Ha sido uno de los mejores detectives, un profesor aprobando a fantasmas o un primo de campeonato. Raúl Arévalo es uno de esos rostros que forma parte por derecho propio del cine español, aunque en los últimos años no se haya prodigado todo lo que podría. Después de unos años apartados de la gran pantalla tras Voy a pasármelo bien, el madrileño ha vuelto a lo grande con un 2026 lleno de ilusionantes proyectos, que pasan por la nueva película de Rodrigo Sorogoyen (El ser querido), una serie policíaca de la mano de Isabel Peña (El castillo) o la que presenta este jueves en Movistar+ y en la que da vida nada menos a que a un secuestrador real, el que tuvo en cautivo a Enrique Castro González ‘Quini’.
“Conocía lo básico de la historia: que secuestraron a Quini tres hombres de Zaragoza, sin relación con grupos terroristas. No sabía mucho más. Profundicé a través del guion y del material en que se basa la serie. El trabajo sobre el personaje fue muy de la mano de Nacho, porque toda la historia y el modus operandi están sacados de grabaciones y sumarios policiales”, cuenta en su entrevista con Infobae Raúl Arévalo, mencionando al creador de la serie, Nacho G. Velilla (Aída) y al secuestrador real al que da vida y cuya identidad se ha mantenido en el anonimato, así como su personalidad. “El carácter de los secuestradores es inventado, ya que Nacho solo tuvo contacto con algún primo lejano, pero no con las familias directamente. Por eso es una adaptación libre en cuanto a la personalidad de esos hombres. Nacho tenía muy claro el tono y nos lo transmitió”.
En Por cien millones, Arévalo da vida al cabecilla de la “banda”, por llamarla de una manera, pues en realidad se trata de tres hombres en apuros financieros que deciden de la noche a la mañana secuestrar al futbolista español más importante en el año 81. Un año lleno de secuestros de ETA y GRAPO que llevan a estos tres pobrecillos ha decidirse por esta opción como solución a sus problemas, basándose únicamente en la cercanía y amabilidad de Quini en entrevistas. “Rodamos en el edificio real donde vivía Quini, cerca del Camp Nou. Es una zona de clase media, no es una urbanización exclusiva. Antes, en los años 80, los futbolistas vivían en barrios normales, algo que ahora ya no ocurre en equipos grandes como Madrid o Barça”, apunta Arévalo, quien explica que lo que más costó fue encontrar el tono para una serie cómica que no deja de narrar un suceso de lo más trágico y tortuoso para sus implicados.

Comedia pero sin frivolizar
“En tonos tan difíciles y particulares no queda otra que confiar en el director. Siempre debes confiar en él, pero en estos casos aún más, porque dependes totalmente de su visión. A veces nos preguntábamos cómo iba a quedar al mezclar comedia con un tema tan delicado, pero confiamos en Nacho y fuimos los tres, Vito, Gabriel y yo, a una con su propuesta“, razona Arévalo, quien no solo trabajaba por primera vez con el creador de grandes producciones como 7 vidas o Aída, sino también en la que se pone en la piel de un personaje tan complejo emocionalmente y maño declarado: “Nacho, que es de Zaragoza, quería que introdujéramos el acento maño, pero de manera selectiva. El acento es complicado y mis amigos de Zaragoza apenas lo usan, salvo en entornos muy familiares. Si hubiéramos hecho toda la serie con acento marcado, habría sonado poco natural o demasiado cómico. Por eso decidimos hablar normalmente y meter algunas muletillas en momentos puntuales”. Aun con todo, Arévalo admite las contradicciones que entrañaba la historia.
“La combinación de Quini y comedia resulta extraña. El tono de la serie es una apuesta de Nacho, pero me gusta remarcar que está basada en un hecho muy dramático y traumático. Los hijos de Quini participaron en el rodaje y en el proceso de escritura, contando cosas de su padre. Fue un gran trauma para toda la familia. Que secuestren a tu padre no tiene ninguna gracia. Por encima de todo, hay máximo respeto a la familia y homenaje a la figura de Quini", explica el actor, al que por momentos la serie presenta como casi tan empatizable como el propio Quini. “En la serie, a veces el espectador llega a empatizar con los secuestradores, que en el fondo eran unos pobres diablos. Es una comedia, pero está claro que el tema no tiene gracia. Puede que la propuesta de hacer comedia resulte curiosa o interesante, pero en ningún caso la intención ha sido frivolizar el secuestro”, recalca Arévalo.

Nunca es tarde para volver a dirigir
Arévalo ha comenzado con Por cien millones el que promete ser un gran 2026, no solo por los proyectos inmediatos sino también por el décimo aniversario de Tarde para la ira, el que fue su salto a la dirección y también su triple corona en los Goya de aquel año: Mejor dirección novel, Mejor guion original y Mejor película, por delante de títulos como Que dios nos perdone, El hombre de las mil caras o Un monstruo viene a verme. Cómo no ha hecho otra película en estos diez años es uno de esos grandes misterios que darían para otra película.
“He estado trabajando como actor, que tengo suerte de poder seguir haciéndolo porque la cosa está muy mal. Pero te tengo que reconocer que últimamente me pica el gusanillo de volver a dirigir, no tanto por el tiempo que ha pasado sino porque ahora tengo las ganas”, admite Arévalo, quien aunque en el horizonte tiene ya varios proyectos como actor, promete su retorno a la silla de dirección. “Tengo varios proyectos en mente. Estoy muy contento con lo que se viene”, concluye el mostoleño, quien ha sumado a su trayectoria un nuevo y estrambótico personaje, una delicia para un futbolero como él pero quien no olvida sus días de gloria tras las cámaras.
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