Slayyyter, la nueva diva del pop que quiere heredar el trono de Charli XCX y promete dar guerra en Coachella

La cantante de Misuri acaba de lanzar ‘Worst Girl in America’, un álbum de pop electrónico con muchas semejanzas a ‘Brat’

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Slayyyter acaba de presentar nuevo álbum 'The Worst Girl in the world'
Slayyyter acaba de presentar nuevo álbum 'The Worst Girl in the world'

Slayyyter nunca ha sido una artista cómoda. Desde sus primeros pasos en internet, la cantante estadounidense ha construido una carrera a base de exceso, ironía, sexo, melodrama y una intuición muy fina para convertir el caos en pop. Su nuevo álbum, *WOR$T GIRL IN AMERICA*, publicado hace tan solo unos días, confirma que ya no estamos ante una promesa de la escena alternativa, sino ante una autora con un universo propio: deslenguado, vulnerable, kitsch y sorprendentemente coherente. La artista ha pasado a convertirse en una de las actuaciones más esperadas para el inminente festival de Coachella, en el que actuará este mismo viernes y el siguiente con la promesa de dar guerra sobre el escenario.

El disco llega en un momento especialmente interesante para el pop raro, ese territorio intermedio entre el mainstream y el club digital que en los últimos años ha ganado visibilidad gracias a figuras como Charli XCX, quien ya revolucionó el panorama con brat y ha continuado el rumbo con su último álbum para la película Cumbres borrascosas. Pero Slayyyter no ocupa ese espacio como una imitadora ni como una discípula menor. Su propuesta va por otro lado: menos fría, más autobiográfica; menos cerebral, más impulsiva; menos manifiesto generacional y más confesión disfrazada de provocación.

Slayyyter, nacida como Catherine Grace Garner, comenzó publicando música de manera independiente y construyó su nombre en un ecosistema donde la imagen, el meme y la identidad eran tan importantes como la canción. Desde el principio entendió que el pop contemporáneo ya no se juega solo en la radio o en las listas, sino también en la estética, en la circulación digital y en la capacidad de producir un personaje legible de inmediato. Su debut la presentó como una figura radicalmente ligada a la cultura pop de los 2000: Britney Spears, Paris Hilton, Gwen Stefani, Kesha, la estética de club, el brillo sintético y la sexualidad tratada con descaro. Pero debajo de esa capa de artificio había algo más serio. Slayyyter siempre ha cantado desde una mezcla de deseo, inseguridad y resentimiento que la aproxima más a la tradición del pop dramático que a la simple provocación.

Nacida en Misuri en 1996, Slayyyter es el nombre artístico de Catherine Slater
Nacida en Misuri en 1996, Slayyyter es el nombre artístico de Catherine Slater

*WOR$T GIRL IN AMERICA* parece querer ordenar toda esa trayectoria. El título ya funciona como declaración de intenciones: una broma defensiva, una autoflagelación irónica y una forma de apropiarse del insulto antes de que lo haga el resto. El álbum toma como punto de partida su procedencia del Medio Oeste estadounidense y la sensación de haber crecido en un entorno del que había que escapar para poder convertirse en alguien. Ahí reside buena parte de su fuerza. El disco no se limita a acumular momentos de club o estribillos grandes, sino que trabaja con una idea más amplia de identidad. Slayyyter convierte su biografía en material sonoro y dramático: la chica que quiere salir de una ciudad pequeña, la aspirante a estrella que mira hacia los márgenes de la cultura, la mujer que se sabe objeto de juicio y decide responder con más volumen, más maquillaje y más ruido.

