
Coronaba un sol el escenario entre banderas de todas partes de Centroamérica y Latinoamérica, aunque la que más destacaba sin lugar a dudas era la tricolor con ocho estrellas blancas. Si había habido una gran borrasca durante toda la semana en Madrid, desde luego a todo el mundo se le había olvidado al poner un pie en el Movistar Arena, que durante dos horas haría de improvisada playa para todo un festival veraniego. El de Danny Ocean.
Precedido por el show dúo venezolano 3AM, que había calentado un ambiente ya de por sí tropical y meloso cortesía de la Kiss Cam del Movistar Arena, Ocean saltó al escenario por todo lo alto. Una oleada de fuegos recibían al venezolano entre gritos en lo que sería toda una seña de identidad en la velada: sol, playa, palmeras y mucho fuego. El artificial, y el que comenzó a desplegarse por la pista desde el preciso instante en el que abrió la veda con Imagínate. "Imagínate en la playa los dos / Con ninguna tendrás que competir / Repetía todas tus notas de voz / Pero ahora, mira, te tengo aquí" le susurraba a las miles de personas que atestaban las gradas del estadio madrileño, embelesado ante aquella figura en vaqueros, camisa azul con motivos tropicales, gafas de sol y una inconfundible bandana de la que no se desharía en toda la noche.
Tras un inicio relámpago en el que encadenó sin apenas respirar Vitamina, Volare y AMOR, el compositor de Caracas se detenía al fin para dirigirse a su apasionado público, con un cariñoso saludo en forma de maldiciones en distintas expresiones -hijueputamalparidolaconchadesumadre- que daban cuenta de la confluencia latina. “Qué locura estar aquí esta noche. Gracias por estar un miércoles aquí con este frío”, decía Ocean, reconociendo que su hechizo era solo temporal y que el temporal aguardaría a la salida a sus huéspedes, pero que por delante tenían más de dos horas para entrar bien en calor. No solo eso, sino también a olvidarse de lo malo: “VINIMOS A VACILAR, A DEJAR NUESTROS PROBLEMAS ATRÁS UN RATO”, exclamaba antes de coger carrerilla de nuevo.

Bienvenidos al club Babylon
Fue el turno de temas como Swing, Detente o AyMami, uno de los más coreados de su último disco, Babylon Club, esas dos palabras mágicas para cualquier fan de Ocean. Con la ayuda de su banda -que transitaría de su clásico sonido a bajos y guitarras o incluso cajas de percusión- y de sus tropicales visuals, Ocean reforzaba esa sensación de oasis que ya enuncian sus canciones: “Tú no estás encendida, tú estás on fire (on fire) / El flow más divino de toa la playa (playa, eh)”, cantaba en la aclamada Binikini. Con Oye mi amor era su batería quien se hacía notar al tiempo que regresaba una oleada más de fuegos para seguir caldeando el ambiente. A la por entonces discreta coreografía de Ocean se sumaba un pequeño y divertido juego de cámaras durante La idea de amarte, quizá la más diferente y singular de su discografía en su acercamiento a ritmos más ochenteros y con predominio del sintetizador.
Saliendo airoso de esa Miami ochentera volvía a su senda con uno de sus grandes himnos, Ferrari, en la que irónicamente bajaba las revoluciones para ir señalizando la nueva etapa del concierto, la de las lentas para que bailen las parejas. Se confirmó la estrategia del venezolano cuando le sucedió Cuando me acerco a ti e inmediatamente Báilame, pues para entonces ya tenía a no pocas parejas incapaces de mirar a otros ojos que no fueran las de su acompañante. Bajo ese hechizo de amor el mago desaparecía sobre el escenario principal para hacerlo sobre otro preparado en la pista central del Movistar Arena, cerca de la mesa de sonido, sobre la que abriría paso a una nueva parte del concierto, marcada por Dembow y Fuera del mercado, ahora ya rodeadas y coreadas por todo el gentío.
El estallido del confeti al final de ese “Te amo demasiado, ey / Te amo demasiado, ey / Y supongo que aún estoy aprendiendo / Que mi felicidad es primero”, Ocean regresaba al escenario principal para retomar con Mónaco. No contaba de su lado con la banda LAGOS junto a la que firma la canción, pero sería una de las últimas cantadas en solitario pues se vendría una nueva parte marcada por las colaboraciones. Tras Vuelve y Besarnos de cero, Ocean volvió a juguetear con el cámara para introducir en el escenario a Elena Rose, aparición estelar y vitoreada que se consumó en el escenario con Caracas en el 2000, un tema de lo más especial para ambos artistas naturales de Venezuela. “Tengo fe de poder volver a casa, aunque sea de vacaciones. Os pido que mantengáis la fe alta”, comentaba Ocean en alusión a la situación actual de su país tras la caída de Maduro y el estado de incógnita permanente ante lo que está por venir.

Me rehúso a un último baile
El comentario político, agradecido por el mayoritario público venezolano allí presente, pronto se interrumpía por una vuelta a la felicidad cortesía de Crayola, en la cual Ocean y su inseparable cámara cedían el protagonismo precisamente a los bailes de los asistentes. Niños y ancianos, parejas y casi algo se daban la mano y sacaban los prohibidos a pasear para continuarlos con Miedito o qué?, su tema junto a una ausente Karol G, o Brisa, para la que Ocean modificaba la letra en un pequeño guiño cómplice a la ciudad que le estaba recibiendo tan calurosamente: "Porque hay sexo, playa, fuego, fire / Tamo’ en Madrid, ese plan nunca falla / Luces, estrella’, y yo una de ella’ / No me quiero ir de Madrid, si es por mí“.
Tras Pirata, también de su última publicación, emergía sobre el escenario la carismática figura de Sech, el cantante panameño junto al que cantaba Priti y con el que se deshacía en elogios mutuos. Tras despedir a su buen amigo, Ocean se tomaba la libertad de hacer su pequeña versión de Mi niña bonita, breve pero intensa, para continuar con Corazón acompañado de guitarra y cajón al más puro estilo flamenco. El final se acercaba y eso solo podía significar una cosa, el momento Me rehúso. Después de casi dos horas de espectáculo, el venezolano había agotado ya los cañones de fuego, pero no le hicieron falta para remover a todo un público ya volcado que esperaba con ahínco su tema más sonado, aquel que lleva acumulados más bailes, “wuooos” y cierres de discoteca que casi ningún otro tema de reguetón desde 2019. “Me rehúso a darte un último beso así que guárdalo...” Sus versos, tan pegadizos como proféticos, pues aún le queda otro concierto este jueves, daban fe de el milagro Ocean: que sea verano en febrero, y que Madrid por fin tenga playa.
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