pero conoce a personas que en dos años, han desaparecido totalmente. “No se sabe por qué ocurre, solo que en las personas más jóvenes, todo avanza más rápido. Hay tantos tipos de demencias como las personas que las padecen. Yo he intentado plasmar la que vivió mi madre, así que ha sido muy impresionante ver lo que hacía Sonia Almarcha en la película, porque había momentos que me retrotraían directamente al pasado”, cuenta Matute.

Yo no moriré de amor se postula así como una de las óperas primas destacadas para la próxima edición de los Premios Goya. Una película pequeña en comparación con los trabajos de Pedro Almodóvar, Rodrigo Sorogoyen o Los Javis que seguramente acaparen las nominaciones, pero que contiene una verdad y emoción contenida que desarma al hablar de un tema tan sensible de una forma personal y delicada.

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