En ese sentido, el álbum representa un paso adelante en su carrera. Si trabajos anteriores como Troubled Paradise o Starfucker ya apuntaban una ambición mayor, aquí la artista parece haber encontrado un equilibrio más claro entre el golpe inmediato y la construcción de un relato. Hablar de Slayyyter es hablar de una artista hecha de referencias, pero no en el sentido menor de la palabra. Sus influencias no son un catálogo de citas, sino el material desde el que ha construido una voz. El imaginario de Britney Spears sigue siendo central: la idea de la estrella pop como figura de deseo, vulnerabilidad y control escénico. También están Kesha y Lady Gaga, aunque en una clave menos grandilocuente y más callejera. A eso se suman el hyperpop, el pop punk, el electroclash, el R&B brillante de los 2000 y una sensibilidad camp que entiende el mal gusto como una forma de inteligencia. Slayyyter no busca disimular esas filiaciones; las exhibe y las exagera. Por eso su música funciona tan bien cuando se mueve entre la euforia y la autodestrucción. En su mejor versión, cada canción parece una escena de fiesta que termina en confesión.

Definido como su álbum "más auténtico", Salyyyter asegura haberse inspirado en la música que escuchaba de joven a través de su iPod
Definido como su álbum "más auténtico", Salyyyter asegura haberse inspirado en la música que escuchaba de joven a través de su iPod

Año 1 después de ‘brat’

La aparición de Brat, de Charli XCX, cambió el clima del pop alternativo. De pronto, los códigos de la electrónica áspera, la ironía, el hedonismo y el lenguaje de club se volvieron no solo deseables, sino también culturalmente dominantes. Pero ese éxito dejó otra pregunta: ¿qué hacen ahora las artistas que venían trabajando ese territorio antes de que se volviera tendencia? La artista ha afirmado que el álbum está inspirado en sus “canciones de iPod”, una mezcla de pop, rock, punk y rap de principios de los 2000 con nombres como U2, Lady Gaga, M.I.A., Kid Cudi, Gorillaz, Ladytron, Soulwax, Sebastian o Death Grips, pero es inevitable no pensar en la cantante de Brat al ver la transición de Slayyyter hacia este sonido electrónico y descarado.

Eso sí, Slayyyter ofrece una respuesta muy distinta a la de Charli. Si Brat representa una forma de depuración estética, una especie de manifiesto afilado sobre la identidad y el presente, Slayyyter insiste en lo contrario: el desorden, la saturación, la exageración emocional. Su música no busca tanto definir una generación como retratar la ansiedad de querer pertenecer a una imagen y no acabar de conseguirlo. Por eso resulta interesante su posición actual. No parece competir con el “momento Brat”, sino explorar su reverso: donde Charli propone precisión conceptual, Slayyyter propone descontrol elegante. Donde una ordena el caos, la otra lo convierte en espectáculo.

Parte de la relevancia de *WOR$T GIRL IN AMERICA* está en que da profundidad social a un proyecto que durante años pudo parecer solo estético. El disco sugiere que la historia de Slayyyter también es la de una chica salida de un contexto donde el pop se vive como aspiración y escape, no como herencia natural. Eso introduce una capa de clase y procedencia que enriquece su personaje. La artista no se presenta como una figura inaccesible, sino como alguien que ha construido su glamour desde la incomodidad. Y ese gesto importa, porque hoy muchas estrellas pop venden autenticidad como si fuera un producto transparente, cuando en realidad el pop siempre ha sido una forma de actuación. Slayyyter entiende eso mejor que casi nadie: no pretende parecer natural, pretende parecer intensa, y en esa decisión hay más verdad que en muchas confesiones literales.

Con *WOR$T GIRL IN AMERICA*, Slayyyter consolida una identidad artística que ya no depende solo del culto digital. El álbum la sitúa en un lugar más serio dentro del pop contemporáneo, como una creadora capaz de unir fiesta, herida y personaje sin que ninguna de esas capas anule a las demás. Su mérito no es sonar “actual”; es sonar a sí misma. En un paisaje musical donde mucha música pop tiende a domesticar su rareza, Slayyyter sigue defendiendo el exceso como método. Y eso, hoy, ya no es solo una pose: es una posición artística. A la espera de lo que suceda en Coachella, parece claro que en este 2026 va a ser una de las artistas a tener en cuenta.

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